Epilepsia y el envejecimiento: qué necesita saber
Resumen
La epilepsia es una afección del cerebro que hace que una persona tenga crisis (también llamadas convulsiones) repetidas. Una crisis es una descarga repentina y anormal de actividad eléctrica en el cerebro. No todas las crisis se ven igual: algunas son caídas con temblores en todo el cuerpo, pero muchas otras son solo unos segundos de confusión, mirada perdida o movimientos raros en la boca o en las manos. La epilepsia puede aparecer a cualquier edad, incluso en personas mayores que nunca antes habían tenido una crisis.
Datos clave
- Epilepsia no es lo mismo que tener una sola crisis: se habla de epilepsia cuando las crisis se repiten o cuando existe una tendencia clara a tenerlas.
- En las personas mayores las crisis suelen ser más sutiles y es fácil confundirlas con despistes, mareos o problemas de memoria.
- Con el tratamiento adecuado, la mayoría de las personas mayores con epilepsia puede controlar bien las crisis y seguir con su vida con autonomía.
Es una de las afecciones neurológicas más frecuentes. Y hay un dato importante: en muchos países aparecen más casos nuevos en personas mayores de 60 años que en adultos jóvenes. Bastantes personas tienen su primera crisis después de los 65.
Puede afectar a cualquier persona, a cualquier edad. En las personas mayores aparece a menudo después de un derrame cerebral (ictus), de un golpe en la cabeza o junto con problemas de memoria. También es más frecuente en quien tiene la presión alta, diabetes o problemas del corazón.
Síntomas
- Una crisis que dura más de 5 minutos.
- Crisis repetidas, una tras otra, sin que la persona recupere la conciencia entre ellas.
- Dificultad para respirar, o que la persona no vuelva en sí después de la crisis.
- Una crisis que ocurre en el agua, en una escalera o en un lugar peligroso.
- Una crisis con lesión, golpe fuerte en la cabeza o quemadura.
- Una crisis en una persona con diabetes, con fiebre alta o que está embarazada.
- ⚠Una primera crisis en la vida, aunque haya sido breve y ya haya pasado.
- ⚠Un cambio en el tipo de crisis, o crisis más seguidas o más intensas que antes.
- ⚠Somnolencia, mareos, torpeza o confusión nuevos después de empezar o cambiar un tratamiento.
- ⚠No poder tomar el medicamento por vómitos o diarrea, o por olvidos repetidos.
- ⚠Una caída con golpe en la cabeza, aunque la persona parezca estar bien.
Síntomas comunes
- Episodios breves de confusión o de “desconexión”, como si la persona se quedara en blanco unos segundos.
- Mirada perdida, parpadeo rápido o dejar de responder mientras se le habla.
- Movimientos raros de la boca, como masticar o chasquear los labios.
- Sacudidas en un brazo, una pierna o la cara.
- Sensaciones extrañas: oler o saborear algo que no existe, hormigueos, mareo o la sensación de que “algo va a pasar”.
- Caídas sin explicación, a veces sin ningún temblor.
- Después de la crisis: mucho cansancio, sueño, confusión, dolor de cabeza o no recordar lo ocurrido.
- A veces la persona se muerde la lengua, se hace pipí sin querer o queda muy dormida después.
Síntomas en niños
- Aunque este artículo se centra en las personas mayores, en la infancia también existe epilepsia.
- En los niños las crisis pueden confundirse con “momentos de distracción” en la escuela, con terrores nocturnos o con crisis por fiebre (convulsiones febriles).
- Cualquier sospecha en un niño debe valorarla un profesional de salud.
Síntomas en adultos mayores
- Crisis tan sutiles que se confunden con despistes, mareos o pérdida de memoria.
- Episodios de confusión que duran minutos u horas y que a veces se confunden con demencia o con un pequeño derrame.
- Caídas repetidas sin causa clara o “ausencias” de pocos segundos.
- Desorientación al despertar, sobre todo si hay crisis durante la noche.
- Morderse la lengua mientras duerme, o encontrar la cama mojada sin explicación.
- Sensaciones raras que la persona no sabe describir, o ratos en blanco de los que no recuerda nada.
- Cambios de comportamiento o de ánimo que la familia nota pero no sabe explicar.
Causas
Causas principales
- Derrame cerebral (ictus): es la causa más frecuente de epilepsia que empieza en la edad adulta mayor.
- Cambios en el cerebro por enfermedades de la memoria, como el Alzheimer.
- Golpes en la cabeza, incluso los que ocurrieron hace muchos años.
- Tumores cerebrales, tanto benignos como malignos.
- Infecciones del cerebro o de las meninges.
- Falta de oxígeno en el cerebro, o problemas del corazón y de los vasos sanguíneos.
- Causas genéticas: en algunas familias hay más tendencia a tener crisis.
- Muchas veces no se encuentra una causa concreta, y eso no significa que no se pueda tratar.
Factores de riesgo
- Tener más de 60 años.
- Haber tenido un derrame cerebral o un “mini-derrame” (accidente isquémico transitorio).
- Presión arterial alta, colesterol alto, diabetes o problemas del corazón.
- Problemas de memoria o demencia.
- Golpes en la cabeza, sobre todo los que hicieron perder el conocimiento.
- Consumo alto de alcohol, o dejar de beber de golpe después de consumir mucho.
- Algunos medicamentos pueden bajar el umbral de las crisis; conviene revisar la lista completa con el médico o el farmacéutico.
- Antecedentes familiares de epilepsia.
- Dormir muy poco o tener el sueño muy alterado.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Primera crisis, aunque ya haya pasado y la persona se sienta bien.
- Crisis más frecuentes o más fuertes de lo habitual.
- Caídas repetidas, mordeduras de lengua o episodios de confusión sin explicación.
- Somnolencia, mareos, torpeza o confusión nuevos tras un cambio de tratamiento.
- Si la persona no puede tomar su medicamento por vómitos, diarrea o por olvidos repetidos.
Programe una cita de rutina si:
- Revisar el control de las crisis en las citas programadas.
- Hablar de cambios de memoria, de ánimo o de sueño.
- Revisar todos los medicamentos, incluidos los que se compran sin receta, con el médico o el farmacéutico.
- Consultar antes de conducir o de hacer actividades con cierto riesgo.
- Preguntar por la salud de los huesos y por el riesgo de caídas.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa sobre todo en escuchar la historia: qué pasó, cómo empezó, cuánto duró y cómo estaba la persona después. A menudo la información de un familiar o de quien vio el episodio es la pieza más valiosa. El profesional también revisa los medicamentos, la salud del corazón y hace una exploración. En personas mayores no siempre es fácil, porque las crisis pueden confundirse con otras cosas, así que a veces hacen falta varias pruebas.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre, para ver el azúcar, las sales, la función del hígado y del riñón, y los niveles de algunas medicinas.
- Electroencefalograma (EEG): se colocan electrodos en el cuero cabelludo para registrar la actividad eléctrica del cerebro. No duele.
- Pruebas de imagen del cerebro, como resonancia magnética o tomografía, para buscar cicatrices, derrames antiguos u otras causas.
- Estudios del corazón (electrocardiograma y monitorización) para descartar desmayos de origen cardíaco.
- A veces, un EEG con privación de sueño o con registro prolongado.
- Revisión completa de los medicamentos y de las demás enfermedades que tenga la persona.
Qué esperar en su cita
El proceso puede llevar tiempo. El objetivo es estar seguros del diagnóstico y no confundirlo con desmayos, problemas de memoria o efectos de medicinas. Ayuda mucho llevar un diario de episodios con fecha, hora, duración y lo que la persona recuerda. No todas las personas necesitan todas las pruebas.
Tratamiento
El objetivo es tener el menor número de crisis posible, con los menores efectos secundarios y la mejor calidad de vida. En las personas mayores se suele empezar con dosis bajas y subir despacio, porque el cuerpo procesa los medicamentos de forma distinta con la edad. También se revisan las interacciones con los demás fármacos que toma la persona.
Autocuidado en el hogar
- Tomar el medicamento siempre a la misma hora; un pastillero o una alarma pueden ayudar.
- No cambiar ni dejar el tratamiento por cuenta propia, aunque se sienta bien.
- Dormir lo suficiente y con horarios regulares: la falta de sueño es un desencadenante frecuente.
- Evitar el exceso de alcohol.
- Anotar los episodios en un diario y llevarlo a las citas.
- Hacer el hogar más seguro: buena iluminación, barras de apoyo, alfombras antideslizantes y duchas no muy calientes ni muy largas.
- Explicar a familiares o vecinos de confianza qué hacer si ocurre una crisis.
- Llevar una tarjeta o pulsera con información médica.
Tratamientos médicos
El tratamiento principal son los medicamentos anticrisis (también llamados antiepilépticos o anticonvulsivos), que reducen la probabilidad de que aparezcan crisis. No curan la epilepsia de un día para otro: funcionan mientras se toman de forma constante. El profesional elige el más adecuado según el tipo de crisis, la edad, otras enfermedades, otros medicamentos y el riesgo de caídas. Las dosis se ajustan poco a poco. A veces se piden análisis para controlar el nivel del medicamento y la salud de los huesos. Nunca se debe empezar, cambiar ni suspender un tratamiento sin indicación del profesional.
¿Cuándo se considera la cirugía?
En algunas personas las crisis no se controlan bien con medicamentos. En esos casos, un equipo especializado puede valorar otras opciones, como la cirugía de epilepsia (cuando se identifica una zona concreta del cerebro que origina las crisis) o dispositivos que estimulan ciertas zonas del cerebro. No es una opción para la mayoría de las personas mayores y siempre requiere una valoración muy cuidadosa y compartida con la familia.
Vivir con esta afección
La vida diaria con epilepsia se organiza mejor con rutinas: horarios estables para dormir, comer y tomar la medicación. Conviene tener a mano un teléfono, los datos de contacto de un familiar y la información médica. En casa, una buena iluminación, pasillos despejados y barras en el baño reducen el riesgo de caídas. Si hay crisis, es útil que la familia sepa cómo actuar: proteger la cabeza, no meter nada en la boca, no sujetar a la persona y cronometrar la duración. Con planificación, muchas personas mayores siguen saliendo, cocinando, cuidando de sí mismas y disfrutando de sus nietos.
Consejos de estilo de vida
- Mantener horarios regulares de sueño y descansar lo suficiente.
- Evitar el exceso de alcohol y las bebidas energéticas.
- Comer a horas regulares y mantenerse bien hidratado.
- Manejar el estrés con actividades tranquilas y agradables.
- No conducir hasta que el profesional lo autorice, y respetar las normas de su país sobre conducción y epilepsia.
- Evitar el baño de inmersión a solas; mejor ducha y con la puerta sin cerrar con llave.
- Avisar a las personas cercanas de qué hacer ante una crisis.
- Mantener las revisiones médicas y de la vista, y revisar la audición si hace falta.
Dieta y ejercicio
No hay una dieta normal que cure la epilepsia. Una alimentación equilibrada, con horarios regulares y buena hidratación, ayuda a sentirse mejor. El ejercicio moderado y adaptado es bueno y recomendable: caminar, tai chi, yoga suave o natación con alguien que supervise. Conviene evitar deportes de riesgo como escalada, buceo o bicicleta sin casco, y no nadar solo. Comente su plan de ejercicio con el profesional, sobre todo si hay problemas de corazón o de equilibrio. Algunas personas con crisis difíciles de controlar siguen dietas especiales indicadas por su equipo médico; nunca las empiece por su cuenta.
Salud mental y bienestar emocional
Vivir con epilepsia puede dar miedo, tristeza o vergüenza, y en las personas mayores puede sumarse la sensación de perder independencia. Es normal sentirse así, y no hay que aguantarlo en silencio. La ansiedad y la depresión son frecuentes y se pueden tratar. Hable con su profesional de salud; también ayuda hablar con familiares, con un psicólogo o con grupos de apoyo. Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerse daño o de quitarse la vida, busque ayuda de inmediato: llame a los servicios de emergencia de su país o acuda al servicio de urgencias más cercano. No está solo.
Prevención
No todas las epilepsias se pueden prevenir, y cuando aparece no es culpa de nadie. Aun así, algunas medidas reducen el riesgo: controlar bien la presión arterial, el colesterol y la diabetes; no fumar; moderar el alcohol; tratar las infecciones a tiempo; y proteger la cabeza (casco en la bicicleta, cinturón en el coche, y una casa con buena luz y barras de apoyo para evitar caídas). Si ya hay epilepsia, dormir bien, evitar el exceso de alcohol y no olvidar el tratamiento reduce el número de crisis.
Vacunas
Las vacunas incluidas en el calendario de su país ayudan a prevenir algunas infecciones que pueden afectar al cerebro, como ciertas meningitis. Pregunte en su centro de salud qué vacunas le corresponden según su edad y sus enfermedades.
Programas de detección
No existe un análisis general para “detectar epilepsia” en personas sin síntomas. Lo que sí ayuda es la revisión periódica de la presión, del corazón, de la memoria y de los medicamentos, y consultar rápido si aparece un episodio raro de confusión, una caída sin explicación o un “despiste” poco habitual.
Complicaciones
Si no se trata
- Más crisis y crisis más largas; en el peor caso, un estado epiléptico (una crisis que no se detiene), que es una emergencia.
- Caídas y fracturas, sobre todo en personas mayores con huesos frágiles.
- Quemaduras, golpes o accidentes de tráfico.
- Empeoramiento de la memoria y de la confusión.
- Ansiedad, depresión y aislamiento social.
- Interacciones entre medicamentos y efectos secundarios.
- Pérdida de independencia y más carga para quien cuida.
Pronóstico a largo plazo
La mayoría de las personas mayores con epilepsia mejora mucho con el tratamiento adecuado, y muchas pasan largos periodos sin crisis. El objetivo no es solo quitar las crisis, sino mantener la autonomía, la memoria, el ánimo y la seguridad. Merece la pena revisar el tratamiento con regularidad, porque lo que funcionaba a los 60 puede necesitar ajustes a los 80. Con acompañamiento y controles, se puede vivir bien con epilepsia.
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Última actualización: 23 de octubre de 2026
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