Diálisis: qué es y cómo ayuda cuando los riñones fallan
Resumen
La diálisis es un tratamiento que hace el trabajo de los riñones cuando estos ya no pueden limpiar la sangre por sí solos. Los riñones sanos filtran los desechos y el exceso de líquido, y los eliminan por la orina. Cuando los riñones pierden esa capacidad, la diálisis actúa como un filtro externo: saca de la sangre los desechos y el agua que sobra, y ayuda a mantener en equilibrio sustancias como el potasio y el sodio. Existen dos formas principales: la hemodiálisis, que limpia la sangre a través de una máquina, y la diálisis peritoneal, que usa una membrana natural del abdomen como filtro. La diálisis no cura la enfermedad renal, pero sí permite vivir más tiempo y con mejor calidad de vida, y muchas personas pueden llevar una vida activa mientras la reciben.
Datos clave
- La diálisis sustituye parte del trabajo de los riñones, pero no los cura: es un tratamiento de reemplazo.
- Existen dos tipos principales: hemodiálisis (con una máquina, normalmente en un centro) y diálisis peritoneal (se hace en casa, muchas veces mientras se duerme).
- La hemodiálisis suele hacerse varias veces por semana y cada sesión dura algunas horas; la diálisis peritoneal se hace casi todos los días con intercambios de líquido.
- El trasplante de riñón es otra opción para algunas personas y puede ofrecer mejores resultados a largo plazo cuando es posible.
- Con buena alimentación, cuidado del acceso (el punto por donde se conecta el tratamiento) y controles regulares, muchas personas en diálisis mantienen una vida activa.
Sí, es un tratamiento frecuente. Millones de personas en el mundo reciben diálisis, y el número ha crecido en las últimas décadas, en gran parte porque cada vez hay más personas con diabetes y presión arterial alta, que son las causas más comunes de enfermedad renal avanzada.
Afecta a personas cuya función renal ha bajado mucho de forma permanente (enfermedad renal crónica avanzada) o de forma repentina (lesión renal aguda grave). Suele aparecer en adultos, y con más frecuencia a partir de los 60 años, pero también puede afectar a jóvenes y, en algunos casos, a niños. Las personas con diabetes o hipertensión de larga duración son las más afectadas.
Síntomas
- Dificultad grave para respirar o sensación de ahogo en reposo.
- Dolor en el pecho, presión en el pecho o desmayo.
- Convulsiones o pérdida de conciencia.
- Sangrado abundante que no se detiene en el punto de acceso (fístula, catéter o zona de diálisis peritoneal).
- Fiebre alta con escalofríos, enrojecimiento, calor o pus en la zona del acceso: puede ser una infección grave.
- Confusión repentina, debilidad en un lado del cuerpo o dificultad para hablar.
- ⚠Aumento rápido de peso (por ejemplo, más de lo que le han indicado en pocos días) con más hinchazón y menos orina.
- ⚠Vómitos que no permiten comer ni beber ni tomar la medicación indicada.
- ⚠Calambres muy fuertes o debilidad muscular marcada.
- ⚠Fiebre sin causa clara, aunque no haya síntomas en el acceso.
- ⚠El acceso (fístula o catéter) deja de vibrar o de hacer el ruido habitual, o duele y está hinchado.
- ⚠Líquido de diálisis peritoneal que sale turbio, con dolor abdominal o fiebre.
Síntomas comunes
- Cansancio intenso y sensación de falta de energía para las tareas diarias.
- Hinchazón en piernas, tobillos, pies, cara o manos por retención de líquidos.
- Aumento de peso rápido por líquido acumulado y menos cantidad de orina.
- Picor en la piel, piel seca y cambios en el color de la piel.
- Náuseas, mal sabor en la boca, falta de apetito y pérdida de peso sin proponérselo.
- Falta de aire al caminar o al estar acostado.
- Dificultad para dormir, somnolencia durante el día y problemas de concentración.
- Calambres musculares, sobre todo en las piernas, y sensación de inquietud en las piernas.
- Durante las sesiones de diálisis puede aparecer mareo, bajada de la presión, calambres o cansancio al terminar; el equipo de salud suele ajustar el tratamiento para reducirlo.
Síntomas en niños
- Crecimiento más lento de lo esperado y poco aumento de peso.
- Cansancio, irritabilidad o menos ganas de jugar.
- Náuseas, vómitos o rechazo a la comida.
- Hinchazón en párpados, pies o abdomen, y orina escasa.
- Dificultad para concentrarse en la escuela.
- En niños, el equipo de nefrología pediátrica adapta el tratamiento y el apoyo familiar es clave.
Síntomas en adultos mayores
- Cansancio extremo y debilidad general, a veces confundidos con la edad o con otras enfermedades.
- Confusión, desorientación o somnolencia que puede aparecer o empeorar después de una sesión.
- Más riesgo de caídas, sobre todo después del tratamiento o por bajadas de presión.
- Pérdida de apetito y de masa muscular (debilidad y menos fuerza).
- Picor intenso, piel muy seca y más facilidad para las infecciones.
- Es importante revisar con el equipo médico otros problemas de salud y todos los medicamentos que se toman.
Causas
Causas principales
- Diabetes de larga duración que daña los pequeños vasos del riñón (nefropatía diabética).
- Presión arterial alta mantenida durante años, que va desgastando el riñón.
- Glomerulonefritis y otras enfermedades inflamatorias del riñón.
- Enfermedad renal poliquística y otras enfermedades hereditarias del riñón.
- Lesión renal aguda grave: por ejemplo, por deshidratación extrema, infecciones graves, cirugía mayor o ciertos medicamentos.
- Obstrucción prolongada de las vías urinarias (por cálculos o problemas de próstata, entre otros).
- Consumo prolongado de sustancias o medicamentos que dañan el riñón, siempre valorado por un profesional.
Factores de riesgo
- Tener diabetes o presión arterial alta, sobre todo si no están bien controladas.
- Antecedentes familiares de enfermedad renal o de diálisis.
- Edad avanzada: el riñón pierde algo de función con los años.
- Enfermedad cardiovascular, obesidad o tabaquismo.
- Uso repetido de medicamentos que pueden afectar al riñón sin control médico (por ejemplo, analgésicos tomados con frecuencia durante mucho tiempo).
- Haberse recuperado de una lesión renal aguda previa.
- Tener otra enfermedad crónica que afecte al riñón, como lupus o infecciones repetidas.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si le han dicho que tiene la función del riñón baja y presenta hinchazón nueva, mucho menos orina o falta de aire.
- Si nota que el acceso (fístula o catéter) duele, se hincha, supura o deja de vibrar.
- Si tiene vómitos repetidos, no puede comer ni beber o se marea mucho.
- Si aparece fiebre después de una sesión o en los días siguientes.
- Si el líquido de la diálisis peritoneal sale turbio o tiene dolor de barriga.
Programe una cita de rutina si:
- Para revisar cómo van sus análisis de sangre y orina si tiene diabetes, hipertensión o antecedentes familiares de enfermedad renal.
- Si nota cansancio que no mejora, picor en la piel o hinchazón que va y viene.
- Si tiene dudas sobre su dieta, sus líquidos o cómo tomar sus medicamentos.
- Antes de empezar cualquier medicamento nuevo, incluidos los que se compran sin receta, consulte con su equipo de salud.
- Para hablar con calma sobre las opciones de tratamiento, incluido el trasplante, y sobre cómo se siente emocionalmente.
Diagnóstico
El diagnóstico empieza por la historia clínica y un examen físico, y se confirma con análisis de sangre y de orina que muestran cómo está funcionando el riñón. El equipo médico calcula la función renal (una estimación de cuánto filtran los riñones) y revisa los desechos y los minerales en la sangre. Cuando la función baja mucho y aparecen síntomas o problemas que el riñón ya no puede controlar, se plantea la diálisis. La decisión se toma entre usted y su equipo de nefrología, explicando ventajas, molestias y alternativas, incluido el trasplante cuando sea posible.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre para medir creatinina, urea, potasio, fósforo y otros valores.
- Cálculo del filtrado glomerular estimado, que indica de forma aproximada cuánto filtran los riñones.
- Análisis de orina para buscar proteínas y otras alteraciones.
- Ecografía del riñón y de las vías urinarias para ver su tamaño y forma.
- En algunos casos, otras pruebas de imagen o una biopsia del riñón (tomar una pequeña muestra para estudiarla).
- Valoración de las venas del brazo y del abdomen para planificar el acceso de la diálisis.
- Revisión del corazón y de otros problemas de salud antes de empezar el tratamiento.
Qué esperar en su cita
Las pruebas suelen ser sencillas y muchas se hacen con una simple extracción de sangre o una ecografía indolora. Los resultados pueden tardar unos días. Es normal sentirse abrumado al hablar de diálisis: pida que le expliquen todo con calma y por escrito si lo necesita. Puede ser útil ir acompañado a las citas, anotar sus preguntas y pedir una segunda opinión si lo desea.
Tratamiento
El tratamiento de la enfermedad renal avanzada busca sustituir parte del trabajo del riñón, controlar los síntomas y mantener la mejor calidad de vida posible. Las opciones principales son la hemodiálisis, la diálisis peritoneal y el trasplante de riñón. La elección depende de su estado de salud, de su vida diaria, de sus preferencias y de lo que sea posible en su centro sanitario. Además del tratamiento de reemplazo, se cuidan la alimentación, los líquidos, la presión arterial, los huesos y las vacunas, y se trata cualquier problema asociado.
Autocuidado en el hogar
- Siga las indicaciones del equipo sobre cuánto líquido puede beber y cómo repartirlo durante el día.
- Cuide muy bien el acceso de diálisis: lávelo con agua y jabón, no lo golpee, no cargue peso del lado de la fístula y revíselo cada día.
- Pésese siempre a la misma hora y anote el peso para detectar retención de líquidos.
- Tome solo los medicamentos que le hayan indicado y consulte antes de usar cualquier producto nuevo, incluidos los de herbolario.
- Acuda a todas las sesiones programadas y a los controles; avisar a tiempo de un problema evita complicaciones.
- Mantenga sus vacunas al día según le recomiende su equipo de salud.
- Duerma lo suficiente y haga actividad física suave y adaptada si su equipo lo aprueba.
- Pida ayuda cuando la necesite: familia, amigos y asociaciones de pacientes pueden aliviar mucho la carga.
Tratamientos médicos
El tratamiento de reemplazo renal se planifica de forma individual. En la hemodiálisis, la sangre pasa por un circuito externo que la limpia y vuelve al cuerpo; se suele hacer en un centro varias veces por semana, aunque también existe la opción domiciliaria en algunos lugares. En la diálisis peritoneal, se introduce un líquido limpio en el abdomen a través de un catéter, se deja un tiempo y luego se retira junto con los desechos; muchas personas lo hacen en casa, a veces por la noche con una máquina. El equipo también ajusta la alimentación, los líquidos y otros aspectos de la salud, como la presión arterial, el calcio y el fósforo, y trata la anemia y otros problemas asociados con las medidas que considere adecuadas. Nunca empiece ni cambie un medicamento por su cuenta: consulte siempre con su equipo de nefrología.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía puede formar parte del tratamiento en varios momentos. Antes de empezar la hemodiálisis suele crearse una fístula arteriovenosa, que es una conexión entre una vena y una arteria del brazo para que el acceso sea más seguro y duradero; también puede colocarse un catéter. Para la diálisis peritoneal se coloca un catéter en el abdomen mediante una intervención sencilla. Y el trasplante de riñón es una cirugía que puede ofrecer mejores resultados a largo plazo en las personas que son candidatas. Su equipo le explicará beneficios, riesgos y cuidados.
Vivir con esta afección
La vida con diálisis suele organizarse alrededor de las sesiones y de una rutina de cuidados. Muchas personas acuden al centro varios días a la semana y aprovechan esos ratos para leer, escuchar algo o descansar. Otras hacen el tratamiento en casa y necesitan un espacio ordenado y limpio. Planificar la semana con antelación, tener los materiales a mano y anotar peso, tensión y cómo se siente ayuda a sentirse con más control. También es posible viajar: si lo planea con tiempo, su equipo puede ayudarle a organizar sesiones en otro lugar.
Consejos de estilo de vida
- Mantenga horarios regulares de sueño y descanso, y reserve momentos de calma en el día.
- Evite el tabaco y limite o evite el alcohol, siguiendo las indicaciones de su equipo.
- Haga actividad física suave y adaptada (caminar, estiramientos) si su equipo lo aprueba.
- Cuide la piel con jabones suaves y cremas hidratantes sin perfume para reducir el picor.
- Lleve siempre consigo información sobre su tratamiento y el teléfono de su centro.
- Reparta las tareas y pida ayuda con las cargas del hogar cuando sea necesario.
- Mantenga sus citas y análisis, y lleve una lista actualizada de sus medicamentos.
Dieta y ejercicio
La alimentación es una parte muy importante del tratamiento, pero no es igual para todos: su equipo o su dietista le indicarán qué necesita. En general se suele controlar el líquido total del día, moderar la sal para evitar la sed y la hinchazón, y ajustar el potasio (presente en frutas como el plátano o la naranja y en algunos vegetales) y el fósforo (presente en lácteos, frutos secos y algunos procesados). También se cuida que haya suficiente proteína. Nada de esto debe hacerlo por su cuenta: pida un plan personalizado. En cuanto al ejercicio, caminar, nadar suave o hacer estiramientos puede ayudar al ánimo, al corazón y a los músculos; empiece poco a poco y consulte antes si tiene alguna limitación.
Salud mental y bienestar emocional
Es muy comprensible sentir tristeza, miedo, enfado o cansancio emocional con la diálisis. El tratamiento cambia rutinas, quita tiempo y puede afectar al trabajo, a la economía y a las relaciones. Muchas personas tienen altibajos, y eso no significa que no puedan con ello. Hablar de lo que siente con su equipo, con alguien de confianza o con un profesional de salud mental ayuda mucho. Si en algún momento aparecen pensamientos de no querer seguir viviendo o de hacerse daño, pida ayuda de inmediato: sus emociones importan y existen servicios de apoyo en crisis. En España puede llamar al 112 en una urgencia; en su país, busque el número de emergencias local o el teléfono de apoyo emocional de su zona.
Prevención
No siempre se puede evitar la diálisis, pero sí se puede reducir mucho el riesgo de llegar a ella. Lo más importante es prevenir y controlar bien la diabetes y la presión arterial alta, que son las causas más frecuentes de enfermedad renal avanzada. También ayuda llevar una alimentación equilibrada, mantenerse activo, no fumar, mantener un peso saludable y revisar con un profesional cualquier medicamento que se tome de forma habitual, sobre todo los analgésicos. Si ya tiene una enfermedad renal, un buen seguimiento puede retrasar durante años la necesidad de diálisis.
Vacunas
Las personas con enfermedad renal y en diálisis suelen tener más riesgo de infecciones, por lo que el equipo de salud suele recomendar mantener al día las vacunas habituales y algunas específicas, como las de la gripe, el neumococo y la hepatitis B. Pregunte en su centro de salud o a su farmacéutico qué vacunas le corresponden según su edad, su país y su situación de salud.
Programas de detección
La enfermedad renal al principio no da síntomas, por eso las pruebas son tan valiosas. Si tiene diabetes, presión arterial alta, enfermedad cardiovascular o antecedentes familiares de enfermedad renal, hable con su equipo de salud sobre hacer análisis de sangre y de orina de forma periódica. Una sencilla prueba de creatinina en sangre y de proteínas en orina puede detectar el problema en fases tempranas, cuando todavía se puede frenar.
Complicaciones
Si no se trata
- Acumulación de desechos y de líquido en el cuerpo, con hinchazón y falta de aire.
- Niveles peligrosamente altos de potasio en la sangre, que pueden afectar al corazón.
- Problemas graves de corazón y de circulación por la sobrecarga de líquido.
- Anemia y debilidad por falta de producción de glóbulos rojos.
- Debilidad de los huesos y problemas musculares por alteraciones del calcio y del fósforo.
- Infecciones y otras complicaciones relacionadas con el acceso de diálisis.
- Desnutrición y pérdida de masa muscular si la alimentación no se adapta.
- Malestar emocional intenso, ansiedad o depresión.
Pronóstico a largo plazo
El pronóstico varía mucho de una persona a otra, pero la diálisis permite vivir durante años y, sobre todo, vivir con dignidad y con proyectos. Muchas personas mantienen su trabajo, sus aficiones y sus vínculos, y algunas llegan a recibir un trasplante, que puede mejorar aún más su calidad de vida. El seguimiento cercano, el cuidado del acceso, la alimentación adaptada y el apoyo emocional marcan una gran diferencia. Hable con su equipo sobre sus metas: el objetivo no es solo el tratamiento, sino que usted se sienta lo mejor posible.
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Última actualización: 3 de noviembre de 2026
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