Reemplazo de cadera (prótesis de cadera)
Resumen
El reemplazo de cadera, también llamado artroplastia de cadera, es una cirugía en la que se sustituye la articulación de la cadera que está dañada por una pieza artificial llamada prótesis. La cadera es la articulación donde el hueso del muslo (fémur) se une a la pelvis, y funciona como una bola que gira dentro de un hueco. Cuando el desgaste o una lesión dañan esa zona, moverse puede volverse doloroso y difícil. La prótesis imita esa función: devuelve el movimiento suave y reduce el dolor. No es una cirugía de urgencia en la mayoría de los casos: se plantea cuando otras opciones ya no son suficientes y siempre se decide junto con el equipo médico.
Datos clave
- Es una de las cirugías programadas más frecuentes en el mundo, sobre todo en personas mayores de 60 años.
- Sustituye la articulación dañada por una prótesis hecha de metal, cerámica o plástico médico de alta resistencia.
- La mayoría de las personas nota un alivio importante del dolor y vuelve a caminar, aunque la recuperación completa lleva varios meses de fisioterapia.
- Una prótesis de cadera suele durar muchos años, a menudo entre 15 y 25, aunque depende de la persona y de su actividad.
Sí, es muy común. Se realiza con frecuencia en hospitales de España y de toda Latinoamérica, y su número ha crecido porque las personas viven más años y la artrosis (desgaste de la articulación) es más frecuente con la edad.
Afecta sobre todo a adultos mayores de 60 años, y es algo más habitual en mujeres, especialmente después de la menopausia por el efecto de los huesos. También puede indicarse en adultos más jóvenes con artrosis por causas genéticas, lesiones previas, displasia de cadera (una cadera que no se formó bien), necrosis avascular (cuando el hueso de la cabeza del fémur pierde riego de sangre) o fracturas de cadera. En niños y adolescentes el reemplazo de cadera es muy poco frecuente; el dolor de cadera en la infancia suele tener otras causas y debe valorarlo un pediatra o un especialista.
Síntomas
- Dolor en el pecho, dificultad para respirar o sensación de desmayo: puede ser un problema grave y requiere llamar a emergencias de inmediato.
- Hinchazón, enrojecimiento y dolor repentino en la pantorrilla, a veces con calor en la zona: puede indicar un coágulo y hay que actuar rápido.
- Después de la cirugía, dolor muy intenso y repentino en la cadera con imposibilidad de mover la pierna o con la pierna 'torcida': puede ser una luxación (la prótesis se ha salido de su sitio) y necesita atención urgente.
- Sangrado abundante por la herida que no se detiene con presión.
- Herida con pus, mal olor, enrojecimiento que se extiende rápido y fiebre alta con escalofríos.
- ⚠Fiebre superior a 38 °C en las semanas siguientes a la cirugía.
- ⚠Herida que supura líquido, está muy caliente o cada vez duele más.
- ⚠Aumento rápido de la hinchazón en la pierna operada.
- ⚠Dolor que no mejora con el tratamiento indicado o que va en aumento.
- ⚠Caída con golpe en la cadera, aunque al principio parezca que no pasa nada.
- ⚠Imposibilidad de apoyar el peso sobre la pierna operada.
Síntomas comunes
- Dolor en la ingle, en la parte delantera del muslo o en la zona externa de la cadera, que empeora al caminar o al subir escaleras.
- Rigidez, sobre todo al levantarse de la cama o de una silla, o al empezar a moverse después de estar quieto.
- Cojera o sensación de que una pierna 'no responde' igual que la otra.
- Dolor en reposo o por la noche, que puede despertarte.
- Dificultad para ponerte calcetines, zapatos o para cortarte las uñas de los pies.
- Reducción de la distancia que puedes caminar sin parar, o necesidad de bastón.
- Crujidos o chasquidos en la cadera al moverla.
Síntomas en niños
- El reemplazo de cadera casi nunca se realiza en niños; su cadera todavía está creciendo.
- Si un niño tiene dolor de cadera, cojea o se queja al caminar, conviene consultar pronto: en la infancia hay causas propias que necesitan otro tipo de tratamiento.
- En adolescentes con enfermedades reumáticas o problemas de desarrollo de la cadera, el seguimiento lo hace un equipo especializado.
Síntomas en adultos mayores
- Rigidez más marcada por la mañana y después de estar sentado mucho tiempo.
- Dolor que limita tareas sencillas como vestirse, ducharse o hacer la compra.
- Mayor riesgo de caídas por debilidad muscular, dolor y problemas de equilibrio.
- Dificultad para dormir por el dolor nocturno, con cansancio durante el día.
- En algunos casos, el primer síntoma es una fractura de cadera tras una caída.
Causas
Causas principales
- Artrosis de cadera: el desgaste progresivo del cartílago (la capa que amortigua los huesos) que con el tiempo deja el hueso 'al descubierto' y produce dolor.
- Artritis inflamatoria, como la artritis reumatoide, que daña la articulación de forma crónica.
- Fractura de cadera, especialmente en personas mayores con huesos frágiles.
- Necrosis avascular: la cabeza del fémur pierde riego sanguíneo y se deteriora.
- Displasia de cadera: la articulación no se formó bien desde el nacimiento o la infancia.
- Lesiones o cirugías previas en la cadera que aceleran el desgaste.
Factores de riesgo
- Edad avanzada: el desgaste del cartílago aumenta con los años.
- Antecedentes familiares de artrosis o de problemas de cadera.
- Obesidad o sobrepeso, que aumenta la carga sobre la cadera.
- Trabajos con mucho esfuerzo físico, levantamiento de peso o deportes de alto impacto repetido.
- Lesiones previas en la cadera o en la pierna.
- Huesos frágiles u osteoporosis, que elevan el riesgo de fractura.
- Algunas enfermedades reumáticas o metabólicas, y tratamientos prolongados con corticoides por vía general (siempre según indicación médica).
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Después de la cirugía: fiebre, herida que supura o que duele cada vez más, hinchazón repentina de la pierna o dolor muy intenso al apoyar.
- Antes de la cirugía: dolor repentino e incapacitante tras una caída, o imposibilidad de mover la pierna.
- Dolor en el pecho o falta de aire en cualquier momento del proceso: llama a emergencias.
Programe una cita de rutina si:
- El dolor de cadera te limita para caminar, subir escaleras o vestirte.
- Llevas semanas o meses con dolor que no mejora con reposo relativo, fisioterapia o las medidas que te ha recomendado tu médico.
- Cojeas de forma habitual o necesitas apoyarte en muebles para moverte por casa.
- El dolor te despierta por la noche.
- Quieres informarte sobre opciones, incluida la cirugía, y entender riesgos y beneficios.
Diagnóstico
El diagnóstico empieza por una conversación: el médico te pregunta dónde duele, cuándo empeora y cuánto te limita en tu día a día. Después explora la cadera y la pierna, observa cómo caminas y mide cuánto movimiento tienes. Con eso y una radiografía suele quedar claro el grado de desgaste. No existe un análisis de sangre que diga 'necesitas una prótesis': la decisión se basa en tus síntomas, la exploración y las pruebas de imagen.
Pruebas que se pueden realizar
- Radiografía de cadera y pelvis: muestra el desgaste del cartílago, el espacio entre los huesos y la forma de la articulación.
- Resonancia magnética o tomografía computarizada: solo en algunos casos, para valorar tejidos blandos o planificar la cirugía.
- Analítica de sangre: para descartar otras causas de dolor y como preparación si se plantea operar.
- Valoración preoperatoria: revisión del corazón, los pulmones y la anestesia antes de una cirugía programada.
- Pruebas de imagen adicionales si hay sospecha de infección o de aflojamiento de una prótesis ya colocada.
Qué esperar en su cita
La consulta suele ser sencilla y sin dolor más allá de la propia exploración. Es útil que llegues con tus dudas apuntadas y, si puedes, con alguien de confianza. Pregunta qué opciones tienes, qué esperar de cada una y cuánto tiempo de recuperación implica. Si te proponen cirugía, tienes derecho a preguntar por los beneficios, los riesgos y a pedir una segunda opinión sin que eso suponga ningún problema.
Tratamiento
El tratamiento va por pasos y se adapta a tu dolor, tu edad, tu estado general y lo que necesitas hacer en tu vida diaria. Al principio se trabaja con medidas conservadoras: fisioterapia, ejercicio adaptado, control del peso, ayudas para caminar y alivio del dolor con lo que te indique tu médico. Cuando estas medidas ya no son suficientes y el dolor condiciona tu vida, se valora la cirugía de reemplazo de cadera.
Autocuidado en el hogar
- Mantén el movimiento: el reposo total debilita los músculos y empeora la rigidez. Pregunta qué ejercicios son seguros para ti.
- Haz fisioterapia de forma constante: fortalece los músculos de la cadera, el muslo y el glúteo, y mejora el equilibrio.
- Cuida el peso corporal con cambios sostenibles, no con dietas muy restrictivas.
- Usa bastón o andador si te lo recomiendan: no es rendirse, es proteger la articulación y prevenir caídas.
- Adapta tu casa: buena luz, alfombras antideslizantes, barras en el baño y objetos frecuentes a mano.
- Calor local o frío según lo que te alivie, y pautas de actividad con descansos cortos.
- Duerme lo suficiente y evita estar muchas horas sentado sin moverte.
Tratamientos médicos
El equipo de salud puede combinar varias estrategias: fisioterapia y ejercicio supervisado; medicamentos para el dolor o la inflamación que tu médico ajustará a tu caso, siempre siguiendo sus indicaciones y sin automedicarte; infiltraciones locales en la articulación en situaciones concretas; ayudas técnicas como bastón, andador o calzado adecuado; y medidas para proteger los huesos si hay osteoporosis. En personas con artritis inflamatoria, el tratamiento de la enfermedad de base también forma parte del manejo. Si estas opciones dejan de ser útiles, se plantea la cirugía.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía se considera cuando el dolor y la rigidez limitan de forma importante actividades básicas como caminar, dormir o vestirte, cuando el dolor aparece en reposo o de noche, cuando las medidas conservadoras ya no alivian y cuando el desgaste se ve claramente en las radiografías. También puede indicarse tras una fractura de cadera en personas mayores. No hay una edad límite estricta: lo que importa es el estado general de salud, y la decisión se toma entre tú, tu familia si quieres y el equipo de cirugía ortopédica.
Vivir con esta afección
Los primeros días después de la cirugía se dedican a moverse con ayuda, controlar el dolor y aprender a caminar con apoyo. En casa necesitarás paciencia: al principio usarás bastón o andador, algunas tareas las harás sentado y necesitarás ayuda para vestirte o para la compra. Poco a poco, con fisioterapia regular, irás ganando autonomía. Conducir, volver al trabajo o retomar actividades depende de tu evolución y de las indicaciones de tu equipo médico: pregunta antes de reanudarlas. Es normal tener días mejores y días peores.
Consejos de estilo de vida
- Camina a diario de forma progresiva, según las pautas que te den.
- Evita por un tiempo los gestos que tu cirujano te indique como de riesgo, como cruzar mucho las piernas o girar bruscamente sobre la cadera operada.
- Sube escaleras con cuidado y apoyándote en la barandilla.
- Mantén el peso saludable a largo plazo para cuidar la prótesis.
- Evita el tabaco: retrasa la cicatrización y aumenta las complicaciones.
- Revisa tu casa para prevenir caídas y usa calzado estable.
- Consulta antes de practicar deportes de impacto o de levantamiento de peso.
Dieta y ejercicio
Una alimentación variada y suficiente en proteínas ayuda a la cicatrización y a mantener la masa muscular. Si tienes osteoporosis o huesos frágiles, tu médico puede recomendar pautas específicas de calcio y vitamina D. El ejercicio es parte central del tratamiento: al principio, fisioterapia guiada; después, caminar, natación o bicicleta estática suelen ser buenas opciones. Lo ideal es combinar fuerza, movilidad suave y equilibrio, siempre empezando poco a poco y parando si aparece dolor agudo.
Salud mental y bienestar emocional
Es habitual sentir miedo antes de la cirugía, frustración por la lentitud de la recuperación o bajón de ánimo en las semanas en que todavía no te ves igual que antes. También puede haber ansiedad por volver a caerte. Hablar de ello con tu médico o fisioterapeuta ayuda, y no hace falta aguantar en silencio: pedir apoyo es parte del cuidado. Si en algún momento sientes que ya no puedes más o tienes pensamientos de hacerte daño, busca ayuda de inmediato: en España llama al 112, y en otros países acude a los servicios de emergencia o a la línea de apoyo emocional de tu zona.
Prevención
No siempre se puede evitar el desgaste de la cadera, sobre todo cuando influyen la genética o la edad. Aun así, hay mucho que puedes hacer para retrasarlo o para llegar en mejores condiciones: mantener un peso saludable, moverte de forma regular, fortalecer los músculos de piernas y glúteos, cuidar el equilibrio para prevenir caídas y proteger los huesos con una alimentación adecuada y el consejo de tu médico. Evitar lesiones y tratar a tiempo los problemas de cadera también ayuda.
Vacunas
No existe una vacuna contra el desgaste de la cadera. Antes de una cirugía programada, el equipo médico suele revisar que tus vacunas estén al día y puede recomendar algunas concretas; sigue sus indicaciones.
Programas de detección
No hay una prueba de cribado específica para el reemplazo de cadera. Lo importante es consultar si tienes dolor de cadera persistente, cojeas o notas que pierdes movilidad, para valorarlo cuanto antes.
Complicaciones
Si no se trata
- El dolor y la rigidez suelen aumentar con el tiempo.
- Pérdida de fuerza muscular y de movilidad, que dificulta caminar distancias cortas.
- Mayor riesgo de caídas y de fractura de cadera.
- Pérdida de autonomía para tareas básicas, con necesidad de ayuda de otras personas.
- Problemas de sueño y cansancio por el dolor nocturno.
- Impacto en el ánimo, en las relaciones y en la vida social por la limitación física.
Pronóstico a largo plazo
La mayoría de las personas que se somete a un reemplazo de cadera nota un alivio importante del dolor y recupera buena parte de su movilidad, aunque el proceso es gradual y requiere meses de constancia con la fisioterapia. Las prótesis actuales suelen durar muchos años. Como en toda cirugía, existen riesgos y no todo el mundo evoluciona igual, pero con seguimiento y buenos hábitos el pronóstico general es bueno y la mayoría vuelve a hacer una vida activa. Tu equipo médico te ayudará a poner expectativas realistas y a resolver las dudas que vayan surgiendo.
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Última actualización: 24 de octubre de 2026
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