Microcirugía endoscópica transanal (TEM): qué es y qué esperar
Resumen
La microcirugía endoscópica transanal, conocida como TEM por sus siglas en inglés, es un tipo de cirugía que sirve para extirpar crecimientos o tumores pequeños que están en el recto, es decir, en la última parte del intestino grueso, cerca del ano. Lo especial de esta técnica es que el cirujano no abre el abdomen: introduce un instrumento delgado con una cámara y herramientas muy finas a través del ano. Así puede ver la lesión ampliada en una pantalla y quitarla con mucha precisión, con menos molestias y una recuperación más rápida que con una cirugía abierta.
Datos clave
- Se usa sobre todo para quitar pólipos grandes que no se pueden extirpar con la colonoscopia habitual y para tumores muy iniciales del recto.
- No requiere cortar la pared del abdomen: el acceso es a través del ano, por lo que las cicatrices externas son mínimas o no existen.
- Suele necesitar anestesia general o regional y una estancia corta en el hospital, con revisión médica después para vigilar que todo cure bien.
No es una operación que se haga todos los días, pero tampoco es rara. Se realiza en hospitales con equipos especializados en digestivo y cirugía, y se reserva para lesiones que cumplen ciertas condiciones de tamaño, localización y tipo. Su uso ha crecido en los últimos años porque permite tratar lesiones rectales precoces sin una cirugía mayor.
Se practica principalmente en personas adultas, y es más frecuente a partir de los 50 años, porque los pólipos y los tumores del recto aparecen más con la edad. Puede afectar tanto a hombres como a mujeres. En personas jóvenes se realiza menos, pero también puede indicarse si se encuentra una lesión que lo justifica. Antes de proponerla, el equipo médico valora el estado general de la persona y otras enfermedades que pueda tener.
Síntomas
- Sangrado rectal abundante que no se detiene y se acompaña de mareo, sudor frío, palidez o desmayo.
- Dolor abdominal muy intenso y repentino, con el vientre duro y fiebre alta.
- Vómitos con sangre o heces negras y pegajosas junto con debilidad marcada.
- Después de una operación: fiebre alta, escalofríos intensos y malestar general grave.
- ⚠Sangrado rectal que continúa o aumenta durante más de un día.
- ⚠Fiebre después de la cirugía.
- ⚠Dolor en aumento en la zona operada, con hinchazón o enrojecimiento.
- ⚠No poder expulsar gases ni heces, con hinchazón y molestias en el abdomen.
- ⚠Vómitos persistentes o incapacidad para retener líquidos.
Síntomas comunes
- Sangre roja en las heces o en el papel higiénico, o sangre que gotea después de evacuar.
- Moco mezclado con las heces.
- Cambios en el ritmo intestinal: estreñimiento nuevo, diarrea o heces más finas de lo habitual.
- Sensación de no haber terminado de evacuar, o de necesitar ir al baño varias veces sin resultado.
- Molestias o dolor leve en la zona del recto o al sentarse.
- Cansancio y palidez si la pérdida de sangre es pequeña pero constante durante semanas.
Síntomas en niños
- En los niños, las lesiones del recto que se tratan con esta técnica son muy poco frecuentes.
- Si un niño tiene sangre en las heces, suele deberse a otras causas, como estreñimiento con fisuras o infecciones, que se valoran de otra manera.
- Cualquier sangrado rectal en un niño debe consultarse con su pediatra; no se debe asumir que es normal.
Síntomas en adultos mayores
- Los pólipos y tumores rectales son más frecuentes con la edad, por lo que esta técnica se usa más en personas mayores.
- Puede haber otras enfermedades (del corazón, pulmón o riñón) que el equipo médico revisa antes de la operación para elegir el mejor momento y la mejor forma de anestesia.
- Los síntomas pueden confundirse con hemorroides o estreñimiento crónico, así que conviene no restar importancia a un sangrado nuevo o que cambia de patrón.
- La recuperación puede necesitar más apoyo y seguimiento cercano en casa.
Causas
Causas principales
- Pólipos o adenomas del recto: crecimientos benignos (no cancerosos) que pueden volverse problemáticos con el tiempo si no se quitan.
- Tumores muy iniciales del recto, cuando la lesión está limitada a las capas más superficiales.
- Otras lesiones menos frecuentes, como pequeños tumores de tipo neuroendocrino o zonas de tejido cicatricial que estrechan el recto.
- En algunos casos, lesiones que no se pudieron quitar del todo durante una colonoscopia por su tamaño o su posición.
Factores de riesgo
- Tener más de 50 años.
- Antecedentes familiares de pólipos o de cáncer de colon o recto.
- Enfermedades inflamatorias del intestino de larga duración, como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn.
- Estilo de vida con poca fibra en la dieta, consumo frecuente de carnes procesadas, tabaco y alcohol.
- Sobrepeso u obesidad y falta de actividad física habitual.
- Haber tenido pólipos en el pasado.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Sangrado rectal importante, repetido o con coágulos.
- Dolor abdominal fuerte con fiebre o con el vientre hinchado y duro.
- Cambio brusco del ritmo intestinal que dura más de dos o tres semanas, sobre todo con sangre o moco.
- Pérdida de peso sin explicación junto con molestias digestivas.
- Después de la cirugía: fiebre, dolor que va a más, sangrado o incapacidad para evacuar.
Programe una cita de rutina si:
- Sangrado leve al evacuar que se repite varias veces.
- Sensación de no vaciar el intestino del todo o necesidad frecuente de ir al baño.
- Estreñimiento nuevo o que cambia de forma en una persona adulta.
- Antecedentes familiares de cáncer colorrectal: conviene hablarlo aunque no haya síntomas, para valorar programas de cribado.
- Dudas sobre si una lesión rectal detectada necesita o no tratamiento quirúrgico.
Diagnóstico
Antes de plantear esta cirugía, el equipo médico necesita saber exactamente qué tipo de lesión hay, dónde está y qué tan profunda es. Todo empieza con una conversación sobre tus síntomas y tus antecedentes, seguida de una exploración del recto y, casi siempre, de una colonoscopia con toma de muestras (biopsia). Con esa información y otras pruebas de imagen se decide si la microcirugía transanal es una buena opción en tu caso.
Pruebas que se pueden realizar
- Exploración del recto con el dedo enguantado, para notar la posición y la consistencia de la lesión.
- Colonoscopia: un tubo flexible con cámara que permite ver todo el intestino grueso y tomar muestras de tejido.
- Biopsia: análisis de un trocito de la lesión en el laboratorio para saber si es benigna o maligna.
- Ecografía endoscópica del recto: un aparato que emite ondas de sonido para ver cuántas capas de la pared rectal están afectadas.
- Resonancia magnética de la pelvis, para ver con detalle la zona y los ganglios cercanos.
- Análisis de sangre, que puede incluir hemograma y otras pruebas generales.
- Valoración preoperatoria: electrocardiograma, radiografía de tórax y estudios de anestesia según tu salud.
Qué esperar en su cita
El proceso puede llevar varias visitas y, a veces, repetir alguna prueba. Es normal sentir impaciencia, pero este estudio detallado es lo que permite operar con seguridad y evitar cirugías mayores innecesarias. Pregunta todo lo que necesites: cuántas pruebas faltan, para qué sirve cada una y cuánto tardarás en tener resultados. Puedes ir acompañado a las consultas y pedir que te expliquen lo mismo dos veces si hace falta.
Tratamiento
La microcirugía transanal es en sí misma el tratamiento de la lesión. Se realiza en un quirófano, con anestesia general o regional (dormido o adormecido de cintura para abajo). El cirujano coloca un instrumento especial a través del ano, llena la zona con gas para ver bien y extirpa la lesión con herramientas muy precisas, dejando la herida cerrada o cubierta según el caso. La operación suele durar entre una y dos horas y muchas personas vuelven a casa en uno o dos días, aunque esto varía según cada hospital y cada persona.
Autocuidado en el hogar
- Sigue las indicaciones de tu equipo sobre cuándo volver a comer y beber; al principio suele ser una dieta ligera y progresiva.
- Camina y muévete con suavidad desde el primer día, evitando esfuerzos y cargar peso durante las primeras semanas.
- Mantén la zona limpia y seca, y cambia las compresas o apósitos como te indiquen.
- Evita el estreñimiento: bebe suficiente agua y toma fibra según te recomienden, para no forzar al evacuar.
- No uses supositorios, enemas ni cremas en la zona sin consultarlo antes.
- Toma la medicación para el dolor tal como te la indiquen y no dudes en llamar si el dolor no cede.
- Acude a las revisiones programadas aunque te sientas bien: son parte del tratamiento.
Tratamientos médicos
Antes y después de la cirugía, el equipo puede indicar medicamentos para el dolor, para prevenir infecciones o para facilitar el tránsito intestinal, siempre ajustados a tu caso; no te automediques ni tomes nada que no hayan autorizado. Si la lesión resulta ser un tumor en etapa muy inicial, el equipo de especialistas revisará el resultado del laboratorio y decidirá si hace falta alguna medida adicional o solo un seguimiento cercano. En lesiones benignas, la extirpación suele ser suficiente. Todo el plan se adapta a los hallazgos y a tu estado general.
¿Cuándo se considera la cirugía?
Se propone esta técnica cuando la lesión está en el recto, es de tamaño moderado y no se ha extendido en profundidad, y cuando una extirpación por colonoscopia no es segura o no es posible. También puede plantearse en personas que no podrían tolerar una cirugía mayor por su estado de salud. Si la lesión es más extensa o compromete otras estructuras, el equipo valorará otras opciones quirúrgicas y te explicará por qué.
Vivir con esta afección
Las primeras semanas piden algo de calma: es posible notar molestias al sentarse, urgencia para ir al baño o cambios temporales en el control de los gases. Suelen mejorar poco a poco. Vuelve a tus actividades de forma gradual, empieza por paseos cortos y evita esfuerzos intensos hasta que tu equipo te lo autorice. Muchas personas retoman el trabajo de oficina en dos o tres semanas, y los trabajos con esfuerzo físico necesitan más tiempo.
Consejos de estilo de vida
- Mantén una rutina de comidas regulares y horarios de baño tranquilos, sin prisas.
- Evita el tabaco y reduce el alcohol.
- Haz ejercicio suave de forma constante, adaptado a tu recuperación.
- Anota cómo evolucionas y llévalo a la revisión: ayuda a resolver dudas y a detectar cambios.
- Pide ayuda para las tareas de casa durante las primeras semanas.
Dieta y ejercicio
Una alimentación con abundante fibra (frutas, verduras, legumbres y cereales integrales) y suficiente agua ayuda a que las heces sean blandas y a proteger la zona operada. Ve introduciendo estos alimentos poco a poco si al principio te sientan pesados. Algunas personas notan gases o urgencia con ciertos alimentos; si te pasa, prueba a reducir temporalmente los más flatulentos y coméntalo en la consulta. El movimiento diario, aunque sea caminar, favorece la circulación y el tránsito intestinal. Es mejor un paseo corto cada día que un esfuerzo grande de vez en cuando.
Salud mental y bienestar emocional
Es muy frecuente sentir miedo antes de una operación y preocupación por los resultados, por si el control del intestino volverá a la normalidad o por lo que dirá la biopsia. También puede aparecer vergüenza al hablar de esta parte del cuerpo. Todo eso es comprensible y no deberías cargarlo en silencio. Hablar con alguien de confianza, escribir tus dudas para llevarlas a la consulta y pedir información clara ayuda mucho. Si la ansiedad o el desánimo se alargan y afectan a tu sueño o a tu día a día, coméntalo con tu equipo de salud: hay apoyo psicológico disponible.
Prevención
No siempre se puede evitar la aparición de pólipos o tumores rectales, pero sí se puede reducir el riesgo y, sobre todo, detectarlos cuando son pequeños y fáciles de tratar. Los hábitos saludables y las revisiones programadas son las herramientas más útiles. Si ya te han extirpado una lesión, el seguimiento con colonoscopia según el calendario que te indiquen es la mejor forma de prevenir recaídas o nuevas lesiones.
Vacunas
No existe una vacuna contra los pólipos ni contra el cáncer de recto. Sí conviene mantener al día las vacunas recomendadas para tu edad y situación de salud, porque ayudan a llegar a una cirugía en las mejores condiciones; pregunta en tu centro de salud.
Programas de detección
Los programas de cribado de cáncer colorrectal suelen ofrecerse a partir de cierta edad (con frecuencia entre los 50 y los 75 años, con variaciones según el país y tus antecedentes). Habitualmente consisten en una prueba sencilla para detectar sangre en las heces y, si sale positiva, una colonoscopia. Si tienes antecedentes familiares, síntomas o enfermedad inflamatoria intestinal, puede recomendarse empezar antes. Pregunta en tu centro de salud cuál es el programa de tu zona y si te corresponde.
Complicaciones
Si no se trata
- Un pólipo grande puede seguir creciendo y, con los años, algunas lesiones tienen más probabilidad de volverse cancerosas.
- Un tumor inicial puede avanzar hacia capas más profundas del recto o hacia los ganglios, complicando el tratamiento.
- El sangrado continuo puede causar anemia, con cansancio, falta de aire y palidez.
- Una lesión que crece puede estrechar el recto y provocar estreñimiento intenso o dolor al evacuar.
Pronóstico a largo plazo
En la mayoría de los casos, esta técnica consigue extirpar la lesión completa y la recuperación es buena. Como en toda cirugía, puede haber molestias pasajeras, sangrado leve o cambios temporales en el ritmo intestinal, que suelen mejorar. El equipo te explicará los riesgos concretos de tu caso y cómo se van a prevenir. Después de la operación harás revisiones periódicas para confirmar que todo está bien. Tener un diagnóstico claro y un tratamiento a tiempo es una buena noticia: hoy estas lesiones se abordan con más precisión y con menos molestias que antes.
Encontrar apoyo
Los enlaces externos abren sitios web de terceros. Ruqelo no se hace responsable del contenido externo. Incluir una organización no implica respaldo.
Verifica siempre la información con tu médico
Las recomendaciones de salud difieren según el país y la región. Esta página es educación general y puede no coincidir con las guías, los medicamentos o la práctica del lugar donde vive. Comente sus dudas con su médico o profesional de salud y siga las recomendaciones locales cuando existan.
Aviso importante Esta información es solo con fines educativos. No reemplaza el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Siempre consulte a un proveedor de atención médica calificado sobre su situación específica. Si está experimentando una emergencia médica, llame a los servicios de emergencia locales de inmediato.
Condiciones relacionadas
Fuentes y orientación
Ninguna guía nombra este tema
Aquí no se cita ninguna guía de salud ni capítulo clínico que nombre exactamente este tema. Esta página es solo para educación e información general. No es un diagnóstico, un plan de tratamiento ni un consejo médico personal. Consulte a su médico y siga su consejo. Si los síntomas son graves, repentinos o preocupantes, busque atención médica pronto y, en una emergencia, llame al número local de emergencias. Ruqelo LLC no es responsable de las consecuencias médicas o legales de las decisiones basadas en esta información.
Última actualización: 3 de noviembre de 2026
Nota educativa: Esta información es solo para educación y no es un diagnóstico.
Úsela para apoyar, no reemplazar, el consejo de un profesional de salud con licencia.
Si los síntomas son graves, empeoran o son urgentes, llame al número de emergencias local o busque atención de urgencia.
Guidance may differ by country or region. Confirm local recommendations with a qualified healthcare provider.