Infecciones en el hospital: cómo reducir el riesgo
Resumen
Una infección relacionada con la atención sanitaria es una infección que aparece mientras estás ingresado en el hospital o poco después de recibir atención médica, y que no tenías antes de llegar. No significa que el hospital esté sucio: las personas hospitalizadas suelen estar más débiles, se les ponen vías, sondas o se les hacen operaciones, y esas situaciones abren puertas de entrada a los microbios (bacterias, virus u hongos).
Datos clave
- Pueden aparecer durante la estancia en el hospital o días o semanas después del alta. Las más frecuentes son las de heridas quirúrgicas, las urinarias asociadas a sondas, las respiratorias y las del torrente sanguíneo por vías venosas.
- Muchas se pueden prevenir con medidas sencillas y bien probadas: higiene de manos, uso cuidadoso de sondas y vías, buen control de la diabetes y una buena alimentación.
- La mayoría se detectan a tiempo y se curan. Reconocer los síntomas pronto y avisar al equipo sanitario mejora mucho el pronóstico.
Sí, son frecuentes. En hospitales de todo el mundo, una parte de las personas ingresadas presenta una infección relacionada con la atención sanitaria. El riesgo es mayor en cuidados intensivos, tras una operación o cuando se llevan sondas y catéteres. Aun así, la mayoría de los ingresos no acaban en infección.
Cualquier persona puede tener una, pero el riesgo aumenta en bebés prematuros y niños pequeños, en personas mayores, en quienes tienen las defensas bajas (por ejemplo, por quimioterapia o tras un trasplante), en personas con diabetes o enfermedad pulmonar, y en quienes tienen estancias largas, cirugía, quemaduras o dispositivos como sondas, catéteres y tubos.
Síntomas
- Dificultad para respirar, falta de aire en reposo o respiración muy rápida
- Labios, lengua o cara de color azulado o muy pálido
- Confusión repentina, mucha somnolencia o dificultad para despertar
- Fiebre alta con cuello rígido, dolor de cabeza muy intenso o sarpullido que no desaparece al presionar
- Mareo intenso, sudor frío, piel manchada o sensación de desmayo (puede indicar presión arterial muy baja)
- Dolor en el pecho o convulsiones
- Herida con enrojecimiento que se extiende rápidamente o dolor desproporcionado
- No orinar nada en todo el día o vómitos que impiden beber
- ⚠Fiebre de 38 °C o más, o la temperatura que le haya indicado su equipo sanitario
- ⚠Escalofríos repetidos o temblores
- ⚠Herida que supura, huele mal o se ve peor cada día
- ⚠Enrojecimiento o dolor creciente en el punto de entrada de la vía o la sonda
- ⚠Escozor al orinar o sospecha de infección urinaria
- ⚠Diarrea con sangre, muchas deposiciones o vómitos que impiden beber
- ⚠Empeoramiento claro del estado general en pocas horas
Síntomas comunes
- Fiebre o escalofríos, aunque a veces la temperatura es normal o baja
- Sensación de malestar general, cansancio o falta de fuerzas
- Herida o zona operada roja, caliente, hinchada, con pus o con dolor que va en aumento
- Tos, flemas, dolor al respirar hondo o sensación de falta de aire
- Escozor o ardor al orinar, orina turbia o con mal olor, ganas frecuentes de orinar
- Diarrea, dolor de barriga o náuseas
- Enrojecimiento, dolor o hinchazón alrededor del punto donde entra la vía o la sonda
Síntomas en niños
- Fiebre o, al contrario, temperatura más baja de lo habitual
- Irritabilidad, llanto débil o difícil de calmar
- Menos hambre, rechazo del pecho o del biberón
- Menos pañales mojados o signos de deshidratación
- Somnolencia, decaimiento o falta de reacción
- Vómitos, diarrea, sarpullido o cambios en la respiración
- En recién nacidos y prematuros: cualquier cambio brusco de comportamiento merece consulta
Síntomas en adultos mayores
- Confusión nueva, desorientación o somnolencia que antes no tenían
- Caídas o pérdida de equilibrio
- Dejar de comer o beber, o perder peso sin explicación
- Fiebre leve o incluso ausencia de fiebre (la infección puede no dar temperatura alta)
- Incontinencia urinaria nueva o empeoramiento de la que ya tenían
- Debilidad general, apatía o desgana para moverse
Causas
Causas principales
- Microbios que ya viven en tu piel, boca o intestino, o que están en superficies y aparatos del hospital
- Transmisión por las manos del personal sanitario o de las visitas cuando no se limpian bien
- Dispositivos que atraviesan la piel o las mucosas: vías venosas, sondas urinarias, tubos para respirar
- Heridas quirúrgicas, sobre todo en operaciones largas o de urgencia
- Uso prolongado o inadecuado de antibióticos, que puede favorecer microbios resistentes
- Espacios compartidos y estancias largas, con más contacto entre pacientes
Factores de riesgo
- Edad avanzada o ser un bebé prematuro
- Defensas bajas por enfermedad, quimioterapia, trasplante o medicamentos inmunosupresores
- Diabetes, enfermedad pulmonar, enfermedad renal o desnutrición
- Cirugía, especialmente si es larga, urgente o de abdomen
- Estancia prolongada en el hospital o en cuidados intensivos
- Llevar sondas, catéteres, vías venosas o tubos durante varios días
- Uso reciente o prolongado de antibióticos
- Fumar y mal estado físico general antes del ingreso
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Fiebre o escalofríos después del alta, o durante el ingreso
- Herida que se enrojece, supura o duele cada vez más
- Dificultad para respirar o tos con flema de color
- Escozor al orinar o dolor en la parte baja de la barriga
- Vómitos o diarrea que no le dejan beber ni tomar la medicación
- Cansancio extremo o empeoramiento rápido en pocas horas
Programe una cita de rutina si:
- Revisión de la herida o del punto de la vía en los días siguientes al alta
- Cansancio que no mejora o fiebre leve intermitente
- Dudas sobre cómo curar la herida en casa o sobre los medicamentos indicados
- Herida que cierra despacio o supura un poco de forma persistente
- Preguntas sobre vacunas o sobre cuándo volver a la actividad normal
Diagnóstico
El equipo sanitario empieza por escuchar tus síntomas, mirar la herida, la vía o la zona operada, y medir la temperatura y las constantes. Con esa exploración decide si hace falta alguna prueba. No hay una única prueba: se elige según dónde se sospecha la infección.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre, que muestra signos de infección o inflamación
- Cultivos de sangre, orina, flema o líquido de la herida, para saber qué microbio es y qué tratamiento funciona mejor
- Prueba de orina si se sospecha infección urinaria
- Radiografía, ecografía o escáner si se sospecha infección en los pulmones o dentro del abdomen
- Muestra o escobillado de la herida o de la nariz para detectar microbios resistentes
- Revisión del punto de entrada de sondas y catéteres
Qué esperar en su cita
Puede que te tomen la temperatura varias veces al día, te repitan preguntas y tardes uno o dos días en tener el resultado de los cultivos. Es normal. Mientras esperas, el equipo puede poner medidas generales de apoyo. Pregunta siempre qué te están haciendo y por qué, y pide que te lo expliquen en palabras sencillas.
Tratamiento
El tratamiento depende del tipo de infección y del microbio que la causa. Casi siempre incluye medidas de apoyo (líquidos, control del dolor, oxígeno si hace falta, buena alimentación) y, cuando corresponde, medicamentos que solo puede indicar el equipo médico. También se revisan las sondas, vías y heridas: si un dispositivo está causando la infección, puede cambiarse o retirarse.
Autocuidado en el hogar
- Lávate las manos con frecuencia y pide a las visitas que hagan lo mismo antes de acercarse
- No toques la vía, el catéter ni la sonda, y avisa si se mueven, gotean o duelen
- Mantén la herida limpia y seca siguiendo las instrucciones del equipo
- Muévete y respira hondo varias veces al día si el equipo lo permite: ayuda a los pulmones
- Bebe suficientes líquidos y descansa lo necesario
- Toma la medicación exactamente como te la han indicado y termina el tratamiento completo
- No compartas ni guardes medicamentos para otra vez, y no te automediques
- Anota la temperatura y cualquier cambio, y comunícalo al equipo
Tratamientos médicos
Según el microbio y el lugar donde esté la infección, el equipo sanitario puede indicar medicamentos para combatirla (del grupo de los antibióticos, antivirales o antifúngicos), siempre elegidos y dosificados por un profesional. Los cultivos ayudan a escoger el más adecuado y a evitar los que no funcionan. Usar antibióticos cuando no hacen falta o usar los que sobraron de otra vez favorece que los microbios se vuelvan resistentes. Además se vigilan las constantes, la hidratación y el dolor, y se revisan los dispositivos que puedan estar implicados.
¿Cuándo se considera la cirugía?
A veces es necesaria una intervención: drenar un absceso o una colección de pus, limpiar una herida quirúrgica infectada o retirar y cambiar un dispositivo (sonda, catéter o tubo). Es una decisión del equipo médico según cada caso, y se comenta contigo y con tu familia.
Vivir con esta afección
En casa, sigue al pie de la letra las indicaciones del alta y revisa la herida o el punto de entrada de la vía una vez al día, mirando si hay rojo, hinchazón, calor, pus o dolor nuevo. Anota la temperatura si te lo han pedido y presta atención a tu energía, apetito y sueño. Si algo cambia, llama antes de que empeore.
Consejos de estilo de vida
- Higiene de manos frecuente, también en casa, sobre todo antes de tocar la herida
- Ventilar las habitaciones y mantener limpio el entorno
- No fumar y evitar el humo de otros
- Controlar bien la diabetes y otras enfermedades crónicas
- Mantener las vacunas al día
- Retomar la actividad poco a poco, sin prisas
- Evitar aglomeraciones mientras te recuperas
- No compartir toallas, ropa o utensilios mientras haya una herida abierta
Dieta y ejercicio
Come variado y suficiente: las proteínas (huevo, pescado, legumbres, carne, lácteos) y las frutas y verduras ayudan al cuerpo a reparar tejidos y a defenderse. Bebe agua a lo largo del día. Mueve el cuerpo poco a poco según te permita el equipo: caminar suave, ejercicios de respiración y estiramientos ayudan a la circulación y a los pulmones. El descanso también forma parte del tratamiento.
Salud mental y bienestar emocional
Pasar por el hospital y después por una infección puede dejar miedo, cansancio emocional o preocupación por volver a enfermar. Es comprensible y suele mejorar con el tiempo y con apoyo. Hablar con alguien de confianza, escribir lo que sientes o pedir ayuda al equipo de atención primaria puede aliviar mucho. Si la tristeza o la ansiedad no te dejan dormir, comer o hacer tu vida diaria, busca ayuda profesional. Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, llama de inmediato a los servicios de emergencia de tu país o a una línea de apoyo en crisis local.
Prevención
Sí, en gran parte. Muchas infecciones relacionadas con la atención sanitaria se evitan con medidas sencillas y bien estudiadas. Los hospitales tienen programas de control de infecciones justo para eso. Tú también puedes poner de tu parte: lávate las manos a menudo y pide a las visitas que lo hagan al entrar y salir, pregunta por qué llevas una sonda o una vía y cuánto tiempo se prevé, mantén la herida limpia y seca, y avisa a la enfermería si un dispositivo duele, se mueve o está sucio. Antes de una operación, es útil controlar la glucosa, dejar de fumar y estar bien alimentado.
Vacunas
Tener las vacunas al día ayuda a que tu cuerpo llegue más fuerte a una operación o a un ingreso. Pregunta a tu médico o enfermera qué vacunas te corresponden según tu edad, tu estado de salud y el tipo de cirugía; algunas se recomiendan antes de ciertas intervenciones.
Programas de detección
No existe un análisis único para 'detectar' infecciones hospitalarias antes de que aparezcan. Lo que sí existe es la vigilancia: los hospitales registran y revisan las infecciones para mejorar la atención. Antes de algunas cirugías se hacen cultivos o pruebas para detectar microbios resistentes y tratarlos a tiempo.
Complicaciones
Si no se trata
- La infección puede extenderse a la sangre (sepsis), a otros órganos o a capas más profundas de la herida
- Estancias hospitalarias más largas y necesidad de más pruebas o de cirugía
- Recuperación más lenta y más debilidad después del alta
- Mayor riesgo de complicaciones en personas mayores o con defensas bajas
- En casos graves, riesgo para la vida, por eso es importante actuar pronto
Pronóstico a largo plazo
Con detección temprana y tratamiento, la mayoría de las personas se recupera por completo y vuelve a su vida habitual. La clave es no esperar: si algo cambia, avisa. La prevención en los hospitales mejora cada año, y tu colaboración con la higiene de manos y las revisiones también cuenta.
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Última actualización: 24 de octubre de 2026
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