Diverticulosis y diverticulitis
Resumen
Los divertículos son unas pequeñas bolsas o sacos que se forman en la pared del intestino grueso (el colon, la parte final del tubo digestivo). La diverticulosis significa simplemente tener estas bolsitas. Muchas personas las tienen y nunca sienten nada. La diverticulitis es algo distinto: ocurre cuando una de esas bolsas se inflama o se infecta, y entonces sí aparecen síntomas como dolor de barriga, fiebre o malestar general. Es importante saber que tener divertículos no significa que vayas a tener diverticulitis: la mayoría de las personas con diverticulosis nunca llega a tener una inflamación.
Datos clave
- La diverticulosis es muy frecuente, sobre todo a partir de los 50 años, y casi siempre no da síntomas.
- La diverticulitis es la inflamación o infección de uno de esos saquitos y suele causar dolor, a menudo en la parte izquierda baja del abdomen.
- La mayoría de los casos de diverticulitis son leves y mejoran con tratamiento y descanso, pero el dolor fuerte o la fiebre alta deben valorarse cuanto antes por un profesional de salud.
Sí, es muy común. Se calcula que una gran parte de las personas mayores de 60 años tiene divertículos, aunque muchas no lo saben porque no causan molestias. Solo una pequeña parte de ellas desarrollará una diverticulitis.
Aparece con más frecuencia a medida que cumplimos años, sobre todo después de los 40 o 50. También es más habitual en personas con estreñimiento crónico, con una alimentación pobre en fibra, con obesidad, que fuman o que hacen poca actividad física. Puede afectar tanto a hombres como a mujeres.
Síntomas
- Dolor abdominal muy intenso, repentino o que no te deja moverte ni estar quieto.
- Abdomen duro, hinchado y muy doloroso al tocarlo, incluso suavemente.
- Fiebre alta con escalofríos fuertes o sensación de estar muy grave.
- Vómitos que no te dejan beber nada o que son persistentes.
- Sangre abundante en las heces o heces negras y pegajosas.
- Mareo intenso, desmayo, palidez, sudor frío, confusión o dificultad para respirar.
- ⚠Dolor abdominal que va en aumento o que te despierta por la noche.
- ⚠Fiebre, aunque no sea muy alta, junto con dolor de barriga.
- ⚠Cambio en el ritmo intestinal que dura varios días y se acompaña de malestar.
- ⚠Sangrado rectal en pequeña cantidad o manchas de sangre en el papel higiénico.
- ⚠No poder comer ni beber bien durante más de un día por dolor o náuseas.
Síntomas comunes
- La diverticulosis casi nunca da síntomas; la mayoría de las veces se descubre por casualidad en una prueba hecha por otro motivo.
- En la diverticulitis: dolor en la parte baja del abdomen, muchas veces del lado izquierdo.
- Sensibilidad al tocar la barriga o dolor al moverse, toser o hacer presión.
- Fiebre, escalofríos o sensación de malestar general.
- Náuseas, vómitos o falta de apetito.
- Cambios en el ritmo intestinal: estreñimiento o diarrea, gases y hinchazón.
Síntomas en niños
- Es poco frecuente en la infancia, pero puede ocurrir.
- Los niños pueden referir dolor abdominal, fiebre y malestar general, sin poder explicar bien dónde les duele.
- En niños con dolor abdominal y fiebre conviene consultar pronto con un profesional de salud, porque hay muchas otras causas posibles.
Síntomas en adultos mayores
- Los síntomas pueden ser más leves o menos típicos, por ejemplo solo cansancio, desorientación o falta de apetito.
- El dolor puede notarse menos, aunque la inflamación sea importante.
- Hay mayor riesgo de complicaciones, por lo que conviene consultar antes y no esperar a que los síntomas empeoren.
- La deshidratación es un riesgo añadido si hay vómitos o diarrea, sobre todo en personas mayores.
Causas
Causas principales
- Con el tiempo, la presión dentro del intestino grueso puede empujar la pared interna y formar pequeñas bolsas hacia fuera.
- El estreñimiento crónico y el esfuerzo al ir al baño aumentan esa presión.
- Una alimentación con poca fibra y pocos líquidos se relaciona con más estreñimiento y, por tanto, con más riesgo de divertículos.
- En la diverticulitis, una de esas bolsas se irrita o se inflama; a veces se acumulan restos y bacterias dentro de ella, o se produce una pequeña lesión en la pared.
Factores de riesgo
- Tener más de 40 o 50 años.
- Dieta baja en fibra y poca ingesta de agua.
- Estreñimiento de larga duración.
- Obesidad o exceso de grasa abdominal.
- Fumar.
- Falta de actividad física habitual.
- Antecedentes familiares de diverticulosis.
- Uso prolongado de algunos medicamentos: comenta con tu profesional de salud o tu farmacéutico si esto puede influir en tu caso.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Dolor abdominal fuerte que aparece de repente o que va empeorando en horas.
- Fiebre con dolor de barriga.
- Sangre en las heces o heces negras.
- Vómitos que no te dejan beber o signos de deshidratación (boca muy seca, orina escasa, mareo al levantarse).
Programe una cita de rutina si:
- Episodios repetidos de dolor abdominal o cambios en el ritmo intestinal.
- Hinchazón, gases o estreñimiento que se mantienen en el tiempo.
- Antecedentes familiares de problemas del colon y quieres saber qué revisiones te corresponden.
- Dudas sobre qué comer o cómo mejorar tu tránsito intestinal.
Diagnóstico
El profesional de salud empieza escuchando tus síntomas y explorando tu abdomen con las manos. Con esa información decide si necesita pruebas. La diverticulosis muchas veces se descubre por casualidad en una prueba hecha por otro motivo. La diverticulitis se sospecha por el dolor y la fiebre, y se confirma con análisis y, a menudo, con una imagen del abdomen.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre para ver si hay signos de infección o inflamación.
- Análisis de orina para descartar otros problemas.
- Ecografía abdominal o tomografía computarizada (TAC): imágenes que muestran el intestino y permiten ver si hay inflamación, abscesos (acúmulos de pus) u otras complicaciones.
- En algunos casos, una colonoscopia (prueba con una cámara fina que mira el interior del colon) para estudiar el intestino, aunque no se suele hacer durante un episodio agudo de dolor.
- Pruebas en las heces si el médico quiere descartar infecciones.
Qué esperar en su cita
Las pruebas suelen ser rápidas y no duelen. Si te hacen una tomografía, te pedirán que estés quieto unos minutos. Si te hacen una colonoscopia, te darán instrucciones para preparar el intestino el día anterior y te explicarán cómo será la sedación. Pregunta todo lo que necesites: es normal tener dudas y el equipo sanitario está para ayudarte.
Tratamiento
El tratamiento depende de si se trata de diverticulosis (sin inflamación) o de diverticulitis, y de si el episodio es leve o más serio. La mayoría de las personas con diverticulosis no necesita tratamiento, solo cuidar la alimentación y el tránsito intestinal. La diverticulitis leve suele manejarse en casa con reposo, líquidos y control médico; los casos más serios pueden requerir ingreso hospitalario.
Autocuidado en el hogar
- Descansa y evita esfuerzos mientras tengas dolor o fiebre.
- Bebe suficiente agua para mantenerte bien hidratado, sobre todo si tienes diarrea o fiebre.
- Sigue las indicaciones de tu profesional de salud sobre qué comer durante el episodio: al principio puede recomendarte comidas suaves y ligeras, y después volver poco a poco a una dieta con fibra.
- No te automediques con laxantes ni antidiarreicos sin consultarlo.
- Anota tus síntomas y su evolución para poder explicarlos mejor en la consulta.
- Evita el tabaco y limita el alcohol.
Tratamientos médicos
El profesional de salud valorará tu caso y decidirá el mejor enfoque. En episodios leves puede bastar con control, reposo, líquidos y una dieta adaptada. Si sospecha una infección, puede indicar un tratamiento con antibióticos: solo un profesional puede decidir si los necesitas, cuáles y durante cuánto tiempo. Si el dolor es fuerte, puede recomendar analgésicos adecuados para ti. En casos con fiebre alta, dolor intenso o complicaciones, puede ser necesario el ingreso en el hospital para observación, líquidos por vía intravenosa y tratamiento. Nunca tomes medicamentos que te hayan sobrado de otra vez ni los de otra persona.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía no es habitual y se reserva para situaciones concretas: complicaciones como un absceso que no mejora, una perforación del intestino, una obstrucción, sangrado importante que no se detiene, o episodios repetidos de diverticulitis que afectan mucho tu calidad de vida. Tu equipo médico valorará contigo los beneficios y los riesgos antes de tomar cualquier decisión.
Vivir con esta afección
La mayoría de las personas con diverticulosis hacen vida normal, sin limitaciones. Si has tenido diverticulitis, es posible que al principio tengas más cuidado con las comidas y algo de miedo a que vuelva el dolor. Poco a poco se recupera la rutina. Lo más útil es mantener una alimentación rica en fibra, beber agua, moverse cada día y acudir a las revisiones.
Consejos de estilo de vida
- Aumenta la fibra poco a poco: verduras, frutas, legumbres y cereales integrales.
- Bebe más agua cuando aumentes la fibra, para evitar gases y estreñimiento.
- Intenta ir al baño sin prisas y sin hacer mucha fuerza; un hábito regular ayuda.
- Muévete a diario: caminar, nadar o bailar son buenas opciones.
- Mantén un peso saludable.
- Si fumas, busca apoyo para dejarlo.
- Duerme bien y controla el estrés: el intestino nota mucho el nerviosismo.
Dieta y ejercicio
La fibra es la base: suaviza las heces y reduce la presión dentro del colon. Añádela gradualmente durante algunas semanas para que tu cuerpo se adapte, y acompáñala de agua suficiente. Durante un episodio de dolor, tu profesional puede recomendarte bajar temporalmente la fibra y luego reintroducirla. El ejercicio moderado y regular, como caminar 30 minutos varios días a la semana, ayuda al tránsito intestinal y al bienestar general. No hace falta hacer deporte intenso: lo importante es la constancia.
Salud mental y bienestar emocional
Es normal sentir preocupación o ansiedad después de un episodio de dolor, o pensar en cada comida si te sentará bien. También puede haber vergüenza al hablar de temas del baño. Hablar de ello con tu médico, con tu familia o con personas que han pasado por lo mismo ayuda mucho. Si la ansiedad o el desánimo te acompañan durante semanas, coméntalo con un profesional de salud mental. Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño, busca ayuda urgente: en España puedes llamar al 112 y también existe la línea de atención a la conducta suicida 024; en otros países, acude a tu servicio de emergencias o a un centro de salud.
Prevención
No siempre se puede evitar, sobre todo porque la edad influye. Pero sí puedes reducir el riesgo de estreñimiento y de episodios molestos cuidando la alimentación rica en fibra, bebiendo suficiente agua, moviéndote a diario, evitando el tabaco y manteniendo un peso saludable. Si ya has tenido diverticulitis, estos hábitos también ayudan a cuidar tu intestino.
Vacunas
No existe una vacuna específica contra la diverticulosis ni la diverticulitis. Sí conviene tener al día las vacunas recomendadas para tu edad y situación de salud; pregunta en tu centro de salud o a tu farmacéutico.
Programas de detección
La diverticulosis no tiene un programa de cribado propio; muchas veces se ve por casualidad en pruebas hechas por otros motivos. Lo que sí existe es el cribado del cáncer colorrectal, recomendado a partir de cierta edad según el país. Pregunta a tu profesional de salud cuándo te corresponde y qué prueba se usa en tu zona.
Complicaciones
Si no se trata
- Un absceso: un acúmulo de pus junto al intestino que puede necesitar drenaje.
- Una perforación: un pequeño orificio en el intestino que requiere atención urgente.
- Una obstrucción: el intestino se estrecha y el contenido no pasa bien, causando dolor, hinchazón y vómitos.
- Sangrado en el intestino, que puede aparecer en las heces.
- Una fístula: una conexión anómala entre el intestino y otro órgano, poco frecuente.
- Infección generalizada (sepsis), en casos graves y no tratados.
Pronóstico a largo plazo
La mayoría de las personas con diverticulosis vive sin síntomas y sin complicaciones. Y la mayoría de los episodios de diverticulitis son leves y se recuperan bien con atención médica. Tener divertículos no significa que vayas a tener problemas graves: con hábitos saludables y revisiones cuando tocan, la vida sigue con normalidad. Si has tenido un episodio, tu equipo de salud te ayudará a prevenir y a saber cuándo consultar.
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Fuentes y orientación
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Última actualización: 23 de octubre de 2026
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