Terapia de presión negativa para heridas (cierre por vacío)
Resumen
La terapia de presión negativa para heridas es un tratamiento que ayuda a que una herida cicatrice más rápido. Se coloca sobre la herida un apósito (una gasa especial) sellado con un plástico transparente, y de ahí sale un tubito conectado a una bomba pequeña. La bomba hace un poco de succión, es decir, aspira suavemente el aire y los líquidos de la herida. Esa succión constante ayuda a limpiar la herida, a que baje la hinchazón y a que crezca tejido nuevo. También se le llama «cierre por vacío» o «terapia de vacío».
Datos clave
- No es una enfermedad: es una forma de tratar heridas que cicatrizan despacio o que son grandes y profundas.
- El apósito y la bomba pueden cambiarse en el hospital, en una clínica o en casa con la ayuda de personal de salud capacitado.
- La bomba hace un ruido suave y funciona con batería o con electricidad, así que muchas personas pueden moverse y caminar con ella.
- El tratamiento no duele por sí mismo, pero el cambio del apósito puede ser incómodo; se puede pedir alivio del dolor antes del cambio.
Sí, es bastante común. Se usa mucho en hospitales, en clínicas de heridas y también en el domicilio, sobre todo en heridas que no cierran con los cuidados habituales.
Puede usarse en personas de cualquier edad con una herida que cicatriza mal. Es más frecuente en personas con diabetes, con problemas de circulación, que pasan mucho tiempo en cama o en silla de ruedas, en personas mayores, y en quienes han tenido una cirugía grande o una quemadura.
Síntomas
- Sangrado abundante que no se detiene con presión suave.
- Fiebre alta con escalofríos, confusión o sensación de desmayo.
- Enrojecimiento que se extiende rápido por la piel, con calor y dolor intenso.
- Dificultad para respirar, dolor en el pecho o latidos muy rápidos.
- La herida se abre y se ve tejido profundo, o aparece pus con olor fuerte y muy mal aspecto.
- ⚠Fiebre moderada o malestar general que empeora en un día.
- ⚠Aumento claro del dolor, del enrojecimiento o de la hinchazón alrededor de la herida.
- ⚠La bomba no enciende, no hace succión o suena una alarma que no se puede resolver.
- ⚠El apósito se despega, pierde el sellado o se sale el tubo.
- ⚠Vómitos o diarrea que impiden comer o beber con normalidad.
Síntomas comunes
- La herida puede supurar más al principio, y lo que sale se ve rosado o amarillento: es normal y la succión lo recoge.
- Puede haber una sensación de tirantez, picazón leve o molestia en la zona donde está pegado el apósito.
- Algunas personas sienten un cosquilleo o pulso suave cuando la bomba está funcionando.
- El cambio del apósito puede doler un poco, sobre todo si la herida está muy sensible.
Síntomas en niños
- Los niños pequeños pueden asustarse con el ruido de la bomba o con el tubo; conviene explicarles con calma y con palabras sencillas qué es.
- Pueden quejarse de picazón o molestia al quitar el apósito.
- Hay que vigilar que no jalen el tubo ni la bomba mientras juegan.
Síntomas en adultos mayores
- La piel mayor suele ser más frágil, así que el apósito puede irritar la piel de alrededor con más facilidad.
- Pueden aparecer moretones o enrojecimiento en la piel que rodea la herida.
- Es importante revisar la piel alrededor cada vez que se cambia el apósito.
- Puede costar más moverse con la bomba; conviene adaptar el espacio de la casa.
Causas
Causas principales
- Se usa cuando una herida cicatriza muy despacio o se queda estancada, sin avanzar.
- Heridas grandes o profundas, por ejemplo después de una cirugía o de una infección grave.
- Úlceras por presión (llagas) en personas que pasan mucho tiempo en cama o sentadas.
- Úlceras del pie en personas con diabetes.
- Quemaduras y heridas donde se ha puesto un injerto de piel.
- Heridas que producen mucho líquido y necesitan mantenerse limpias y secas.
- Heridas en las que la piel no se puede cerrar con puntos de inmediato.
Factores de riesgo
- Diabetes, sobre todo si los niveles de azúcar no están bien controlados.
- Mala circulación sanguínea en las piernas o en los pies.
- Pasar mucho tiempo en cama o en silla de ruedas sin cambiar de posición.
- Desnutrición o pérdida de peso sin querer.
- Fumar, que reduce el oxígeno que llega a la piel.
- Obesidad, que aumenta la presión en ciertas zonas del cuerpo.
- Tener las defensas bajas por una enfermedad o por un tratamiento médico.
- Edad avanzada y piel frágil.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si la herida empeora en lugar de mejorar en uno o dos días.
- Si aparece fiebre, escalofríos o se siente muy mal.
- Si el dolor aumenta mucho o el enrojecimiento se extiende.
- Si la bomba deja de funcionar o el apósito se despega y no puede volver a sellarse.
- Si hay sangrado nuevo o sale un líquido con olor desagradable.
Programe una cita de rutina si:
- En cada visita programada para cambiar el apósito y revisar la herida.
- Si tiene dudas sobre cómo usar la bomba, cómo bañarse o cómo moverse con el equipo.
- Si nota que la piel alrededor de la herida se irrita o le molesta el adhesivo.
- Si necesita hablar sobre el dolor durante los cambios de apósito.
- Si tiene preguntas sobre la alimentación o sobre cómo cuidarse en casa.
Diagnóstico
No hay una prueba única. El profesional de salud mira la herida, la mide y decide si la terapia de presión negativa puede ayudarle. También revisa su salud general, su circulación y si hay señales de infección. En algunos casos pide análisis o una muestra de la herida antes de empezar.
Pruebas que se pueden realizar
- Examen visual y medición de la herida: tamaño, profundidad y aspecto del tejido.
- Revisión de la piel de alrededor y de los bordes de la herida.
- Cultivo de la herida: se toma una muestra con un hisopo para ver si hay gérmenes.
- Análisis de sangre para revisar infección, azúcar, nutrientes y funcionamiento general.
- Estudios de imagen, como radiografía o ecografía, si se sospecha que la infección llegó más profundo.
- Valoración de la circulación en brazos y piernas.
Qué esperar en su cita
El primer paso suele ser limpiar la herida y, si hace falta, retirar el tejido dañado. Después se coloca el apósito especial, se sella con un plástico transparente y se conecta el tubo a la bomba. La succión se ajusta según el tipo de herida. El cambio de apósito se hace cada cierto número de días, según lo indique el equipo de salud, y en cada cambio se revisa cómo va la cicatrización.
Tratamiento
La terapia combina dos cosas: la succión suave de la bomba y los cuidados de la herida. El objetivo es mantener la herida limpia, con menos líquido y con mejores condiciones para que crezca tejido nuevo. El tratamiento dura hasta que la herida haya mejorado lo suficiente, y luego se puede pasar a otra forma de curación o a cerrarla con cirugía.
Autocuidado en el hogar
- Siga las indicaciones del equipo de salud sobre cuánto tiempo debe estar encendida la bomba cada día.
- No moje el apósito ni la bomba: pregunte cómo ducharse de forma segura.
- No jale el tubo ni levante el apósito por su cuenta.
- Revise que el sellado esté bien pegado y sin arrugas.
- Anote si la bomba suena distinto o se apaga, y avise al equipo de salud.
- Tome suficiente líquido y coma bien, con alimentos variados, para ayudar a que la herida cicatrice.
- Cambie de posición con frecuencia si pasa mucho tiempo sentado o en cama.
- Lávese las manos antes y después de tocar el equipo.
Tratamientos médicos
El equipo de salud limpia la herida, retira el tejido muerto cuando es necesario y coloca el apósito con sellado. La bomba aplica una succión continua o intermitente, según lo que necesite la herida. Los cambios de apósito los hace personal capacitado, en el hospital, en la clínica o en casa. Si hay infección, el profesional decide si hace falta algún tratamiento para combatirla; nunca se tome medicamentos por su cuenta ni se aplique productos en la herida sin consultar. También se revisa el dolor y se ofrece alivio antes de los cambios cuando es necesario.
¿Cuándo se considera la cirugía?
A veces se necesita cirugía para limpiar bien la herida, retirar tejido dañado o cerrarla. La terapia de presión negativa puede usarse antes de una cirugía para preparar la zona, o después de un injerto de piel para protegerlo y ayudar a que se integre. Su profesional valorará si este paso es necesario en su caso.
Vivir con esta afección
La vida diaria sigue siendo posible con la bomba. El equipo es pequeño y muchas personas lo llevan colgado de un cinturón o dentro de una bolsa. Al principio hay que acostumbrarse al ruido y al tubo, pero la mayoría lo integra pronto en su rutina. Conviene organizar los cambios de apósito con anticipación y tener a mano el número de contacto del equipo de salud.
Consejos de estilo de vida
- Duerma con la bomba cerca y con el tubo sin dobleces.
- Use ropa cómoda y holgada que no presione el apósito.
- Evite tirar del tubo al vestirse, al caminar o al subir al coche.
- Mantenga la batería cargada y tenga repuestos disponibles si su equipo lo permite.
- Pida ayuda para las tareas que puedan tirar del apósito.
- Avise a su familia o a las personas con quienes vive cómo se apaga y se enciende la bomba, por si necesitan ayuda.
Dieta y ejercicio
Comer bien es parte del tratamiento: la piel necesita proteínas, vitaminas y suficiente agua para cicatrizar. Se recomienda una alimentación variada, con frutas, verduras, legumbres, huevos, pescado o carne, según su cultura y sus gustos. Si tiene diabetes, mantenga el azúcar controlado. El movimiento también ayuda a la circulación: camine o muévase dentro de lo que le permita su herida y su salud, y pregunte al equipo qué ejercicios son seguros para usted.
Salud mental y bienestar emocional
Es normal sentir vergüenza, cansancio o preocupación por la herida y por el equipo. Algunas personas se sienten aisladas porque evitan salir con la bomba. Estos sentimientos son válidos y suelen mejorar cuando se habla de ellos. Si la tristeza, la ansiedad o la desesperanza duran varias semanas o le impiden hacer su vida normal, busque apoyo profesional: hable con su médico de confianza o con un servicio de salud mental de su zona. Si en algún momento piensa en hacerse daño, busque ayuda de inmediato: llame a los servicios de emergencia de su país (por ejemplo, el 112 en España) o acuda al servicio de urgencias más cercano.
Prevención
Esta terapia es un tratamiento, no una enfermedad, así que no se previene como tal. Lo que sí se puede prevenir son muchas de las heridas que la necesitan: revisar la piel cada día, cambiar de posición con frecuencia, cuidar los pies si hay diabetes, proteger la piel de la humedad y de la presión, y tratar pronto cualquier herida pequeña antes de que empeore.
Vacunas
Mantener las vacunas al día ayuda a prevenir infecciones. Pregunte a su profesional de salud si necesita refuerzo de la vacuna contra el tétanos, sobre todo si ha tenido una herida con tierra o un objeto sucio, y si le corresponden otras vacunas según su edad o su salud.
Programas de detección
Las revisiones periódicas ayudan a detectar a tiempo problemas que pueden llevar a heridas difíciles. Si tiene diabetes, revise sus pies a diario y acuda a las revisiones recomendadas. Si pasa mucho tiempo en cama o en silla de ruedas, pida que le revisen la piel en cada visita. Si tiene problemas de circulación, pregunte a su profesional de salud cada cuánto conviene controlarse.
Complicaciones
Si no se trata
- La herida puede infectarse y extenderse a tejidos más profundos.
- Puede aumentar el dolor y la cantidad de líquido que sale de la herida.
- La cicatrización puede retrasarse mucho más.
- En casos graves, la infección puede llegar al hueso o a la sangre.
- Puede ser necesaria una cirugía mayor e incluso, en situaciones extremas, la pérdida de una parte del pie o de la pierna.
Pronóstico a largo plazo
En la mayoría de los casos la terapia ayuda a que la herida mejore de forma visible en pocas semanas, aunque el tiempo depende de cada persona y del tipo de herida. Muchas heridas tratadas así logran cerrarse o quedar listas para un cierre definitivo. El acompañamiento del equipo de salud y los cuidados en casa hacen una gran diferencia. Si algo no avanza como se esperaba, hay otras opciones de tratamiento para probar.
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Última actualización: 3 de noviembre de 2026
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