Enfermedad de Coats
Resumen
La enfermedad de Coats es un problema poco frecuente de los vasos sanguíneos de la retina, la capa sensible a la luz que recubre la parte de atrás del ojo y que funciona como el «carrete» de una cámara. En esta enfermedad, algunos vasos de la retina se desarrollan de forma anómala: son más frágiles y dejan escapar líquido y grasa hacia la retina. Ese líquido se acumula, la retina se hincha y, en los casos más avanzados, puede despegarse, lo que afecta la visión. Casi siempre afecta a un solo ojo. No es contagiosa y no es un tipo de cáncer.
Datos clave
- Afecta casi siempre a un solo ojo.
- Es poco frecuente y se diagnostica sobre todo en la infancia, aunque también puede aparecer en adultos.
- No se contagia y, en la mayoría de los casos, no se hereda.
- Con detección y tratamiento tempranos, muchas personas conservan visión útil.
No, es una enfermedad poco frecuente: se ve en muy pocas personas, por eso se la considera una enfermedad rara. La mayoría de los oftalmólogos atiende pocos casos a lo largo de su carrera.
Aparece sobre todo en niños, con mayor frecuencia en varones, y suele diagnosticarse antes de los 10 años. También puede darse en adultos, pero es menos habitual, y en ellos suele avanzar más despacio.
Síntomas
- Pérdida brusca de la visión en un ojo.
- Dolor muy intenso en el ojo con enrojecimiento, náuseas o vómitos (puede indicar una presión muy alta dentro del ojo).
- Ante cualquiera de estos síntomas, llama de inmediato a los servicios de emergencia (112 en España; el número cambia según el país).
- ⚠Notar por primera vez un reflejo blanco en la pupila de un niño: conviene consultar el mismo día.
- ⚠Empeoramiento rápido de la visión en uno o en ambos ojos.
- ⚠Ojo rojo o doloroso que no mejora en 24 horas.
- ⚠Un niño que empieza a desviar un ojo o a entrecerrarlo de forma nueva.
- ⚠Ver de golpe muchas manchas o una «cortina» que tapa parte de la visión.
Síntomas comunes
- Visión borrosa o reducida en un ojo.
- En fotos con flash, a veces se ve un reflejo blanco o amarillento en la pupila.
- Un ojo que se desvía hacia dentro o hacia fuera (estrabismo).
- Manchas flotantes o sensación de ver «moscas» (en algunos casos).
- Diferencia entre lo que ve un ojo y el otro.
- En casos avanzados, dolor o enrojecimiento del ojo.
Síntomas en niños
- Reflejo blanco o amarillento en la pupila, sobre todo al hacerle fotos con flash.
- Un ojo que empieza a desviarse o a «irse» hacia un lado.
- El niño se acerca mucho a los objetos, entrecierra los ojos o se tapa un ojo para ver mejor.
- Puede no quejarse: los niños pequeños a veces no notan que ven menos con un ojo, porque el otro compensa.
Síntomas en adultos mayores
- Es poco frecuente en adultos. Cuando aparece, suele avanzar despacio.
- Visión borrosa o distorsionada en un ojo.
- Manchas flotantes nuevas o cambios en la forma de ver.
- En algunos casos, el hallazgo se produce en una revisión de rutina, antes de que la persona note nada.
Causas
Causas principales
- En la mayoría de los casos se desconoce la causa exacta.
- Se cree que hay un problema en el desarrollo de los vasos sanguíneos de la retina: en lugar de vasos normales se forman vasos anómalos, más frágiles, que gotean líquido y grasa.
- No está causada por golpes, por el uso de pantallas, por la alimentación ni por algo que la familia haya hecho o dejado de hacer.
- No es un tumor ni se convierte en cáncer.
Factores de riesgo
- Ser niño, y con más frecuencia varón: la mayoría de los casos se diagnostican en la infancia.
- Edad temprana: suele aparecer en la primera década de la vida.
- En muy pocos casos se asocia a otros trastornos genéticos poco frecuentes que afectan también a otros órganos.
- No fumar ni el estilo de vida no causan esta enfermedad, pero cuidar la salud general siempre ayuda al bienestar del ojo.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si aparece un reflejo blanco en la pupila de un niño, aunque solo se vea en una foto.
- Si la visión de un ojo empeora de forma rápida.
- Si hay dolor, enrojecimiento o sensibilidad a la luz que no cede.
- Si un niño empieza a desviar un ojo o a taparse uno para ver.
Programe una cita de rutina si:
- Si notas que un ojo ve menos que el otro o que el niño se acerca mucho a la televisión o a los libros.
- Revisión ocular infantil en los controles habituales del pediatra.
- En adultos, revisión oftalmológica periódica según la edad y los antecedentes.
- Si hay antecedentes familiares de enfermedades de la retina, comentarlo con el especialista.
Diagnóstico
El diagnóstico lo hace un oftalmólogo, el médico especialista en ojos. Primero examina el fondo del ojo con la pupila dilatada (agrandada con gotas): en esa revisión suele verse el patrón característico de vasos anómalos y las zonas con líquido. Si hay dudas, se piden pruebas adicionales para confirmar el diagnóstico y descartar otras enfermedades que pueden parecerse.
Pruebas que se pueden realizar
- Examen del fondo de ojo con gotas para dilatar la pupila.
- Fotografías del fondo de ojo para comparar la evolución con el tiempo.
- Angiografía fluoresceínica: se administra un contraste y se toman fotos para ver cómo circula la sangre por la retina y dónde hay fugas.
- Tomografía de coherencia óptica (OCT): una imagen especial que muestra las capas de la retina y el líquido acumulado.
- Ecografía ocular: usa ondas de sonido y es útil cuando no se puede ver bien el fondo del ojo.
- Medición de la presión dentro del ojo.
- En algunos casos, pruebas de imagen (como resonancia o tomografía) para descartar otras enfermedades, y revisión de la presión arterial.
Qué esperar en su cita
Las pruebas suelen ser indoloras. Las gotas para dilatar la pupila pueden picar un poco y dejan la visión borrosa y los ojos sensibles a la luz durante unas horas, así que conviene llevar gafas de sol y, si es posible, ir acompañado. Los resultados permiten al especialista decidir qué seguimiento o tratamiento hace falta y con qué frecuencia revisar.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento es conservar la mayor visión posible y evitar que la retina se despegue o que el ojo desarrolle complicaciones. No todos los casos necesitan tratamiento inmediato: los casos leves a veces solo se vigilan con revisiones. La decisión depende de la edad, de la extensión de la enfermedad, de la zona afectada y de la visión que haya.
Autocuidado en el hogar
- Acudir a todas las revisiones con el oftalmólogo, aunque la visión parezca estable.
- Usar las gafas o el parche si el especialista los ha indicado, siguiendo sus instrucciones.
- Observar la visión del niño en casa: si se acerca mucho, entrecierra los ojos o se tapa un ojo, comentarlo con el médico.
- Proteger los ojos del sol con gafas adecuadas cuando se recomiende.
- Si aparece dolor, enrojecimiento o un cambio brusco de visión, buscar atención médica sin esperar a la próxima cita.
Tratamientos médicos
No existe una pastilla ni un jarabe que cure la enfermedad de Coats. Los tratamientos actúan directamente sobre el ojo y buscan sellar o frenar los vasos anómalos que pierden líquido. Las opciones incluyen: aplicar láser sobre las zonas afectadas para cerrar los vasos que gotean; la crioterapia, que utiliza frío con el mismo objetivo; inyecciones dentro del ojo con medicamentos que reducen la fuga de líquido y la formación de vasos anómalos; y, si hay presión alta en el ojo o inflamación, medicamentos indicados y controlados por el especialista. En los niños también se trata la ambliopía (el llamado «ojo vago»), por ejemplo con parches o gafas, para que el ojo afectado siga desarrollándose. El oftalmólogo elegirá qué opción o combinación conviene en cada caso y con qué frecuencia repetirla.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía se plantea cuando hay un desprendimiento de retina, sangrado o complicaciones que no se controlan con otros tratamientos. También puede ser necesaria para drenar líquido o aliviar la presión dentro del ojo. En casos muy avanzados, con un ojo que ha perdido la visión y duele, se puede valorar una cirugía para aliviar el dolor. El especialista explicará los beneficios y los riesgos de cada opción antes de decidir.
Vivir con esta afección
La mayoría de los niños con enfermedad de Coats hacen una vida normal: van al colegio, juegan y practican deporte. Puede que necesiten gafas, un parche o adaptaciones sencillas en clase, como sentarse cerca de la pizarra o usar materiales con letra grande. Las revisiones forman parte de la rutina, así que ayuda tenerlas apuntadas en el calendario y organizar el transporte con antelación.
Consejos de estilo de vida
- Mantener buena iluminación en casa y en el colegio para leer y estudiar.
- Avisar a los profesores si el niño ve menos con un ojo, para que lo tengan en cuenta en clase y en el patio.
- Evitar el humo del tabaco en el entorno del niño; en adultos, no fumar.
- Proteger los ojos del sol y de golpes con gafas adecuadas cuando se recomiende.
- Mantener el control de la presión arterial si el médico lo ha indicado.
Dieta y ejercicio
No hay una dieta especial para la enfermedad de Coats. Lo que ayuda es una alimentación variada y equilibrada, como la de cualquier niño o adulto, y actividad física regular. El deporte suele estar permitido; conviene preguntar al oftalmólogo si hay alguna actividad que sea mejor evitar según el estado del ojo.
Salud mental y bienestar emocional
Recibir el diagnóstico de una enfermedad poco frecuente puede generar preocupación, miedo e incertidumbre en toda la familia, y eso es normal. Los niños también pueden sentirse distintos si necesitan parche, gafas o revisiones frecuentes. Hablar de lo que se siente, buscar información en fuentes fiables y compartir experiencias con otras familias ayuda mucho. Si la ansiedad o la tristeza se mantienen o afectan la vida diaria, busca apoyo psicológico; pedir ayuda es un acto de cuidado, no de debilidad. Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño, busca ayuda urgente: en España puedes llamar al 112 y, en otros países, a los servicios de emergencia locales o a una línea de apoyo emocional de tu zona.
Prevención
No se conoce una forma de prevenir la enfermedad de Coats, porque no depende de hábitos ni de cuidados que podamos cambiar. Lo que sí está en nuestra mano es detectarla pronto: revisar la visión de los niños y consultar ante cualquier señal de alarma mejora mucho las posibilidades de conservar visión útil.
Programas de detección
Las revisiones oculares infantiles son la mejor herramienta. El pediatra suele revisar el reflejo rojo de la pupila en los controles del bebé, y conviene pedir una revisión oftalmológica si en las fotos aparece un reflejo blanco, si un ojo se desvía o si hay antecedentes familiares de problemas de retina. En adultos, una revisión ocular periódica según la edad y los factores de riesgo también ayuda a detectar problemas a tiempo.
Complicaciones
Si no se trata
- Acumulación de líquido y grasa que daña la zona central de la retina y la visión fina.
- Desprendimiento de retina.
- Presión alta dentro del ojo (glaucoma).
- Cataratas.
- Pérdida parcial o total de la visión en el ojo afectado.
- Ambliopía («ojo vago») en los niños, si el ojo afectado no se usa lo suficiente.
- En casos muy avanzados, el ojo puede encogerse y perder la capacidad de ver.
Pronóstico a largo plazo
El pronóstico varía mucho de una persona a otra. Con detección temprana y seguimiento, muchos niños conservan visión útil en el ojo afectado, aunque a veces hacen falta varios tratamientos y las revisiones continúan durante años. Algunos casos avanzados pierden parte de la visión, pero incluso entonces existen opciones para proteger el ojo y mantener la calidad de vida. Cada caso es distinto: el oftalmólogo puede orientar sobre el pronóstico concreto y resolver las dudas.
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Última actualización: 22 de octubre de 2026
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