Hepatitis D: qué es, cómo se contagia y cómo se trata
Resumen
La hepatitis D es una infección del hígado causada por el virus de la hepatitis D, también llamado virus delta. La hepatitis es una inflamación del hígado, es decir, que el hígado se irrita y trabaja peor. La clave para entender la hepatitis D es esta: este virus solo puede infectar a una persona que ya tiene hepatitis B. Si no tienes hepatitis B, no puedes contagiarte de hepatitis D. Por eso se dice que la hepatitis D es una infección acompañante de la hepatitis B, y por eso la vacuna contra la hepatitis B también te protege de la hepatitis D. La hepatitis D suele causar una inflamación del hígado más seria que otras hepatitis virales y, con los años, puede dañar el hígado de forma importante. Pero no todo el mundo evoluciona igual: hay personas que viven muchos años con el virus y con un buen control médico.
Datos clave
- El virus de la hepatitis D solo infecta a personas que ya tienen hepatitis B. Sin hepatitis B, no hay hepatitis D.
- La vacuna contra la hepatitis B es la mejor protección que existe contra la hepatitis D.
- Se transmite por contacto con sangre o fluidos corporales de una persona infectada, por ejemplo al compartir agujas o en relaciones sexuales sin protección.
- Muchas personas no tienen síntomas al principio, por eso el diagnóstico suele hacerse con análisis de sangre.
La hepatitis D es poco frecuente en la mayoría de los países de habla hispana, aunque su frecuencia cambia mucho según la región. Es más común en algunas zonas del Mediterráneo, Oriente Medio, África central y occidental, y en la cuenca del Amazonas. En España y en gran parte de América Latina se ve sobre todo en personas que llegaron de zonas donde el virus es más habitual, en personas con hepatitis B crónica y en grupos con exposición repetida a sangre infectada.
Afecta únicamente a personas que ya tienen hepatitis B, ya sea una hepatitis B reciente o una hepatitis B crónica (una infección que dura mucho tiempo). Cualquier persona con hepatitis B puede contraer hepatitis D, pero el riesgo es mayor en quienes comparten agujas o material para drogas, en quienes tienen relaciones sexuales sin protección con una persona infectada, en personas con tatuajes o piercings hechos con material no esterilizado y en quienes viven con alguien con hepatitis B y comparten objetos que pueden tener sangre, como cepillos de dientes o máquinas de afeitar.
Síntomas
- Confusión, desorientación, somnolencia marcada o dificultad para despertar (pueden indicar que el hígado está fallando)
- Vómitos con sangre o con aspecto de posos de café
- Heces negras y pegajosas, como alquitrán
- Hinchazón repentina o muy grande del abdomen
- Sangrado que no se detiene, por ejemplo de la nariz o de las encías, o aparición de moretones sin causa
- Fiebre alta con escalofríos y malestar general fuerte en una persona con hepatitis conocida
- ⚠Color amarillo en la piel u ojos que aparece o empeora rápidamente
- ⚠Orina muy oscura o heces muy claras
- ⚠Vómitos que no se detienen e impiden beber
- ⚠Cansancio extremo que impide hacer las actividades diarias
- ⚠Picor intenso en la piel que no se calma
Síntomas comunes
- Cansancio intenso o sensación de agotamiento que no mejora con el descanso
- Piel y parte blanca de los ojos de color amarillento (ictericia)
- Orina oscura, como el color del té, y heces de color muy claro
- Náuseas, falta de apetito y rechazo a comidas grasas
- Dolor o molestia en la parte derecha y alta del abdomen, donde está el hígado
- Dolores articulares y fiebre leve, sobre todo al inicio
- Picor en la piel
- Muchas personas con hepatitis D crónica no tienen síntomas durante años y solo se enteran por un análisis de sangre
Síntomas en niños
- Muchos niños no tienen ningún síntoma o solo un malestar leve, por lo que la infección puede pasar desapercibida
- El cansancio, la falta de apetito o el bajo rendimiento escolar pueden ser las únicas señales
- La ictericia (color amarillo en piel y ojos) aparece en menos niños que en adultos
- Si el niño ya tiene hepatitis B, la hepatitis D puede empeorar de forma repentina síntomas que antes estaban controlados
Síntomas en adultos mayores
- La hepatitis D tiende a avanzar más rápido hacia fibrosis y cirrosis en personas mayores
- El cansancio y la pérdida de fuerza pueden confundirse con el paso de la edad y retrasar la consulta
- Puede haber hinchazón en piernas y abdomen por retención de líquidos
- La recuperación de cualquier infección o cirugía puede ser más lenta
Causas
Causas principales
- Infección por el virus de la hepatitis D, que necesita la presencia del virus de la hepatitis B para poder reproducirse en el cuerpo
- Se puede adquirir al mismo tiempo que la hepatitis B (coinfección), lo que a veces provoca un cuadro más agudo, o después de tener hepatitis B (sobreinfección), lo que suele producir una enfermedad de larga duración
- El virus entra en el cuerpo cuando sangre o fluidos corporales de una persona infectada entran en contacto con las mucosas o con la sangre de otra persona
Factores de riesgo
- Tener hepatitis B crónica, sobre todo si no se controla con un seguimiento médico
- Compartir agujas, jeringas u otro material para consumir drogas
- Tatuajes, piercings o tratamientos con agujas realizados sin material estéril
- Relaciones sexuales sin protección con una persona infectada
- Convivir con alguien que tiene hepatitis B y compartir cepillos de dientes, máquinas de afeitar o cortaúñas
- Exposición a sangre en el trabajo, por ejemplo en personal sanitario sin las precauciones adecuadas
- Tratamientos con hemodiálisis o transfusiones en lugares donde la sangre no se analiza de forma segura
- Haber nacido o vivido en zonas donde la hepatitis D es más frecuente
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si notas piel u ojos amarillos, orina oscura o heces muy claras
- Si tienes dolor fuerte en la parte derecha del abdomen
- Si tienes hepatitis B y tus síntomas cambian de repente o empeoran
- Si crees que estuviste expuesto a sangre infectada, por ejemplo tras un pinchazo o una relación sexual sin protección: coméntalo pronto con un profesional de salud para valorar qué hacer
Programe una cita de rutina si:
- Si tienes hepatitis B y quieres saber si también puedes tener hepatitis D
- Si te vas a hacer un análisis de sangre de control por cualquier motivo relacionado con el hígado
- Si en tu familia o en tu entorno cercano hay alguien con hepatitis B
- Si tienes cansancio persistente, picor en la piel o molestias abdominales sin explicación clara
- Si vas a viajar a una zona donde la hepatitis es frecuente y quieres revisar tus vacunas
Diagnóstico
El diagnóstico se hace con análisis de sangre. Primero se comprueba si hay infección por hepatitis B y por hepatitis D, y después se valora cómo está funcionando el hígado. También se revisa la salud general del hígado con pruebas de imagen, que son indoloras y no usan radiación o usan muy poca. En algunos casos el especialista del hígado, llamado hepatólogo, decide hacer una biopsia, que es tomar una muestra muy pequeña del hígado para estudiarla.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre para detectar anticuerpos frente a la hepatitis D y material genético del virus
- Análisis de sangre para hepatitis B, y también para hepatitis A y C, porque pueden coexistir
- Pruebas de función hepática: miden enzimas y otras sustancias que indican cómo trabaja el hígado
- Ecografía abdominal, para ver el tamaño, la forma y el aspecto del hígado
- Elastografía, una prueba indolora parecida a una ecografía que mide la rigidez del hígado y ayuda a estimar si hay cicatrices (fibrosis)
- En casos seleccionados, biopsia hepática
Qué esperar en su cita
El proceso empieza casi siempre con un análisis de sangre normal, y los resultados pueden tardar desde unos días hasta un par de semanas según el centro. Es posible que te citen varias veces para repetir análisis y comparar resultados. Recibir un diagnóstico de hepatitis D puede dar miedo, pero tener la información es el primer paso para cuidarte bien. Pregunta todo lo que necesites, pide que te expliquen los resultados en palabras sencillas y, si quieres, ve acompañado a las consultas.
Tratamiento
La hepatitis D no tiene un tratamiento que la cure en todas las personas, pero sí existen tratamientos y un seguimiento que ayudan a controlar el virus y a proteger el hígado. El manejo siempre lo lleva un especialista en el hígado o en enfermedades infecciosas, a menudo en coordinación con tu médico de cabecera. El objetivo es frenar el daño al hígado, prevenir complicaciones y mantener tu calidad de vida. En algunos casos el especialista valora un trasplante de hígado cuando el hígado ha dejado de funcionar bien.
Autocuidado en el hogar
- Evita por completo el alcohol, porque daña el hígado más que en otras personas
- No tomes medicamentos ni suplementos por tu cuenta, ni siquiera los que se venden sin receta: algunos pueden afectar al hígado. Consulta siempre antes con tu médico o farmacéutico
- Duerme lo suficiente y reparte tu energía: alterna actividad con descanso si el cansancio es intenso
- Bebe agua a lo largo del día, salvo que tu médico te haya indicado limitar los líquidos
- Mantén las vacunas al día, en especial las de hepatitis A y B si no las tienes, y pregunta por las recomendadas en tu país
- Acude a tus revisiones aunque te sientas bien: los análisis son la forma de detectar cambios a tiempo
- Si tienes hinchazón o retención de líquidos, reduce la sal y pregunta a tu equipo de salud cómo hacerlo bien
Tratamientos médicos
El tratamiento lo decide el especialista según tu caso. Puede incluir medicamentos antivirales, es decir, fármacos que intentan frenar la reproducción del virus, y en algunos países se valoran tratamientos más nuevos para casos concretos. También se tratan los problemas que aparecen, como el picor, la retención de líquidos o los cambios en la coagulación de la sangre. Además, se hace un seguimiento periódico con análisis y pruebas de imagen para vigilar el hígado y detectar a tiempo cualquier complicación. Como los tratamientos disponibles cambian con el tiempo y varían de un país a otro, lo mejor es preguntar a tu especialista qué opciones existen en tu caso concreto.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía no sirve para eliminar el virus. La intervención que se plantea en casos avanzados, cuando el hígado está muy dañado y deja de cumplir su función, es el trasplante de hígado. Se valora en centros especializados y no es una opción para todas las personas. Es importante saber que el trasplante puede mejorar mucho la salud general, pero el virus puede volver si sigue presente la hepatitis B, por lo que el equipo médico toma medidas de prevención.
Vivir con esta afección
Vivir con hepatitis D suele significar aprender a escuchar tu cuerpo y a organizar tu energía. Muchas personas llevan una vida bastante normal entre revisiones, con épocas de más cansancio y otras mejores. Ayuda mucho tener un calendario con las citas médicas, apuntar los síntomas y las dudas para llevarlas a la consulta, y pedir a alguien de confianza que te acompañe cuando tengas que recibir resultados.
Consejos de estilo de vida
- No consumas alcohol ni drogas inyectadas; si consumes drogas, busca programas de reducción de daños y no compartas material
- Avisa a tus parejas sexuales y usa preservativo para protegerlas y protegerte de otras infecciones
- No compartas cepillos de dientes, máquinas de afeitar, cortaúñas ni material de manicura
- Cubre cualquier herida y tira el material manchado de sangre de forma segura
- Mantén tus vacunas al día y pregunta por las que te correspondan según tu edad y tu país
- Evita el tabaco, porque aumenta el riesgo de problemas graves del hígado
- Duerme con horarios regulares y haz pausas durante el día
Dieta y ejercicio
No existe una dieta mágica para la hepatitis D, pero una alimentación equilibrada ayuda mucho. Prioriza verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado, huevos y carnes magras, y limita los ultraprocesados, las bebidas azucaradas y la sal. Si tienes retención de líquidos o hinchazón, tu equipo de salud puede pedirte menos sal. El ejercicio suave y regular, como caminar, nadar o hacer estiramientos, ayuda al ánimo, a los huesos y a la circulación; empieza poco a poco y adapta la intensidad a tu cansancio. Si pierdes peso sin querer o no toleras bien la comida, coméntalo con tu médico.
Salud mental y bienestar emocional
Recibir un diagnóstico de hepatitis D puede generar ansiedad, miedo, tristeza o sensación de injusticia, y es completamente comprensible. También puede aparecer preocupación por contagiar a otros, por el futuro o por el trabajo. Hablar de lo que sientes, con tu familia, con amistades de confianza o con un profesional de salud mental, alivia mucho. Si en algún momento sientes que no puedes más, que todo es demasiado o tienes pensamientos de hacerte daño, busca ayuda de inmediato: contacta con los servicios de emergencia de tu país (por ejemplo, el 112 en España) o con la línea de apoyo emocional que exista en tu región. No estás solo ni sola en esto.
Prevención
Sí, la hepatitis D se puede prevenir, y la medida más potente es protegerte frente a la hepatitis B. Como el virus D necesita al virus B para sobrevivir, si no tienes hepatitis B no puedes tener hepatitis D. Además, hay hábitos sencillos que reducen el riesgo de contagio por sangre o fluidos corporales: usar preservativo, no compartir agujas ni material de inyección, asegurarse de que los tatuajes y piercings se hagan con material estéril y no compartir objetos personales que puedan mancharse de sangre.
Vacunas
La vacuna contra la hepatitis B protege también contra la hepatitis D, y forma parte del calendario de vacunación infantil en muchos países de habla hispana. Si no estás vacunado o vacunada, pregunta a tu médico o a tu centro de salud: es una de las vacunas más seguras y eficaces que existen. También conviene revisar la vacuna contra la hepatitis A, porque proteger el hígado de otras infecciones es especialmente importante cuando ya hay una hepatitis. No existen todavía vacunas específicas frente al virus de la hepatitis D, pero la investigación avanza.
Programas de detección
Se recomienda hacer análisis de hepatitis B y D a las personas con hepatitis B, a quienes comparten agujas, a personas con tatuajes o piercings hechos sin garantías de esterilización, a quienes tienen relaciones sexuales sin protección con personas infectadas, a personas que llegaron de zonas donde el virus es frecuente y a las personas gestantes dentro del control del embarazo. Si crees que encajas en alguno de estos grupos, coméntalo con tu médico: el análisis es sencillo y se hace con una muestra de sangre.
Complicaciones
Si no se trata
- Fibrosis: el hígado desarrolla cicatrices que poco a poco sustituyen tejido sano
- Cirrosis: cicatrices extensas que hacen que el hígado pierda parte de su capacidad de funcionar
- Insuficiencia hepática: el hígado deja de cumplir funciones esenciales como limpiar la sangre
- Cáncer de hígado, cuyo riesgo aumenta cuando hay cirrosis; por eso se hacen controles periódicos con ecografía
- Retención de líquidos en el abdomen y las piernas, y problemas de sangrado por falta de factores de coagulación
- Problemas de salud mental y aislamiento social por el estigma asociado a las hepatitis virales
Pronóstico a largo plazo
La hepatitis D es una enfermedad seria y conviene tomarla en serio, pero eso no significa que todo esté perdido ni que el futuro esté escrito. Hay personas que viven durante muchos años con el virus con una buena calidad de vida, sobre todo cuando hay seguimiento médico regular, se evita el alcohol y se tratan a tiempo las complicaciones. La investigación sobre hepatitis D ha avanzado mucho en los últimos años y siguen apareciendo opciones nuevas. Con un equipo de salud de confianza, información clara y apoyo de tu entorno, es posible cuidar el hígado y mantener proyectos de vida.
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Última actualización: 24 de octubre de 2026
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