Encefalopatía hipóxico-isquémica (EHI) en el recién nacido
Resumen
La encefalopatía hipóxico-isquémica (EHI) es una lesión del cerebro que ocurre cuando un bebé no recibe suficiente oxígeno y suficiente sangre con oxígeno en un momento clave: antes de nacer, durante el parto o justo después de nacer. Vamos por partes: "encefalopatía" significa que el cerebro no está funcionando como debería; "hipóxico" significa que le faltó oxígeno; e "isquémico" significa que le faltó flujo de sangre. Cuando el cerebro se queda sin oxígeno y sin sangre durante un tiempo, algunas de sus células pueden dañarse. La buena noticia es que hoy se detecta antes y se trata mejor que nunca, y muchos bebés con EHI reciben atención temprana que les ayuda a desarrollarse.
Datos clave
- La EHI se presenta sobre todo en recién nacidos, en el momento del parto o en las primeras horas de vida.
- No es una enfermedad contagiosa ni algo que los padres hayan hecho mal.
- El tratamiento empieza en el hospital, muchas veces en una unidad de cuidados intensivos neonatales.
- El seguimiento después del alta es muy importante: revisiones del desarrollo, la audición, la vista y el movimiento ayudan a detectar pronto cualquier necesidad.
No es frecuente. En países con buena atención del embarazo y del parto se calcula que afecta a alrededor de 1 a 2 de cada 1.000 nacimientos. Puede ser más frecuente en lugares donde el acceso a controles prenatales y a atención del parto es más limitado.
Afecta principalmente a bebés recién nacidos, tanto a término (nacidos a las semanas esperadas) como cercanos al término; también puede ocurrir en bebés prematuros. Fuera del periodo neonatal existe algo parecido: cuando un adulto sufre una falta grave de oxígeno, por ejemplo tras un paro cardíaco, un ahogamiento o un atragantamiento, puede tener una lesión cerebral por falta de oxígeno. Ese caso es distinto y se maneja de otra manera.
Síntomas
- Recién nacido que no respira o respira con mucha dificultad.
- Labios o piel azulados, pálidos o grisáceos.
- Bebé que no responde, está muy dormido y no se despierta para comer.
- Convulsiones en un bebé o en un niño.
- Atragantamiento, ahogamiento o paro cardíaco en cualquier persona: llama primero a emergencias e inicia las maniobras de reanimación que conozcas.
- ⚠Bebé que come mucho menos de lo habitual o rechaza el pecho o el biberón.
- ⚠Cambio claro en el tono: muy rígido o muy flácido.
- ⚠Movimientos repetitivos o temblores que no se detienen al sostener al bebé.
- ⚠Vómitos repetidos, fiebre o decaimiento marcado.
Síntomas comunes
- Al nacer, el bebé puede tardar en respirar o necesitar ayuda para empezar a respirar.
- Llanto débil o ausente, y tono muscular bajo: el bebé se siente "blandito" o flácido.
- Poca reactividad, somnolencia marcada o irritabilidad fácil.
- Succión débil o dificultad para alimentarse.
- Reflejos más lentos o distintos de lo esperado.
- En las primeras 24 a 48 horas pueden aparecer convulsiones (movimientos o cambios raros, a veces difíciles de notar).
Síntomas en niños
- Retraso para sentarse, gatear, caminar o hablar.
- Torpeza, rigidez o dificultad para mover una parte del cuerpo.
- Problemas de aprendizaje, atención o lenguaje.
- Convulsiones (crisis epilépticas) en algunos niños.
- Dificultades de visión o de audición.
- Problemas para comer o para ganar peso.
Síntomas en adultos mayores
- La EHI del recién nacido no aparece en la edad adulta. En adultos puede haber una lesión cerebral por falta de oxígeno después de un paro cardíaco, un ahogamiento, un atragantamiento o una caída grave con pérdida de conciencia.
- En esos casos pueden verse confusión, somnolencia, problemas de memoria, dificultad para moverse o hablar, o convulsiones.
- Ante cualquiera de estos signos hay que buscar atención de emergencia de inmediato.
Causas
Causas principales
- Interrupción del flujo de sangre y oxígeno hacia el bebé antes del parto, por problemas de la placenta (por ejemplo, desprendimiento prematuro).
- Problemas con el cordón umbilical: que se salga antes que el bebé, que quede apretado o anudado.
- Complicaciones durante el parto, como un parto muy prolongado, una rotura del útero o dificultad para que salga el hombro del bebé.
- Hemorragias graves o presión arterial muy baja en la madre, que reducen el riego sanguíneo al bebé.
- Infecciones graves en la madre o en el bebé alrededor del parto.
- Contracciones muy intensas y seguidas, a veces relacionadas con medicamentos que las estimulan.
- En algunos casos no se encuentra una causa clara, y eso no significa que nadie haya hecho algo mal.
Factores de riesgo
- Embarazo múltiple (gemelos o más).
- Bebé prematuro o con bajo peso al nacer.
- Preeclampsia u otras condiciones de presión arterial alta en el embarazo.
- Diabetes en el embarazo.
- Fumar, consumir alcohol o drogas durante el embarazo.
- Fiebre o infección durante el embarazo o el parto.
- Haber tenido antes un bebé con un problema parecido.
- Parto de nalgas, cesárea de urgencia o problemas de la placenta.
- Falta de controles prenatales o atención del parto lejos de un hospital preparado para emergencias.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si tu bebé tiene una convulsión, deja de respirar o se pone azulado: llama a emergencias.
- Si notas un cambio claro en su tono muscular, su nivel de alerta o su forma de comer, contacta hoy mismo con el servicio de salud.
- Fiebre en un bebé pequeño, vómitos persistentes o somnolencia que no se puede despertar requieren valoración ese mismo día.
Programe una cita de rutina si:
- Revisión del recién nacido y controles de peso y alimentación.
- Citas de seguimiento del desarrollo: movimiento, lenguaje, audición y visión.
- Consultas con el equipo de atención temprana o rehabilitación si te las han indicado.
- Si notas algo que te preocupa entre cita y cita, no esperes: pregunta a tu pediatra o a tu centro de salud.
Diagnóstico
El diagnóstico se hace en el hospital, poco después del nacimiento. El equipo médico observa cómo respira el bebé, su tono muscular, sus reflejos y su nivel de alerta, revisa lo que pasó durante el embarazo y el parto, y pide pruebas para confirmar y medir la gravedad. A veces, cuando los signos son claros, se inicia el tratamiento de enfriamiento antes de tener todos los resultados.
Pruebas que se pueden realizar
- Exploración física completa y valoración del estado neurológico del bebé.
- Análisis de sangre del cordón umbilical y del bebé para medir el oxígeno y el equilibrio ácido del cuerpo.
- Ecografía cerebral, que es indolora y se puede hacer en la cuna.
- Resonancia magnética (MRI) del cerebro, que da la imagen más detallada de las zonas afectadas.
- Electroencefalograma (EEG) o su versión continua, para detectar convulsiones que a veces no se ven a simple vista.
- Pruebas de audición y de visión antes del alta.
- Seguimiento del desarrollo en los meses y años siguientes.
Qué esperar en su cita
Los primeros días son intensos: tu bebé puede estar en una incubadora, con monitores y con un equipo de profesionales alrededor. Es normal sentirse abrumado y con miedo. Pregunta qué le están haciendo y por qué, pide que te expliquen los resultados en palabras sencillas y anota tus dudas. Tienes derecho a estar informado y a participar en las decisiones.
Tratamiento
El tratamiento empieza lo antes posible, idealmente en las primeras horas de vida, y se centra en dos cosas: proteger el cerebro y mantener al bebé estable mientras se recupera. El equipo trabaja en una unidad de cuidados intensivos neonatales, controlando la respiración, la temperatura, el azúcar en sangre y las convulsiones.
Autocuidado en el hogar
- Participa en los cuidados en la medida que el equipo lo permita: contacto piel con piel, voz suave, tu olor.
- Pregunta por el método de extracción de leche si tu bebé aún no puede mamar, para mantener la producción.
- Anota lo que observes (movimientos, alimentación, sueño) y llévalo a las citas: es información muy valiosa.
- Cuida también tu descanso y tu alimentación; aceptar ayuda de familia y amigos no es un lujo, es parte del cuidado.
- Pide que te expliquen cada paso antes de que ocurra, para que puedas prepararte.
Tratamientos médicos
El tratamiento principal para los bebés con EHI moderada o grave es el enfriamiento controlado: se baja con cuidado la temperatura del cuerpo durante unas horas, siempre en el hospital y con supervisión estrecha, para reducir el daño en el cerebro. Además, el equipo ofrece soporte general: ayuda para respirar si hace falta, control de las convulsiones con medicamentos indicados por el especialista, control del azúcar y de los líquidos, y alimentación adecuada. Después del alta suele recomendarse atención temprana: fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y apoyo del desarrollo, adaptados a lo que cada niño necesite. El plan concreto siempre lo decide el equipo médico que atiende a tu hijo.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía no suele formar parte del tratamiento de la EHI. Puede haber cirugía en situaciones concretas relacionadas con las complicaciones del parto o con otros problemas de salud, y en ese caso el equipo médico explicará por qué y para qué.
Vivir con esta afección
La vida diaria con un niño que tuvo EHI varía mucho según cada caso. Algunos niños no tienen secuelas visibles y solo necesitan revisiones; otros requieren terapias y apoyos. Una rutina clara, con horarios estables para comer, dormir y jugar, ayuda a toda la familia. Celebra los avances pequeños: cada paso cuenta y merece reconocimiento.
Consejos de estilo de vida
- Mantén al día las citas de seguimiento y las terapias; la constancia es una de las mejores herramientas.
- Incluye juego y movimiento en el día a día, adaptados a lo que tu hijo puede hacer.
- Organiza la información: una carpeta con informes y una lista de contactos del equipo médico te ahorrará estrés.
- Pide apoyo escolar si hace falta y comparte con el colegio lo que tu hijo necesita.
- Reserva momentos de descanso para los cuidadores; turnarse ayuda a sostener el esfuerzo a largo plazo.
Dieta y ejercicio
La alimentación debe cubrir las necesidades del niño según su edad y su crecimiento; si hay dificultades para tragar o masticar, un profesional puede orientar sobre texturas y técnicas. El movimiento es igual de importante: el juego activo, la natación o la fisioterapia, adaptados a cada niño, ayudan a la fuerza, el equilibrio y las habilidades motoras. Consulta siempre con el equipo de salud antes de empezar rutinas nuevas.
Salud mental y bienestar emocional
Es muy común sentir miedo, culpa, tristeza o agotamiento, y también es común que aparezcan síntomas de ansiedad o depresión en los padres y cuidadores. Estos sentimientos son comprensibles y no significan debilidad. Habla de lo que sientes con alguien de confianza y pide apoyo psicológico si lo necesitas: forma parte del cuidado de tu hijo. Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño o sientes que no puedes más, busca ayuda urgente llamando a los servicios de emergencia de tu país o a una línea de apoyo en crisis local.
Prevención
La EHI no siempre se puede prevenir, y es importante decirlo claro: cuando ocurre, no es culpa de los padres. Aun así, algunos cuidados reducen el riesgo: controles prenatales regulares, tratar a tiempo la presión arterial alta, la diabetes o las infecciones del embarazo, no fumar ni consumir alcohol o drogas, y dar a luz en un centro preparado para atender emergencias. Durante el parto, la vigilancia del bienestar del bebé permite detectar señales de alarma y actuar rápido.
Vacunas
No existe una vacuna contra la EHI. Mantener al día las vacunas recomendadas durante el embarazo y en la infancia protege frente a infecciones que pueden complicar el embarazo o afectar al bebé; consulta el calendario de tu país.
Programas de detección
El cribado se hace durante el embarazo y el parto: controles prenatales, ecografías, seguimiento del crecimiento y monitorización del bienestar fetal cuando está indicada. Tras el nacimiento, la valoración del recién nacido y las pruebas de audición y visión ayudan a detectar pronto cualquier necesidad.
Complicaciones
Si no se trata
- Parálisis cerebral, que afecta al movimiento y la postura en distintos grados.
- Epilepsia o convulsiones recurrentes.
- Retrasos en el desarrollo y dificultades de aprendizaje.
- Problemas de visión o de audición.
- Dificultades para alimentarse o para ganar peso.
- En los casos más graves, problemas de salud importantes que requieren cuidados intensivos.
Pronóstico a largo plazo
El pronóstico es muy variable y depende de la gravedad de la lesión y del tratamiento recibido. Muchos niños con EHI leve evolucionan bien; otros necesitan apoyos y terapias, y aun así logran grandes avances. La detección temprana y la atención continua marcan una diferencia real. Cada niño tiene su propio ritmo, y acompañarlo con paciencia y buenos apoyos es lo que más ayuda.
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Fuentes y orientación
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Última actualización: 24 de octubre de 2026
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