Cómo se realiza un reemplazo de cadera
Resumen
Un reemplazo de cadera (también llamado prótesis de cadera o artroplastia de cadera) es una cirugía en la que se retiran las partes dañadas de la articulación de la cadera y se sustituyen por piezas artificiales. La cadera es la articulación que une el hueso del muslo (el fémur) con la pelvis, y funciona como una bola que encaja en una cavidad. Cuando el cartílago —la capa lisa y resbaladiza que protege los huesos— se desgasta o se daña, los huesos rozan entre sí y aparece dolor y rigidez. La cirugía coloca una bola y una cavidad nuevas para que la cadera vuelva a moverse con suavidad y con mucho menos dolor.
Datos clave
- Es una de las cirugías de huesos más frecuentes en el mundo y suele mejorar mucho el dolor y la capacidad de caminar.
- Se puede hacer con anestesia general (la persona duerme) o con anestesia regional (se adormece la mitad inferior del cuerpo); el equipo médico decide contigo cuál es más conveniente.
- La operación suele durar entre 1 y 2 horas, y muchas personas vuelven a casa entre 1 y 3 días después.
- Las piezas artificiales pueden ser de metal, cerámica o plástico resistente, y con el cuidado adecuado suelen durar muchos años.
Sí, es una operación muy común. Cada año se realizan cientos de miles de reemplazos de cadera en todo el mundo, y las técnicas y los materiales han mejorado mucho en las últimas décadas.
Es más frecuente en personas de 60 a 80 años con desgaste de la cadera (artrosis), y también en personas que se rompen la cadera tras una caída. Puede afectar a adultos más jóvenes con artritis inflamatoria, lesiones antiguas, problemas de desarrollo de la cadera o tratamientos previos con ciertos medicamentos. En niños es muy poco habitual, porque las enfermedades de cadera en la infancia suelen ser distintas y se tratan de otra manera.
Síntomas
- Dolor repentino e intenso en la cadera operada, con la pierna girada hacia fuera o más corta y la imposibilidad de apoyarla (puede ser una luxación, es decir, que la prótesis se ha salido de su sitio).
- Dificultad para respirar, dolor en el pecho o tos con sangre (pueden ser señales de un coágulo en el pulmón).
- Hinchazón, calor y dolor repentinos en una pantorrilla, a veces con enrojecimiento (puede ser un coágulo en la pierna).
- Fiebre alta, escalofríos o malestar general intenso.
- Herida que supura pus, está muy roja y caliente, o se abre.
- Sangrado abundante que no se detiene, desmayo o confusión.
- ⚠Fiebre baja o enrojecimiento que va en aumento alrededor de la herida.
- ⚠Dolor que aumenta en lugar de mejorar y no cede siguiendo las indicaciones de tu equipo médico.
- ⚠Hinchazón nueva o calor en la pierna operada.
- ⚠Incapacidad para orinar o estreñimiento intenso que no mejora.
- ⚠Movilidad mucho menor de la esperada para el día en que te encuentras.
Síntomas comunes
- Dolor en la ingle, en la parte delantera del muslo o en la zona de la cadera que empeora al caminar, subir escaleras o levantarse de una silla.
- Rigidez: cuesta mover la cadera, ponerse los calcetines y los zapatos, cortarse las uñas de los pies o entrar y salir del coche.
- Cojera o sensación de que una pierna 'no ayuda' al caminar.
- Dolor por la noche o en reposo cuando el desgaste está avanzado.
- Crujidos, chasquidos o sensación de roce al mover la cadera.
- Después de la cirugía es normal tener dolor e hinchazón en la zona operada, cansancio y necesidad de bastones o andador durante algunas semanas.
Causas
Causas principales
- Artrosis: desgaste del cartílago de la cadera con los años, la causa más frecuente.
- Artritis inflamatoria, como la artritis reumatoide, que daña la articulación.
- Fractura de cadera, sobre todo en personas mayores tras una caída.
- Necrosis avascular: cuando el hueso de la cabeza del fémur deja de recibir sangre suficiente y se deteriora.
- Displasia o malformación de la cadera presente desde el nacimiento.
- Secuelas de lesiones antiguas o de cirugías previas en la cadera.
Factores de riesgo
- Edad avanzada.
- Sobrepeso u obesidad, que aumentan la carga sobre la cadera.
- Antecedentes familiares de artrosis o de problemas de cadera.
- Trabajos que exigen cargar peso, agacharse o estar de pie muchas horas.
- Deportes de mucho impacto repetido.
- Lesiones previas en la cadera o en la pierna.
- Poca fuerza muscular y problemas de equilibrio, que favorecen las caídas.
- Huesos débiles (osteoporosis), que aumentan el riesgo de fractura.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- No puedes apoyar la pierna ni caminar después de una caída.
- Dolor repentino muy fuerte en la cadera, con fiebre, o con la articulación muy hinchada y caliente.
- Después de la operación: fiebre, supuración de la herida, dolor en el pecho, dificultad para respirar o hinchazón en la pantorrilla.
Programe una cita de rutina si:
- El dolor de cadera lleva meses limitando tu vida diaria: caminar, dormir, vestirte o salir de casa.
- Cojeas o necesitas apoyarte en algo para caminar.
- El dolor te despierta por la noche.
- Los analgésicos que te han indicado ya no son suficientes o no quieres depender de ellos.
- Quieres hablar de opciones, incluidas la fisioterapia y la cirugía, para decidir con calma.
Diagnóstico
El médico te preguntará dónde duele, cuánto tiempo llevas así, qué cosas has dejado de hacer y cómo afecta a tu vida. Después explorará la cadera: moverá la pierna en distintas posiciones, mirará cómo caminas y comprobará la fuerza y los reflejos. Con eso y una radiografía suele bastar para saber si la articulación está desgastada y si un reemplazo puede ayudarte.
Pruebas que se pueden realizar
- Radiografía de la cadera y la pelvis: muestra el desgaste, el espacio entre los huesos y posibles fracturas.
- Resonancia magnética o tomografía computarizada en algunos casos, para ver mejor los tejidos o planificar la cirugía.
- Análisis de sangre para comprobar tu estado general y descartar otras causas de dolor.
- Valoración preoperatoria si se decide operar: electrocardiograma, análisis y revisión de otras enfermedades y medicamentos.
- En ocasiones, una consulta con el equipo de anestesia para elegir el tipo de anestesia más seguro para ti.
Qué esperar en su cita
El proceso suele ser sencillo y no duele. Es posible que te pidan llevar ropa cómoda y que te hagan varias pruebas el mismo día. Si se plantea la cirugía, tendrás tiempo para preguntar tus dudas y para preparar la casa y la ayuda que vas a necesitar. Anota tus preguntas antes de la consulta: ayuda mucho llevarlas por escrito.
Tratamiento
El tratamiento empieza casi siempre sin cirugía: ejercicio adaptado, fisioterapia, control del peso, ayudas para caminar y medicamentos para el dolor indicados por tu médico. Cuando esto ya no es suficiente, se valora el reemplazo de cadera. La operación se hace en un quirófano y consta, en líneas generales, de estos pasos: primero se elige la anestesia (general o regional) y se coloca a la persona de lado o boca arriba; después se hace una incisión en la parte lateral o delantera de la cadera; se retira la cabeza dañada del fémur y se prepara el centro de la pelvis; se colocan las piezas nuevas —una cavidad en la pelvis, un vástago dentro del fémur y una bola que une ambas— y se comprueba que la cadera se mueva bien y esté estable; por último se cierra la herida. Algunas prótesis se fijan con un cemento especial y otras se dejan para que el hueso crezca alrededor. La mayoría de las personas se levantan con ayuda el mismo día o al día siguiente y empiezan la fisioterapia en el hospital.
Autocuidado en el hogar
- Mantenerte activo con ejercicios suaves que no carguen la cadera, como nadar, caminar en el agua o usar una bicicleta estática.
- Fortalecer los músculos de las piernas y del abdomen con la guía de un fisioterapeuta.
- Cuidar el peso: cada kilo de menos reduce la carga sobre la cadera.
- Usar bastón o andador si te ayuda a caminar con menos dolor y con más seguridad.
- Adaptar la casa: buena luz, retirar alfombras sueltas y objetos del suelo, y poner barras en el baño para prevenir caídas.
- Dormir lo suficiente y hacer pausas si el dolor aparece con la actividad.
Tratamientos médicos
Antes de plantear la cirugía, el equipo médico puede ofrecer varias opciones: medicamentos para el dolor y la inflamación recetados y revisados por tu médico (nunca los tomes por tu cuenta ni cambies la dosis sin consultar), fisioterapia para ganar fuerza y movilidad, ayudas para caminar, medidas de calor o frío y, en algunos casos, inyecciones en la articulación indicadas por un especialista. También se revisan otras enfermedades y los medicamentos que tomas para que todo esté bien controlado. El objetivo es aliviar el dolor y mantenerte activo el máximo tiempo posible.
¿Cuándo se considera la cirugía?
Se suele proponer la cirugía cuando el dolor de cadera es intenso y constante, limita actividades básicas como caminar, dormir o vestirte, y ya no mejora con las demás opciones. También se plantea tras una fractura de cadera o cuando el desgaste es muy avanzado. La decisión es conjunta: tu equipo médico te explicará beneficios, riesgos y alternativas, y tú decides con esa información, tus circunstancias y tu ritmo.
Vivir con esta afección
Las primeras semanas después de la operación necesitarás ayuda para muchas cosas: caminar con andador o bastones, ducharte con seguridad, cocinar o ir a comprar. Es normal cansarse pronto. Poco a poco irás ganando autonomía con la fisioterapia. Tu equipo te dará precauciones concretas según el tipo de cirugía, por ejemplo cómo sentarte, cómo dormir o cómo agacharte, y cuándo puedes volver a conducir o al trabajo. Respeta esas indicaciones y no tengas miedo de preguntar.
Consejos de estilo de vida
- Haz los ejercicios de fisioterapia con constancia, aunque sean pocos minutos varias veces al día.
- Camina a diario distancias cortas e irás aumentando poco a poco.
- Evita por un tiempo las actividades de mucho impacto o los giros bruscos, según te indiquen.
- Mantén la casa ordenada y bien iluminada para no tropezar.
- No fumes: el tabaco retrasa la cicatrización.
- Revisa con tu médico los medicamentos que puedan darte sueño o mareo y aumentar el riesgo de caídas.
Dieta y ejercicio
Una alimentación variada ayuda a recuperarte: incluye proteínas en cada comida (legumbres, huevos, pescado, pollo, lácteos o alternativas vegetales), frutas y verduras, y alimentos ricos en calcio y vitamina D para los huesos. Bebe suficiente agua y toma fibra para evitar el estreñimiento, que es frecuente tras la cirugía y el reposo. En cuanto al ejercicio, el plan habitual combina caminatas cortas, ejercicios de fuerza suave y movilidad guiados por un fisioterapeuta. Con el tiempo, nadar, caminar en el agua o usar una bicicleta estática son muy buenas opciones.
Salud mental y bienestar emocional
Es muy común sentir nervios antes de la operación, y después frustración, impaciencia o bajón de ánimo porque la recuperación va más despacio de lo que uno quisiera. También puede aparecer miedo a moverse o a caerse. Habla de cómo te sientes con tu equipo médico: hay estrategias sencillas que ayudan. Si te sientes muy triste, muy ansioso o tienes pensamientos de hacerte daño, busca ayuda de inmediato: llama a los servicios de emergencia de tu país o a un servicio de apoyo emocional, y cuéntaselo a alguien de confianza.
Prevención
No siempre se puede evitar un reemplazo de cadera, sobre todo cuando hay artrosis o antecedentes familiares. Pero sí se puede reducir el riesgo y retrasar la cirugía: manteniéndote activo, cuidando el peso, fortaleciendo las piernas y el equilibrio, previniendo caídas y protegiendo la salud de los huesos con una alimentación adecuada y el consejo de tu médico.
Programas de detección
No existe una prueba de cribado específica para saber si necesitarás una prótesis. Lo útil son las revisiones periódicas si tienes dolor de cadera persistente, antecedentes familiares de artrosis o factores de riesgo, y consultar pronto si te caes o notas que pierdes movilidad.
Complicaciones
Si no se trata
- El dolor y la rigidez pueden aumentar con el tiempo y limitar cada vez más la vida diaria.
- Puede aparecer cojera y pérdida de fuerza en la pierna.
- Aumenta el riesgo de caídas, sobre todo en personas mayores.
- La vida social y el ánimo pueden resentirse cuando cuesta moverse o salir de casa.
- En casos avanzados, la cirugía puede ser más compleja o la recuperación más lenta.
Pronóstico a largo plazo
La mayoría de las personas operadas nota mucho menos dolor y camina mejor, y muchas recuperan actividades que habían dejado. La recuperación lleva tiempo: las primeras semanas son las más lentas, hacia los 3 meses se suele notar una gran mejoría y la fuerza y la confianza siguen aumentando hasta los 6 meses o más. Como toda cirugía, tiene riesgos —infección, coágulos, luxación o aflojamiento de las piezas, entre otros—, pero son poco frecuentes y el equipo médico toma medidas para prevenirlos. Habla con tu equipo sobre tu caso concreto: te ayudará a tener expectativas realistas y a prepararte bien.
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Fuentes y orientación
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Última actualización: 24 de octubre de 2026
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