Los riñones: qué son y cómo cuidarlos
Resumen
Los riñones son dos órganos con forma de frijol (o de judía) que están en la parte baja de la espalda, uno a cada lado. Cada día filtran la sangre: sacan los desechos y el agua que sobra, y los convierten en orina. Además, ayudan a controlar la presión arterial, mantienen el equilibrio de sales y minerales, participan en la producción de vitamina D y mandan señales para que la médula ósea fabrique glóbulos rojos (las células que llevan el oxígeno). Cuando decimos "enfermedad de los riñones" o "enfermedad renal" hablamos de que estos filtros funcionan peor de lo normal, poco a poco o de golpe.
Datos clave
- Los riñones filtran aproximadamente toda la sangre del cuerpo muchas veces al día; si fallan, los desechos se acumulan.
- La enfermedad renal crónica suele avanzar despacio y sin dolor, por eso muchas personas no saben que la tienen.
- Con controles sencillos (un análisis de sangre y uno de orina) se puede saber cómo están funcionando los riñones.
- Detectarla a tiempo permite cuidarlos mejor y retrasar mucho su avance.
Sí, la enfermedad renal es bastante común. Se calcula que una de cada diez personas adultas tiene algún grado de pérdida de función renal, y la mayoría en etapas iniciales no lo sabe. La buena noticia es que hoy hay muchas formas de proteger los riñones.
Afecta sobre todo a personas con diabetes o presión arterial alta, que son las dos causas más frecuentes. También es más común en personas mayores, en quienes tienen familiares con enfermedad renal, en personas con obesidad, fumadoras o con problemas del corazón. Puede aparecer a cualquier edad, incluso en niños, aunque en ellos suele deberse a causas distintas, como malformaciones de nacimiento o infecciones urinarias repetidas.
Síntomas
- No poder orinar nada en absoluto, con dolor o hinchazón en la parte baja del abdomen.
- Dificultad para respirar o falta de aire, junto con hinchazón en las piernas o la cara.
- Confusión, somnolencia extrema, convulsiones o pérdida del conocimiento.
- Dolor fuerte en el pecho.
- Fiebre alta con escalofríos, dolor intenso en la espalda o el costado y vómitos: puede ser una infección grave del riñón.
- Sangre abundante en la orina, con mareo o palidez.
- ⚠Sangre en la orina, aunque sea poca.
- ⚠Fiebre con dolor al orinar o dolor en la zona lumbar.
- ⚠Hinchazón nueva en piernas, tobillos o cara.
- ⚠Orina muy espumosa que no desaparece.
- ⚠Cambios claros en la cantidad de orina durante varios días.
- ⚠Ardor o dolor al orinar que no mejora en un par de días.
Síntomas comunes
- En las primeras etapas, muchas veces no hay ningún síntoma.
- Cansancio o falta de energía que no se explica.
- Hinchazón en los tobillos, los pies, las manos o la cara, sobre todo al despertar.
- Orina espumosa o con burbujas que duran, porque puede tener proteína.
- Necesidad de orinar más veces, sobre todo de noche, o notar que se orina menos de lo habitual.
- Picazón en la piel, sequedad o cambios en el color de la piel.
- Falta de apetito, náuseas o sabor metálico en la boca en etapas más avanzadas.
- Dificultad para concentrarse o sentirse más lento de lo normal.
Síntomas en niños
- Hinchazón alrededor de los ojos por la mañana, que mejora durante el día.
- Orinar mucho menos o mojar la cama después de haber dejado el pañal.
- Crecimiento más lento de lo esperado o cansancio al jugar.
- Orina con espuma, con sangre o de color raro.
- Fiebre con dolor de espalda o al orinar, que puede indicar infección urinaria.
- En bebés: poco apetito, vómitos, irritabilidad o deshidratación.
Síntomas en adultos mayores
- Cansancio o debilidad que se confunde con la edad o con otras enfermedades.
- Confusión o somnolencia, sobre todo si hay deshidratación o infección.
- Menos apetito, pérdida de peso o náuseas.
- Hinchazón en las piernas que se atribuye a otras causas.
- Mayor sensibilidad a los medicamentos, porque los riñones los eliminan del cuerpo.
- Infecciones urinarias repetidas o dificultad para orinar.
Causas
Causas principales
- Diabetes: el azúcar alto en sangre daña poco a poco los pequeños filtros de los riñones.
- Presión arterial alta: con el tiempo, la presión fuerte lesiona los vasos del riñón.
- Inflamación del riñón (glomerulonefritis): el propio sistema de defensas ataca al riñón.
- Enfermedad poliquística: una condición hereditaria en la que se forman quistes en los riñones.
- Obstrucciones que bloquean la salida de la orina, como piedras o problemas de próstata.
- Infecciones urinarias repetidas o mal tratadas.
- Uso prolongado de algunos medicamentos, sobre todo ciertos calmantes del dolor, sin control médico.
- Deshidratación grave, pérdidas de sangre importantes o cirugías complicadas que dañan el riñón de forma brusca.
Factores de riesgo
- Tener diabetes o presión arterial alta.
- Tener un familiar cercano con enfermedad renal.
- Ser mayor de 60 años.
- Tener sobrepeso u obesidad.
- Fumar o consumir mucho alcohol.
- Tener enfermedad del corazón o de los vasos sanguíneos.
- Haberse sometido a muchas infecciones urinarias o tener problemas para orinar.
- Tomar de forma habitual medicamentos que pueden dañar el riñón sin supervisión.
- Consumir mucha sal y poca agua a lo largo del tiempo.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si ves sangre en la orina.
- Si tienes fiebre con dolor de espalda o al orinar.
- Si dejas de orinar o produces muy poca orina de forma repentina.
- Si aparece hinchazón nueva en la cara, las manos o las piernas.
- Si tienes dolor fuerte en el costado o en la zona baja de la espalda.
Programe una cita de rutina si:
- Si tienes diabetes o presión arterial alta: pide que te revisen los riñones al menos una vez al año.
- Si notas cansancio, picazón o falta de apetito sin explicación durante semanas.
- Si tu orina es espumosa de forma repetida.
- Si tienes que levantarte varias veces por la noche a orinar.
- Si tienes antecedentes familiares de enfermedad renal y quieres saber cómo estás.
Diagnóstico
El médico empieza escuchando tu historia y midiendo la presión arterial. Con dos pruebas muy sencillas se valora la función de los riñones: un análisis de sangre que mide la creatinina (un desecho que el riñón debe eliminar) y un análisis de orina que busca proteína o albúmina (una señal temprana de daño). Con la creatinina se calcula una cifra llamada filtrado glomerular estimado, que indica qué tan bien filtran los riñones. Según los resultados, el médico puede pedir una ecografía u otras pruebas.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre con creatinina y filtrado glomerular estimado.
- Análisis de orina para detectar proteína o albúmina.
- Cociente albúmina/creatinina en una muestra de orina.
- Ecografía de los riñones para ver su forma, tamaño y si hay quistes, piedras u obstrucciones.
- Medición de la presión arterial y, a veces, control en casa.
- En algunos casos, análisis de sangre adicionales o una biopsia renal (tomar una pequeña muestra del riñón para estudiarla).
Qué esperar en su cita
Las pruebas iniciales son rápidas y no duelen: solo una extracción de sangre y entregar una muestra de orina. Los resultados suelen estar en pocos días. Si aparecen alteraciones leves, es posible que el médico repita los análisis en unos meses para ver la evolución. Nada de esto significa automáticamente que tengas una enfermedad grave: sirve para saber cómo están tus riñones y qué cuidados conviene seguir.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento es proteger los riñones el mayor tiempo posible y evitar que el problema avance. Casi siempre se empieza controlando la causa de fondo, sobre todo la diabetes y la presión arterial, y ajustando hábitos como la alimentación, la sal, el agua y el tabaco. En etapas avanzadas existen tratamientos que sustituyen la función del riñón, como la diálisis o el trasplante, y muchas personas viven bien con ellos durante años.
Autocuidado en el hogar
- Bebe agua suficiente a lo largo del día, salvo que tu médico te indique lo contrario.
- Reduce la sal: evita embutidos, conservas, snacks y comidas preparadas.
- No te automediques con calmantes para el dolor; pregunta siempre a tu farmacéutico o médico.
- Mide tu presión arterial en casa si te lo han recomendado.
- Mantén el azúcar en sangre bajo control si tienes diabetes.
- Deja de fumar y modera el alcohol.
- Mueve el cuerpo todos los días, aunque sea caminando.
- Acude a tus revisiones y lleva tu lista de medicamentos actualizada.
Tratamientos médicos
El médico suele centrarse en controlar la causa y en proteger el riñón. Eso puede incluir medicamentos para bajar la presión arterial, para controlar el azúcar en la diabetes, para reducir la proteína en la orina o para eliminar líquido acumulado (diuréticos). También se tratan las infecciones cuando las hay y se revisan los medicamentos que puedan dañar el riñón, sustituyéndolos si es necesario. Puede recomendarse un plan de alimentación con menos sal, menos potasio o menos fósforo según cada caso. En etapas avanzadas, la diálisis (un procedimiento que filtra la sangre) o el trasplante renal son opciones que se valoran con el equipo médico.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía no es el tratamiento habitual de la enfermedad renal crónica. Se plantea en situaciones concretas: extirpar piedras que bloquean la salida de la orina, corregir una obstrucción, drenar un absceso (acumulación de pus) por una infección grave, o realizar un trasplante de riñón en personas con enfermedad renal avanzada.
Vivir con esta afección
Vivir con los riñones bajo control es, sobre todo, una cuestión de rutina: revisiones periódicas, tomar la medicación indicada, cuidar la alimentación y estar atento a los cambios. Muchas personas llevan una vida prácticamente normal durante años. Aprender a leer las etiquetas de los alimentos, planificar las comidas y anotar tus cifras de presión ayuda mucho. Pide a tu equipo de salud un plan claro y por escrito, y no dudes en preguntar lo que no entiendas.
Consejos de estilo de vida
- Mantén un peso saludable sin dietas extremas.
- Camina o haz ejercicio suave de forma regular, según tu capacidad.
- Duerme bien y descansa cuando tu cuerpo lo pida.
- Evita el alcohol en exceso y no fumes.
- Pide revisión de todos tus medicamentos, incluidos los que compras sin receta y las hierbas.
- Vacúnate según te recomiende tu equipo de salud.
- Lleva un cuaderno con tus cifras y síntomas para las consultas.
Dieta y ejercicio
La alimentación es una herramienta muy útil para cuidar los riñones. En general se recomienda reducir la sal, elegir alimentos frescos, moderar las carnes procesadas y los refrescos, y ajustar el potasio o el fósforo solo si tu médico o dietista lo indica, porque cada persona necesita algo distinto. El ejercicio regular, adaptado a tu energía, ayuda a controlar la presión, el azúcar y el peso; caminar, nadar o hacer bicicleta estática suelen ser buenas opciones. Un dietista con experiencia en riñón puede ayudarte a hacer un plan realista y sabroso.
Salud mental y bienestar emocional
Es normal sentir miedo, cansancio o tristeza cuando te hablan de los riñones. La incertidumbre y las citas médicas frecuentes desgastan, y muchas personas se sienten solas con la preocupación. Hablar de lo que sientes con alguien de confianza, con tu médico o con un profesional de salud mental ayuda mucho. Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño o sientes que no puedes más, busca ayuda urgente: en España puedes llamar al 112 y, en otros países, a los servicios de emergencia locales; también existen líneas de apoyo emocional en tu zona que tu centro de salud puede indicarte.
Prevención
Muchos casos de enfermedad renal se pueden prevenir o retrasar bastante. Las dos claves son controlar la diabetes y la presión arterial, y llevar una vida activa, con poca sal, sin tabaco y con un peso saludable. También ayuda no abusar de los calmantes para el dolor sin control médico, beber suficiente agua y tratar a tiempo las infecciones urinarias.
Vacunas
Las personas con problemas renales pueden tener más riesgo de infecciones. Habla con tu médico o enfermera sobre qué vacunas te conviene tener al día según tu edad, tu país y tu estado de salud; ellos te darán el calendario adecuado a tu caso.
Programas de detección
Si tienes diabetes, presión arterial alta, antecedentes familiares de enfermedad renal o más de 60 años, conviene revisar los riñones con un análisis de sangre y uno de orina al menos una vez al año. Es una prueba sencilla que puede detectar el problema cuando todavía no hay síntomas y hay mucho margen para actuar.
Complicaciones
Si no se trata
- La función de los riñones puede ir bajando poco a poco hasta la enfermedad renal avanzada.
- Acumulación de líquido en el cuerpo, con hinchazón y dificultad para respirar.
- Anemia (falta de glóbulos rojos), que produce cansancio y palidez.
- Cambios en los huesos y en los minerales del cuerpo, con dolor o fragilidad.
- Mayor riesgo de problemas del corazón y de los vasos sanguíneos.
- Necesidad de diálisis o de un trasplante en las etapas más avanzadas.
- Alteraciones en el equilibrio de sales y potasio, que pueden ser peligrosas.
Pronóstico a largo plazo
La mayoría de las personas con enfermedad renal detectada a tiempo pueden cuidar sus riñones durante muchos años y mantener una buena vida. Cambiar hábitos, controlar la presión y el azúcar, y acudir a las revisiones marca una gran diferencia. Si la enfermedad avanza, la diálisis y el trasplante son tratamientos consolidados que permiten seguir adelante con proyectos, trabajo y familia. Con acompañamiento médico y apoyo cercano, hay motivos reales para la esperanza.
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Última actualización: 24 de octubre de 2026
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