Reparación endovascular del aneurisma de aorta torácica
Resumen
La aorta es la arteria más grande del cuerpo: lleva la sangre desde el corazón hacia el resto del organismo. El tramo que pasa por el pecho se llama aorta torácica. Un aneurisma aparece cuando una zona de esa pared se debilita y se ensancha, como un globo que se hincha poco a poco. Si crece mucho, la pared puede romperse, y eso es una emergencia. La reparación endovascular es un procedimiento que refuerza esa zona desde dentro de la propia arteria, sin abrir el pecho. Se introduce un tubo delgado (catéter) por una arteria de la ingle y se lleva hasta la aorta una prótesis con forma de tubo, llamada endoprótesis o stent recubierto. Esa prótesis queda fija dentro de la aorta y hace que la sangre circule por dentro de ella, sin seguir empujando la zona débil.
Datos clave
- Muchas personas con un aneurisma de aorta torácica no sienten nada; a menudo se descubre por casualidad en una prueba de imagen hecha por otro motivo.
- La reparación endovascular suele hacerse con una pequeña incisión en la ingle, en lugar de abrir el pecho.
- La mayoría de las personas se levanta y camina al cabo de uno o dos días, aunque la recuperación completa lleva varias semanas.
- Después del procedimiento hacen falta revisiones con pruebas de imagen a lo largo de la vida para comprobar que todo sigue bien.
Los aneurismas de la aorta torácica son menos frecuentes que los de la aorta abdominal. Aun así, son un motivo habitual de cirugía vascular en personas mayores. La buena noticia es que hoy se detectan antes y se tratan con técnicas menos invasivas que hace unos años.
Es más frecuente en hombres mayores de 65 años, en personas que fuman o han fumado y en quienes tienen la presión arterial alta. También puede aparecer en personas más jóvenes con enfermedades hereditarias del tejido conectivo, como el síndrome de Marfan, o con ciertas malformaciones del corazón presentes desde el nacimiento.
Síntomas
- Dolor repentino, muy intenso y desgarrador en el pecho, la espalda o entre los omóplatos.
- Desmayo, mareo muy fuerte o sensación de que se va a perder el conocimiento.
- Sudor frío, palidez y pulso muy rápido o muy débil.
- Dificultad repentina para respirar o para hablar.
- Pérdida de fuerza o de sensibilidad en las piernas.
- Si tienes alguno de estos síntomas, llama de inmediato a los servicios de emergencia. En España el número es el 112; en otros países, usa el número de emergencias local.
- ⚠Dolor nuevo en el pecho o en la espalda que no cede con el reposo.
- ⚠Ronquera o dificultad para tragar que aparece de un día para otro.
- ⚠Fiebre con dolor de espalda en alguien que ya sabe que tiene un aneurisma.
- ⚠Vómito con sangre o heces negras, que pueden indicar un sangrado digestivo.
- ⚠Notar que el pulso o el bulto de la zona cambia de forma o se vuelve doloroso.
Síntomas comunes
- En la mayoría de los casos no hay ningún síntoma.
- Dolor sordo o presión en el pecho o en la parte alta de la espalda.
- Ronquera o cambios en la voz, por la presión sobre los nervios de la zona.
- Dificultad para tragar.
- Tos persistente o sensación de opresión en el pecho.
- En ocasiones, falta de aire al hacer esfuerzos.
Síntomas en niños
- Es muy poco frecuente en la infancia.
- Cuando aparece, suele relacionarse con enfermedades hereditarias del tejido conectivo, con válvulas del corazón o arterias mal formadas desde el nacimiento, o con antecedentes familiares.
- En estos casos, el seguimiento lo hace un equipo especializado y las revisiones suelen ser más frecuentes.
Síntomas en adultos mayores
- Es el grupo en el que se diagnostica con más frecuencia, por el desgaste natural de la pared de la arteria.
- Años de presión arterial alta o de tabaquismo aumentan el riesgo.
- Es habitual que se descubra en una prueba de imagen pedida por otro motivo, como un estudio del corazón o del pulmón.
- Los síntomas pueden confundirse con los de otras enfermedades, por eso conviene comentarlos con el equipo de salud.
Causas
Causas principales
- Desgaste de la pared de la aorta con los años, llamado degeneración.
- Aterosclerosis: acumulación de grasa, colesterol y calcio en la pared de la arteria.
- Enfermedades hereditarias del tejido conectivo, como el síndrome de Marfan o el de Ehlers-Danlos, que hacen que los tejidos sean más frágiles.
- Inflamación de la aorta (aortitis) por enfermedades inflamatorias o por infecciones.
- Traumatismos graves en el pecho, por ejemplo en un accidente de tráfico.
- Malformaciones presentes desde el nacimiento, como la válvula aórtica bicúspide o la coartación de aorta.
Factores de riesgo
- Fumar o haber fumado: es el factor más importante y el que más se puede cambiar.
- Presión arterial alta.
- Edad avanzada.
- Ser hombre.
- Colesterol alto.
- Antecedentes familiares de aneurisma o de muerte súbita por causas cardiovasculares.
- Enfermedad pulmonar crónica, como la EPOC.
- Consumo de cocaína u otras drogas estimulantes.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Dolor súbito y muy fuerte en el pecho o la espalda: llama a emergencias sin esperar.
- Desmayo o sensación de desmayo con sudor frío y palidez.
- Dificultad de repente para respirar, hablar o mover las piernas.
- Fiebre y dolor de espalda si ya tienes un aneurisma diagnosticado.
Programe una cita de rutina si:
- Si te han dicho que tienes un aneurisma y notas cualquier cambio en tus síntomas.
- Para no faltar a las revisiones con pruebas de imagen que te hayan programado.
- Si tienes antecedentes familiares de aneurisma o una enfermedad del tejido conectivo, para valorar cómo hacer el seguimiento.
- Antes de empezar un deporte de mucho esfuerzo o un trabajo con levantamiento de peso, si tienes un aneurisma conocido.
- Si notas mucha ansiedad o preocupación por el diagnóstico.
Diagnóstico
La mayoría de los aneurismas de aorta torácica se descubren con una prueba de imagen hecha por otro motivo. Una vez detectado, el equipo mide su tamaño exacto, su forma y su localización, y revisa también la aorta en su conjunto. Con esa información se decide si basta con vigilarlo o si conviene tratarlo. La reparación endovascular se planifica con estudios de imagen detallados para elegir la prótesis adecuada.
Pruebas que se pueden realizar
- Tomografía computarizada (TC) con contraste: es la prueba más usada para medir el aneurisma y planificar el tratamiento.
- Resonancia magnética (RM): útil sobre todo en personas más jóvenes o cuando hay que vigilar durante años sin radiación.
- Ecocardiograma transesofágico: una ecografía del corazón y de la aorta hecha desde el esófago, que está justo al lado.
- Radiografía de tórax: puede dar una pista, aunque por sí sola no confirma el diagnóstico.
- Ecografía abdominal o del cuello: para revisar otros tramos de la aorta, porque los aneurismas a veces aparecen en más de un lugar.
- Análisis de sangre generales y, si hay sospecha de enfermedad hereditaria, valoración por genética.
Qué esperar en su cita
Las pruebas de imagen no duelen. Para la TC con contraste se administra un líquido de contraste por una vena, que puede dar una sensación de calor pasajero; si tienes problemas de riñón o alergias, avisa antes. Los resultados suelen comentarse en una consulta, y es buena idea ir acompañado y con tus dudas anotadas en un papel.
Tratamiento
El tratamiento depende del tamaño del aneurisma, de si crece rápido y de si da síntomas. Si es pequeño, lo habitual es vigilarlo con pruebas de imagen cada cierto tiempo y controlar bien la presión arterial y el resto de factores de riesgo. Si es grande, crece deprisa o da síntomas, se valora repararlo. La reparación endovascular es una de las dos opciones principales; la otra es la cirugía abierta, en la que se abre el pecho. El equipo médico elige según la forma de la aorta, la edad y la salud general de cada persona.
Autocuidado en el hogar
- Dejar de fumar es lo más importante que puedes hacer por tu aorta; pide apoyo si lo necesitas.
- Controla tu presión arterial en casa si te lo indican y anota los valores para llevarlos a la consulta.
- Sigue las revisiones con pruebas de imagen aunque te sientas bien.
- Toma la medicación que te hayan indicado sin cambiarla por tu cuenta; si algo te sienta mal, consúltalo.
- Antes de tomar antiinflamatorios u otros productos de venta libre, pregunta en la farmacia o a tu equipo de salud.
- Lleva contigo una nota o tarjeta que diga que tienes una prótesis en la aorta, y avisa de ello en cualquier prueba o cirugía.
- Cuida tus dientes y encías: las infecciones de la boca pueden afectar a las prótesis vasculares.
Tratamientos médicos
Los medicamentos no hacen desaparecer un aneurisma, pero ayudan mucho a que no crezca. Se usan sobre todo para bajar la presión arterial y el colesterol, y el equipo de salud elige el que mejor se adapta a cada persona. Nunca empieces, cambies ni dejes un tratamiento por tu cuenta: la dosis y el tipo de medicamento los ajusta un profesional. Además del tratamiento médico, el control del tabaco, la alimentación y el movimiento diario forman parte del cuidado.
¿Cuándo se considera la cirugía?
Se suele plantear la reparación cuando el aneurisma alcanza un tamaño determinado (con frecuencia alrededor de 5 a 5,5 centímetros en la aorta torácica), cuando crece rápido en pocos meses o cuando aparece dolor u otros síntomas. La reparación endovascular no siempre es posible: depende de la forma y la ubicación del aneurisma y de las arterias que lo rodean. En algunos casos el equipo recomienda cirugía abierta. La decisión se toma en conjunto entre el equipo médico y la persona, valorando riesgos y beneficios.
Vivir con esta afección
Después de una reparación endovascular, la mayoría de las personas vuelve a su vida habitual en pocas semanas. Al principio hay cansancio y algo de molestia en la ingle, y conviene evitar esfuerzos fuertes y levantar peso durante un tiempo; te dirán cuándo puedes retomar cada actividad. Con el tiempo, lo que más importa es mantener las revisiones al día, controlar la presión arterial y no fumar. Tener un aneurisma suele convivir con otras revisiones del corazón y de los vasos, así que es útil organizar las citas y llevar un registro de los resultados.
Consejos de estilo de vida
- No fumar y evitar el humo de segunda mano.
- Mantener la presión arterial en los valores que te indiquen.
- Moverse a diario con actividades suaves, como caminar, salvo indicación distinta del equipo médico.
- Evitar el consumo excesivo de alcohol.
- Dormir lo suficiente y manejar el estrés.
- Acudir a las revisiones y a las pruebas de imagen programadas.
Dieta y ejercicio
Una alimentación variada, con verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, y con menos sal, ultraprocesados y bebidas azucaradas, ayuda a cuidar la presión arterial y el colesterol. En cuanto al ejercicio, caminar y nadar son buenas opciones. Tras el procedimiento, el equipo te dirá cuánto tiempo esperar antes de levantar peso o hacer esfuerzos intensos. Si practicas deportes de mucho esfuerzo o levantas peso en el trabajo, coméntalo para que te orienten.
Salud mental y bienestar emocional
Es normal sentir miedo o preocupación al enterarse de que se tiene un aneurisma, y también antes y después del procedimiento. Muchas personas temen el esfuerzo físico o están pendientes de cada molestia. Hablar de ello con el equipo de salud, con la familia o con otras personas que han pasado por lo mismo suele ayudar mucho. Si la ansiedad o el ánimo bajo te impiden hacer tu vida normal, pide ayuda profesional: es parte del tratamiento. Si en algún momento sientes que no puedes con la situación, busca apoyo en los servicios de salud mental de tu zona o llama a los servicios de emergencia de tu país.
Prevención
No siempre se puede prevenir, sobre todo cuando hay una causa hereditaria. Pero hay mucho que sí depende de ti: no fumar, controlar la presión arterial y el colesterol, moverse a diario, comer de forma equilibrada y evitar el consumo de drogas estimulantes. Estas medidas reducen el riesgo de que un aneurisma aparezca y, si ya existe, ayudan a que no crezca.
Vacunas
Las vacunas habituales recomendadas para tu edad, como la de la gripe o la del neumococo, ayudan a evitar infecciones respiratorias que pueden complicar la recuperación. Pregunta en tu centro de salud qué vacunas te corresponden según tu edad y tu estado de salud.
Programas de detección
No existe un programa de cribado para toda la población. Sí se recomienda revisar la aorta con una ecografía o una tomografía a las personas con antecedentes familiares de aneurisma, con enfermedades hereditarias del tejido conectivo o con ciertas malformaciones cardíacas. Tu equipo de salud valorará si en tu caso conviene hacer estas pruebas.
Complicaciones
Si no se trata
- Rotura de la aorta: es una emergencia grave, con dolor súbito muy intenso y riesgo para la vida.
- Disección de aorta: la pared interna de la arteria se desgarra y la sangre se abre camino entre las capas.
- Compresión de estructuras cercanas, que puede causar ronquera, dificultad para tragar o falta de aire.
- Formación de coágulos dentro del aneurisma, que pueden viajar a otras zonas del cuerpo.
- Después del procedimiento pueden aparecer complicaciones, como fugas alrededor de la prótesis, desplazamiento de la prótesis, problemas en los vasos de la ingle o, con poca frecuencia, daño en la médula espinal. El equipo médico vigila todo esto en las revisiones.
Pronóstico a largo plazo
El pronóstico suele ser bueno cuando el aneurisma se detecta a tiempo y se controla. La reparación endovascular es una técnica consolidada y muchas personas se recuperan bien y vuelven a su vida habitual. Lo más importante es mantener el seguimiento y cuidar los factores de riesgo. Cada caso es distinto, así que pregunta a tu equipo médico qué esperan en el tuyo: tener información clara ayuda a vivir con más tranquilidad.
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Última actualización: 3 de noviembre de 2026
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