Apendagitis epiploica: un dolor abdominal que asusta pero suele ser pasajero
Resumen
La apendagitis epiploica es la inflamación de uno de los pequeños apéndices epiploicos: unas bolsitas de grasa del tamaño de un dedo, pegadas por fuera al intestino grueso (colon). Cuando una de esas bolsitas se retuerce o se inflama, aparece un dolor abdominal fuerte y localizado que puede confundirse con una apendicitis o una diverticulitis. La buena noticia es que casi nunca es grave, no suele necesitar cirugía y normalmente se cura sola en unos días o un par de semanas.
Datos clave
- No es lo mismo que la apendicitis: aquí no se inflama el apéndice, sino una pequeña bolsita de grasa del colon.
- Es una causa poco frecuente de dolor abdominal, pero se reconoce cada vez más gracias a la tomografía computarizada (TC).
- En la gran mayoría de los casos se resuelve sola, sin cirugía, y no deja secuelas.
No es frecuente. Es una causa poco habitual de dolor abdominal en urgencias, aunque se detecta más que antes porque hoy se hacen más tomografías. Aun así, es mucho menos común que la apendicitis o la diverticulitis.
Puede aparecer en adultos de cualquier edad, pero es más habitual entre los 40 y los 50 años. Se ve algo más en hombres que en mujeres y es rara en niños. Las personas con sobrepeso u obesidad parecen tener más probabilidad de presentarla.
Síntomas
- Dolor abdominal muy intenso e insoportable, o que va empeorando rápido.
- Abdomen duro, tenso o muy doloroso al tocarlo, incluso sin apretar.
- Fiebre alta con escalofríos o aspecto de gravedad.
- Vómitos que no paran, vómito con sangre o con aspecto de café molido.
- Sangre en las heces o heces negras y pegajosas.
- Mareo intenso, desmayo, piel fría y sudorosa, confusión o mucha debilidad (posibles signos de shock).
- Dificultad para respirar o dolor en el pecho junto con el dolor abdominal.
- ⚠Dolor abdominal que no mejora en unas horas o que aumenta con el paso del día.
- ⚠Fiebre moderada que aparece junto al dolor.
- ⚠No poder beber líquidos sin vomitar.
- ⚠Dolor al orinar o cambios en la orina junto con el dolor abdominal.
- ⚠Embarazo o sospecha de embarazo, ya que el dolor abdominal necesita valoración ese mismo día.
Síntomas comunes
- Dolor abdominal que aparece de forma repentina y se concentra en un punto muy concreto.
- El dolor se nota sobre todo en la parte baja del lado izquierdo, aunque también puede darse en el lado derecho.
- El dolor empeora al moverse, toser, estornudar o cambiar de postura.
- Al presionar la zona duele mucho, pero al soltar de golpe el dolor no aumenta tanto como en otros cuadros.
- Puede haber algo de náusea, pero rara vez vómitos fuertes.
- La fiebre suele ser leve o no aparece; en general la persona no se siente gravemente enferma.
Síntomas en niños
- Es muy poco frecuente en la infancia, pero puede ocurrir.
- El niño puede señalar un punto fijo de dolor y quejarse al caminar o al saltar.
- Puede haber menos apetito o algo de náusea.
- Ante cualquier dolor abdominal intenso en un niño, conviene consultar pronto a un profesional de salud.
Síntomas en adultos mayores
- Los síntomas pueden ser parecidos, pero el dolor a veces se describe de forma más vaga.
- Puede haber menos fiebre y menos signos llamativos, lo que no significa que sea menos importante valorarlo.
- Si la persona toma anticoagulantes o tiene otras enfermedades, es especialmente importante una valoración médica.
Causas
Causas principales
- Torsión: la bolsita de grasa se retuerce sobre sí misma y se corta su circulación sanguínea.
- Trombosis de una pequeña vena dentro del apéndice epiploico, que hace que esa zona se inflame.
- Inflamación local por irritación o roce con otras estructuras del abdomen.
Factores de riesgo
- Sobrepeso u obesidad.
- Cambios de peso recientes, sobre todo pérdida rápida de peso.
- Hernias abdominales o adherencias (tejido cicatricial dentro del abdomen).
- Vida muy sedentaria.
- No hay una forma segura de prevenirla, porque muchas veces aparece sin ningún factor claro.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Dolor abdominal fuerte que aparece de golpe y no afloja.
- Dolor acompañado de fiebre, vómitos o incapacidad para beber.
- Abdomen duro o muy sensible al tacto.
- Sangre en las heces o vómitos con sangre.
- Dolor abdominal en una persona embarazada o con sospecha de embarazo.
Programe una cita de rutina si:
- Dolor abdominal que ya pasó pero que se repite sin explicación.
- Molestias leves en un punto fijo del abdomen que duran varios días.
- Dudas sobre el diagnóstico recibido o sobre qué hacer si el dolor vuelve.
- Quieres saber qué señales deben hacerte buscar atención rápida en el futuro.
Diagnóstico
El diagnóstico se hace con la exploración médica y, sobre todo, con una prueba de imagen. La tomografía computarizada (TC) es la herramienta principal: muestra la bolsita de grasa inflamada y permite descartar otras causas más graves de dolor abdominal, como la apendicitis o la diverticulitis. A veces también se usa una ecografía, aunque es menos precisa para este cuadro.
Pruebas que se pueden realizar
- Exploración física: el médico palpa el abdomen para localizar el punto de dolor.
- Análisis de sangre: muchas veces salen normales o casi normales, lo que ayuda a diferenciarlo de otras infecciones.
- Tomografía computarizada (TC) de abdomen: es la prueba que mejor lo identifica.
- Ecografía abdominal: se usa en algunos casos, especialmente en niños o cuando no conviene hacer una TC.
- Análisis de orina: para descartar problemas urinarios que también causan dolor en esa zona.
Qué esperar en su cita
En urgencias te preguntarán cuándo empezó el dolor, dónde está y si empeora al moverse. Te explorarán el abdomen y probablemente te harán análisis de sangre y una prueba de imagen. Si se confirma la apendagitis epiploica, lo más habitual es que no necesites quedarte ingresado y que puedas volver a casa con indicaciones para controlar el dolor y vigilancia de los síntomas.
Tratamiento
El tratamiento suele ser conservador: aliviar el dolor, descansar y esperar a que la inflamación baje por sí sola. La mayoría de las personas mejora en unos días y se recupera del todo en una o dos semanas, sin necesidad de cirugía ni de tratamientos largos.
Autocuidado en el hogar
- Descansa y evita esfuerzos físicos intensos mientras el dolor esté presente.
- Aplica calor suave en la zona si te resulta reconfortante (nunca sobre la piel sin protección).
- Bebe líquidos con frecuencia y come de forma ligera si tienes náuseas.
- Anota cómo evoluciona el dolor y si aparece fiebre, vómitos o sangre en las heces.
- Sigue las indicaciones de tu médico sobre cuándo volver a la actividad normal.
Tratamientos médicos
El tratamiento se centra en controlar el dolor con medicamentos que indique tu profesional de salud y en vigilar que los síntomas no empeoren. En la mayoría de los casos no se necesitan antibióticos, porque no hay una infección. Si el dolor es intenso o hay dudas sobre el diagnóstico, el equipo médico puede decidir observación en el hospital o repetir pruebas. Nunca tomes medicamentos por tu cuenta ni reutilices recetas antiguas: pregunta a tu médico o a tu farmacéutico qué opción es adecuada para ti.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía casi nunca es necesaria. Solo se plantea en casos excepcionales, por ejemplo si aparece una complicación como un absceso (acumulación de pus) o si el diagnóstico no queda claro y hay que descartar otros problemas que sí requieren intervención.
Vivir con esta afección
Durante los primeros días puedes notar molestias al moverte, agacharte o toser. Es normal que el dolor vaya bajando poco a poco. Vuelve a tus actividades de forma gradual y escucha a tu cuerpo: si algo te duele, para y descansa.
Consejos de estilo de vida
- Mantén horarios de comidas regulares y una alimentación variada.
- Hidrátate bien a lo largo del día.
- Muévete a diario dentro de lo que te permita el dolor; caminar suave suele sentar bien.
- Evita el tabaco y limita el alcohol.
- Si tienes sobrepeso, habla con tu equipo de salud sobre un plan realista y sin prisas.
Dieta y ejercicio
No hay una dieta específica para esta inflamación. Lo recomendable es comer de forma equilibrada, con verduras, frutas, cereales integrales, legumbres y proteínas, y beber suficiente agua. En cuanto al ejercicio, espera a que el dolor haya bajado para retomar la actividad habitual y hazlo de forma progresiva. Si algún movimiento te molesta, déjalo para más adelante.
Salud mental y bienestar emocional
Un dolor abdominal fuerte asusta, y es normal sentir ansiedad o preocupación, sobre todo si al principio se pensó en apendicitis u otra enfermedad. Saber que es un cuadro benigno y que suele resolverse ayuda mucho. Si la preocupación te dura semanas, te quita el sueño o te impide hacer tu vida normal, coméntalo con tu médico: pedir apoyo emocional también es parte del cuidado.
Prevención
No existe una forma segura de prevenir la apendagitis epiploica, porque muchas veces aparece por una torsión que no se puede anticipar. Lo que sí puedes hacer es cuidar tu salud general y, sobre todo, saber reconocer las señales de alarma para buscar ayuda a tiempo.
Programas de detección
No hay pruebas de cribado para esta enfermedad. Se diagnostica cuando aparecen los síntomas.
Complicaciones
Si no se trata
- En la mayoría de los casos no aparecen complicaciones: la inflamación baja sola.
- En raras ocasiones puede formarse un absceso (acumulación de pus) en la zona.
- Puede ocurrir una obstrucción intestinal por adherencias, aunque es muy poco frecuente.
- El dolor puede repetirse si otro apéndice epiploico se inflama en el futuro.
- El riesgo principal no es la enfermedad en sí, sino confundirla con otros cuadros más graves; por eso es importante la valoración médica.
Pronóstico a largo plazo
El pronóstico es muy bueno. La mayoría de las personas se siente mejor en pocos días y se recupera por completo en una o dos semanas, sin cirugía y sin secuelas. Si el dolor vuelve o aparece fiebre, consulta de nuevo: la vigilancia es la mejor aliada.
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Última actualización: 23 de octubre de 2026
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