Defiéndete de la diverticulitis
Resumen
La diverticulitis es una inflamación o infección de los divertículos. Los divertículos son unas pequeñas bolsas o «saquitos» que se forman en la pared del intestino grueso (el colon, la parte final del intestino). Muchas personas tienen estos saquitos sin saberlo y sin ningún problema: eso se llama diverticulosis. Pero cuando uno o varios de esos saquitos se inflaman o se infectan, aparece la diverticulitis, que sí puede causar dolor y otros síntomas.
Datos clave
- Tener divertículos (diverticulosis) es muy frecuente y la mayoría de las personas nunca llega a tener diverticulitis.
- El síntoma más habitual es dolor en la parte baja del abdomen, muchas veces del lado izquierdo, junto con fiebre o malestar.
- La mayoría de los casos son leves y mejoran con reposo, control médico y una alimentación adecuada; algunos casos necesitan atención en el hospital.
Sí, es bastante común. Los divertículos aparecen sobre todo a partir de los 50 años, y se calcula que muchas personas mayores los tienen. La buena noticia es que solo una pequeña parte de ellas tendrá alguna vez un episodio de diverticulitis.
Puede afectar a cualquier persona, pero es más frecuente en adultos mayores de 50 años, en personas con sobrepeso, en quienes fuman, en quienes comen poca fibra y en quienes llevan una vida muy sedentaria. También puede aparecer en personas más jóvenes, aunque es menos habitual.
Síntomas
- Dolor abdominal muy intenso, constante o que empeora rápidamente.
- Abdomen duro, hinchado y muy doloroso al tocarlo.
- Fiebre alta con escalofríos, pulso muy rápido, piel fría o sudorosa, o sensación de desmayo (pueden ser signos de una infección grave).
- Vómitos con sangre o heces con sangre abundante o negras.
- Desmayo, confusión repentina o dificultad para respirar.
- ⚠Fiebre que no baja con las medidas habituales.
- ⚠Dolor abdominal que te impide comer, beber o descansar.
- ⚠Vómitos que no te dejan beber líquidos.
- ⚠Molestias al orinar junto con dolor abdominal.
- ⚠Empeoramiento de los síntomas en menos de 24-48 horas.
Síntomas comunes
- Dolor o sensibilidad en la parte baja del abdomen, con frecuencia del lado izquierdo; a veces empeora al moverse o al tocar la zona.
- Fiebre o sensación de calor y escalofríos.
- Náuseas, malestar general o pérdida de apetito.
- Estreñimiento o, al contrario, diarrea.
- Gases, hinchazón y retortijones.
- Necesidad frecuente de orinar o molestias al orinar, en algunos casos.
Síntomas en niños
- Es poco frecuente en la infancia, pero puede ocurrir, sobre todo en niños con obesidad o con algunas enfermedades hereditarias.
- Los síntomas pueden ser poco claros: dolor de barriga difuso, fiebre, vómitos o falta de apetito.
- Ante dolor abdominal que no mejora o va a más, conviene consultar cuanto antes con un profesional de salud.
Síntomas en adultos mayores
- Los síntomas pueden ser más leves o atípicos: a veces hay poco dolor y la fiebre es escasa o no aparece.
- Puede haber confusión, cansancio intenso o descompensación de otras enfermedades.
- El riesgo de complicaciones es algo mayor, así que conviene consultar pronto ante cualquier cambio brusco.
Causas
Causas principales
- La diverticulitis aparece cuando uno o varios divertículos se inflaman o se infectan, a menudo porque se acumulan pequeñas cantidades de heces y bacterias dentro de ellos.
- No se debe a comer semillas, frutos secos ni palomitas: esa idea antigua ya se ha descartado en los estudios.
- La presión dentro del intestino, relacionada con el estreñimiento y una dieta pobre en fibra, influye en que se formen los divertículos.
Factores de riesgo
- Edad avanzada: los divertículos son más frecuentes con los años.
- Dieta baja en fibra y poca ingesta de agua.
- Sobrepeso u obesidad.
- Vida sedentaria y falta de actividad física.
- Tabaquismo.
- Antecedentes familiares de diverticulosis o diverticulitis.
- Uso frecuente de algunos medicamentos: si te preocupa, pregunta a tu médico o a tu farmacéutico.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Dolor abdominal fuerte que no cede o que va en aumento.
- Fiebre con escalofríos y malestar general marcado.
- Vómitos repetidos o imposibilidad de beber líquidos.
- Sangre en las heces o heces negras.
- Empeoramiento rápido en pocas horas, sobre todo en personas mayores o con otras enfermedades.
Programe una cita de rutina si:
- Episodios de dolor abdominal que aparecen y desaparecen sin explicación clara.
- Cambios en el ritmo intestinal que duran varias semanas.
- Hinchazón o gases molestos que no mejoran con cambios en la alimentación.
- Antecedentes de diverticulitis y dudas sobre qué comer o cómo prevenirlo.
Diagnóstico
El diagnóstico empieza por una conversación sobre tus síntomas y una exploración física en la que el profesional palpa tu abdomen. Con eso, muchas veces ya se puede orientar el caso. Después se suelen pedir análisis de sangre y, según la situación, alguna prueba de imagen. Es importante saber que la prueba que mira el interior del colon (colonoscopia) no se hace durante un episodio agudo, sino más adelante, cuando la inflamación ha bajado.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre para ver signos de inflamación o infección.
- Análisis de orina, para descartar otras causas de dolor.
- Ecografía abdominal, una prueba indolora que usa sonido para ver el abdomen.
- Tomografía computarizada (TAC), que da imágenes detalladas y ayuda a ver complicaciones.
- Colonoscopia más adelante, si es necesario, para revisar el interior del colon cuando ya no hay inflamación.
Qué esperar en su cita
Las pruebas suelen ser rápidas y no duelen. Algunas, como la TAC, requieren estar quieto unos minutos. Pregunta todo lo que necesites: para qué sirve cada prueba, cuánto dura y cuándo tendrás los resultados. Entender el proceso ayuda a estar más tranquilo.
Tratamiento
El tratamiento depende de lo intenso que sea el episodio. Los casos leves se pueden manejar en casa con reposo, control médico cercano y una alimentación adaptada durante unos días. Los casos más intensos, o los que aparecen en personas mayores o con otras enfermedades, pueden necesitar observación en el hospital y sueroterapia (líquidos por vía intravenosa).
Autocuidado en el hogar
- Descansa y evita esfuerzos físicos intensos mientras te recuperas.
- Bebe suficientes líquidos, a sorbos pequeños y con frecuencia.
- Sigue las indicaciones de tu profesional de salud sobre qué comer: al principio puede recomendarse una dieta blanda o líquida, y después se reintroduce la fibra poco a poco.
- No tomes medicamentos por tu cuenta, ni siquiera los que usas habitualmente para el dolor: consulta antes con tu médico o farmacéutico.
- Anota cómo evolucionan tus síntomas y la fiebre, para poder explicarlo en la consulta.
- Acude al control de seguimiento aunque te sientas mejor.
Tratamientos médicos
El equipo de salud valora si hay infección y decide si es necesario tratar con antibióticos, siempre según cada caso; no todos los episodios los necesitan. También puede indicar líquidos por vía intravenosa, control del dolor con medicamentos pautados por el profesional y observación para vigilar que no aparezcan complicaciones. En casos con complicaciones (por ejemplo, una colección de pus) pueden realizarse procedimientos para drenarla. Todo esto se decide de forma individual: pregunta siempre a tu médico qué opciones son las tuyas y por qué.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía se considera en situaciones concretas: cuando hay complicaciones graves, cuando los episodios se repiten con mucha frecuencia y afectan a la vida diaria, o cuando el tratamiento no consigue controlar el problema. No es la opción habitual y se decide siempre valorando riesgos y beneficios con el equipo médico.
Vivir con esta afección
Después de un episodio, la mayoría de las personas vuelve a su vida normal en pocos días o semanas. Los primeros días conviene ir despacio, comer de forma sencilla y reintroducir los alimentos poco a poco, prestando atención a cómo te sientas. Tener divertículos no te impide viajar, trabajar ni hacer tu vida habitual.
Consejos de estilo de vida
- Come fibra de forma progresiva y constante: verduras, frutas, legumbres y cereales integrales.
- Bebe agua suficiente a lo largo del día; la fibra funciona mejor con buena hidratación.
- Mantén una actividad física regular y adaptada a ti, como caminar.
- Si fumas, pide ayuda para dejarlo: es una de las medidas con más beneficio.
- Evita el estreñimiento, que aumenta la presión en el intestino.
- Ve a tus controles y consulta pronto si notas síntomas parecidos a los de un episodio anterior.
Dieta y ejercicio
Una alimentación rica en fibra y con suficiente agua ayuda a que las heces sean más blandas y el intestino trabaje con menos esfuerzo. Aumenta la fibra poco a poco para evitar gases, y bebe más a medida que la aumentas. No hace falta eliminar semillas, frutos secos ni palomitas: no se ha demostrado que causen diverticulitis. El ejercicio suave y regular, como caminar 30 minutos varios días a la semana, también contribuye a un buen tránsito intestinal y a un peso saludable.
Salud mental y bienestar emocional
Es normal sentir preocupación o ansiedad después de un episodio de dolor, sobre todo si no sabes qué esperar. También puede pasar que tengas miedo a comer ciertos alimentos o a que vuelva el dolor. Hablar de lo que sientes con tu médico, con tu familia o con un profesional de salud mental ayuda mucho. Si en algún momento te sientes desbordado o piensas en hacerte daño, busca ayuda de inmediato: en España puedes llamar al 112, y en tu país existe un número de emergencias y líneas de apoyo psicológico; pregunta en tu centro de salud o en tu servicio sanitario local.
Prevención
No siempre se puede prevenir, pero hay medidas que reducen las probabilidades de tener divertículos y de sufrir episodios. Las más importantes son una alimentación rica en fibra, beber suficiente agua, moverse con regularidad, mantener un peso saludable y no fumar. Si ya has tenido diverticulitis, estas mismas medidas ayudan a cuidar tu intestino.
Vacunas
No existe una vacuna contra la diverticulitis. Aprovecha cualquier visita al médico para revisar que tus vacunas habituales estén al día según tu edad y tu país.
Programas de detección
No hay una prueba de cribado específica para la diverticulitis. Los divertículos suelen descubrirse por casualidad en pruebas hechas por otros motivos. Si tienes antecedentes familiares o síntomas digestivos persistentes, coméntalo con tu médico para valorar qué hacer.
Complicaciones
Si no se trata
- Absceso: una acumulación de pus en la zona inflamada, que puede necesitar drenaje.
- Perforación: un pequeño orificio en la pared del intestino, que es una urgencia médica.
- Fístula: una conexión anómala entre el intestino y otro órgano cercano, como la vejiga.
- Estrechamiento del intestino (estenosis), que puede dificultar el paso de las heces.
- Sangrado en el intestino, que puede aparecer en las heces.
Pronóstico a largo plazo
La mayoría de las personas se recupera bien de un episodio de diverticulitis y vuelve a su vida habitual. Muchas no vuelven a tener otro, y las que sí lo tienen suelen manejarlo con seguimiento médico. Con hábitos saludables y controles cuando corresponda, el pronóstico es bueno. Si tienes dudas o miedo, habla con tu equipo de salud: entender tu caso concreto es la mejor manera de vivir con tranquilidad.
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Fuentes y orientación
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Última actualización: 22 de octubre de 2026
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