Cirugía torácica asistida por video (VATS)
Resumen
La cirugía torácica asistida por video, conocida como VATS (por sus siglas en inglés), es una forma de operar dentro del pecho sin abrir una herida grande. El cirujano hace dos o tres cortes pequeños entre las costillas, de unos pocos centímetros, y por ahí introduce una cámara delgada con luz, llamada videotoracoscopio, y unas herramientas finas y alargadas. La cámara muestra el interior del pecho en una pantalla y el cirujano trabaja guiándose por esas imágenes. Sirve para mirar, para tomar muestras (biopsias) y también para tratar algunos problemas de los pulmones y de la pleura, que es la membrana fina que recubre los pulmones y la pared del pecho. Como se entra por cortes pequeños en lugar de abrir el tórax, suele doler menos, deja cicatrices más pequeñas, se sale antes del hospital y la recuperación es más rápida que con la cirugía abierta.
Datos clave
- Es una cirugía 'mínimamente invasiva': se hace con cortes pequeños y una cámara, en vez de una incisión grande.
- Sirve tanto para diagnosticar (tomar una muestra y estudiarla) como para tratar (por ejemplo, drenar líquido o aire, o extirpar una parte pequeña de pulmón).
- Se realiza en un quirófano, con anestesia general (estás dormido y no sientes dolor), y normalmente implica quedarse unos días en el hospital.
Sí, es una técnica muy utilizada hoy en día en los hospitales. En muchos centros se ha convertido en la primera opción para buena parte de las operaciones de tórax, siempre que el caso lo permita.
Puede indicarse en personas adultas de casi cualquier edad. Es más frecuente en adultos y en personas mayores, porque muchas de las situaciones que se tratan así, como los nódulos pulmonares, el líquido alrededor del pulmón o el pulmón que se desinfla, aparecen más a medida que se cumplen años. También se realiza en niños y adolescentes en centros especializados, aunque con menos frecuencia y por motivos distintos.
Síntomas
- Dificultad muy intensa para respirar, o sentir que no entra aire.
- Dolor fuerte y repentino en el pecho, sobre todo si va con sudoración, mareo o desmayo.
- Labios, cara o dedos azulados o muy pálidos.
- Toser sangre en cantidad.
- Después de la operación: dolor que empeora de golpe, mucha falta de aire, o salida de aire o líquido abundante por la herida.
- ⚠Fiebre de 38 °C o más después de la cirugía.
- ⚠Enrojecimiento, hinchazón, calor o supuración en las heridas.
- ⚠Dolor que no calma con el tratamiento que te han indicado.
- ⚠Tos o falta de aire que van aumentando día a día.
- ⚠Vómitos que no paran o no poder beber líquidos.
- ⚠Herida que se abre o sangra un poco de forma continua.
Síntomas comunes
- Estas no son señales de la cirugía, sino del problema de salud que puede llevar al médico a planteártela.
- Falta de aire o sensación de que te cuesta respirar, sobre todo al hacer esfuerzo.
- Dolor en el pecho, a veces al respirar hondo o al toser.
- Tos que no se va y dura semanas.
- Sangre en lo que se tose (esputo).
- Cansancio o fiebre sin una causa clara.
- Un hallazgo en una radiografía o en una tomografía, como un nódulo o líquido alrededor del pulmón.
Síntomas en niños
- En niños las razones suelen ser diferentes: infecciones en el pecho que no se curan del todo, un pulmón que se desinfla (neumotórax), malformaciones de nacimiento o la necesidad de tomar una muestra para estudiar un problema.
- Los niños se recuperan a menudo muy rápido, pero la valoración la hace siempre un equipo especializado en cirugía infantil.
Síntomas en adultos mayores
- En personas mayores es más habitual que el motivo sea un nódulo pulmonar, líquido en la pleura o una infección que no mejora.
- Antes de operar, el equipo revisa con cuidado el corazón, los pulmones y otras enfermedades, y ajusta el plan para que sea lo más seguro posible.
Causas
Causas principales
- La VATS no es una enfermedad, es una técnica quirúrgica. Los 'motivos' son las situaciones en las que el médico la propone:
- Necesidad de tomar una muestra de un nódulo o una masa en el pulmón para saber qué es.
- Líquido acumulado alrededor del pulmón (derrame pleural) que hay que drenar o estudiar.
- Aire que se acumula en el pecho y desinfla el pulmón (neumotórax), sobre todo si se repite.
- Engrosamiento o tumores de la pleura.
- Infecciones dentro del pecho que no se curan con el tratamiento habitual.
- Extirpación de una zona pequeña de pulmón, por ejemplo para tratar un nódulo.
- Sudoración excesiva en las manos en casos seleccionados, cortando un nervio muy pequeño del sistema nervioso.
- Problemas en el mediastino (el espacio entre los dos pulmones) o en el esófago.
Factores de riesgo
- Estos son factores que pueden aumentar el riesgo de la operación o de tener complicaciones. Algunos se pueden mejorar antes de la cirugía:
- Fumar o haber fumado durante muchos años.
- Enfermedades del corazón o de los pulmones, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o asma grave.
- Diabetes, sobrepeso importante o desnutrición.
- Edad avanzada.
- Operaciones previas en el pecho, que pueden dejar adherencias (tejido que se pega).
- Problemas de coagulación, o tomar medicamentos que hacen que la sangre tarde más en coagular.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Después de la cirugía, fiebre de 38 °C o más.
- Falta de aire que va a más o que aparece de repente.
- Dolor en el pecho que no cede.
- Una herida que supura, se enrojece mucho o se abre.
- Tos con sangre.
- Sensación de mareo fuerte o desmayo.
Programe una cita de rutina si:
- Si tienes tos o falta de aire desde hace más de dos o tres semanas.
- Si te han visto un nódulo o líquido en el pecho y quieres entender bien qué opciones tienes.
- Antes de la operación, para resolver todas tus dudas sobre la anestesia, la recuperación y los cuidados.
- En la revisión posterior a la cirugía, en la fecha que te indiquen.
Diagnóstico
La VATS puede formar parte del diagnóstico, pero antes el equipo médico necesita saber qué está pasando en tu pecho. Para ello revisa tu historia clínica, te explora y pide pruebas de imagen y de función pulmonar. Con toda esa información valora si la VATS es la mejor forma de mirar, de tomar una muestra o de tratar el problema. La decisión se toma contigo, explicándote las ventajas, los riesgos y las alternativas.
Pruebas que se pueden realizar
- Radiografía de tórax.
- Tomografía computarizada (TC o TAC) del tórax.
- Análisis de sangre, que incluye cómo coagula tu sangre.
- Espirometría: soplas en un aparato para medir cómo funcionan tus pulmones.
- Electrocardiograma y, si hace falta, otras pruebas del corazón.
- En algunos casos, ecografía del tórax u otras exploraciones de imagen.
- La propia VATS puede incluir la toma de una muestra que se estudia en el laboratorio para saber exactamente qué es.
Qué esperar en su cita
Te citarán en consulta para explicarte en qué consiste la operación y firmarás un consentimiento informado, que es el documento donde aceptas la intervención después de entenderla. Te pedirán que no comas ni bebas durante varias horas antes (ayunas) y puede que te indiquen ajustar algún tratamiento habitual, siempre siguiendo las instrucciones del equipo. El día de la cirugía te pondrán una vía para administrar líquidos y la medicación del sueño, y te acompañarán en todo momento. Al despertar estarás en una zona de recuperación, con controles frecuentes.
Tratamiento
La VATS se realiza en un quirófano con anestesia general, así que estarás dormido y no sentirás dolor. El cirujano hace pequeños cortes entre las costillas, introduce la cámara y los instrumentos, y trabaja viendo todo en una pantalla. Al terminar, deja uno o más drenajes, que son unos tubos finos que ayudan a sacar aire o líquido y que se retiran cuando ya no son necesarios. Después pasarás a una habitación, donde el equipo controla el dolor, la respiración y las heridas. La mayoría de las personas se levantan y caminan al poco tiempo, porque moverse ayuda a los pulmones.
Autocuidado en el hogar
- Sigue las indicaciones de tu equipo sobre cuándo puedes comer, beber y ducharte.
- Levántate y camina por el pasillo en cuanto te lo permitan: moverse ayuda a que los pulmones se expandan y a prevenir complicaciones.
- Haz los ejercicios de respiración profunda que te enseñen, varias veces al día.
- Mantén las heridas limpias y secas, y cámbialas tal como te expliquen.
- No levantes peso ni hagas esfuerzos grandes durante las primeras semanas.
- No fumes, y evita lugares con humo.
- Pregunta antes de volver a conducir o de retomar el deporte.
Tratamientos médicos
La VATS es en sí un procedimiento. Durante la operación el cirujano puede tomar muestras, drenar líquido o aire, extirpar una zona pequeña de tejido o tratar la pleura, según lo que se haya decidido contigo. Después, el equipo ajusta el control del dolor con medicamentos que él mismo indica, y si aparece una infección pondrá el tratamiento adecuado. También pueden recomendarse ejercicios respiratorios con un aparato sencillo y sesiones de fisioterapia respiratoria para ayudar a recuperar la capacidad pulmonar.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La VATS se plantea cuando hace falta mirar o actuar dentro del pecho y se puede hacer con esta técnica. Se valora caso por caso: si hay muchas adherencias, si la zona que hay que tratar es muy grande o si el estado general no lo permite, quizá se prefiera otra vía. Tu cirujano te explicará por qué te propone esta opción y qué alternativas existen en tu caso.
Vivir con esta afección
Los primeros días en casa suelen ser de cansancio y algo de molestia en las zonas de los cortes. Es habitual notar menos fuerza y algo de falta de aire al principio; va mejorando poco a poco. Las heridas se van cerrando en una o dos semanas, aunque el cansancio puede durar más. Muchas personas vuelven a sus tareas habituales en pocas semanas, pero el ritmo depende mucho de la persona, de la operación realizada y del estado previo de salud. Ve subiendo la actividad de forma gradual y descansa cuando lo necesites.
Consejos de estilo de vida
- Deja de fumar y pide ayuda si te cuesta: es lo que más protege tus pulmones antes y después de la cirugía.
- Camina todos los días, empezando con paseos cortos y aumentando poco a poco.
- Duerme lo suficiente y respeta las señales de cansancio de tu cuerpo.
- Evita ambientes con humo, polvo o productos químicos fuertes durante la recuperación.
- Pide ayuda para las tareas que impliquen cargar peso o esfuerzo durante las primeras semanas.
- Acude a las revisiones y avisa si algo te preocupa, aunque parezca pequeño.
Dieta y ejercicio
Al principio conviene comer ligero y varias veces al día, sobre todo si tienes menos apetito. Toma suficiente agua y asegúrate de incluir proteínas (huevo, legumbres, pescado, carne, lácteos) para ayudar a que las heridas cicatricen. En cuanto al ejercicio, empieza con caminatas cortas y frecuentes por casa o por la calle, y ve sumando minutos según te sientas. No empieces todavía con pesas ni deportes intensos: pregunta a tu equipo cuándo puedes retomarlos.
Salud mental y bienestar emocional
Pasar por una operación en el pecho puede dar miedo, y es normal sentir ansiedad antes y algo de bajón después. Algunas personas duermen peor, se sienten irritables o preocupadas por los resultados. Hablar de ello con personas de confianza y con tu equipo de salud ayuda mucho. Si la tristeza o la angustia duran semanas, o si notas que no puedes dormir, comer o disfrutar de las cosas, pide apoyo profesional. Y si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño, busca ayuda urgente de inmediato: llama a los servicios de emergencia o acude al servicio de urgencias más cercano. En España puedes llamar al 112 y también existe una línea telefónica de atención a la conducta suicida en el 024.
Prevención
No se puede 'prevenir' una técnica quirúrgica: si hace falta operar, se hace. Lo que sí está en tu mano es reducir el riesgo de necesitarla y de tener complicaciones. Cuidar los pulmones y el corazón, dejar el tabaco, controlar bien las enfermedades crónicas y acudir al médico cuando algo no va bien son las mejores medidas. Antes de la cirugía, seguir las indicaciones del equipo (ayunas, ajustes de tratamiento, dejar de fumar aunque sea unos días antes) también ayuda a que todo vaya mejor.
Vacunas
Las vacunas frente a la gripe y frente al neumococo (una bacteria que causa neumonías) ayudan a proteger los pulmones. Pregunta en tu centro de salud qué vacunas te corresponden según tu edad y tus enfermedades, y aprovecha para revisar si tienes otras pendientes.
Programas de detección
No existe una prueba que diga si vas a necesitar una VATS. Sí existen programas de detección precoz de cáncer de pulmón con tomografía de baja dosis de radiación, dirigidos a personas con riesgo alto, por ejemplo fumadores de muchos años. Pregunta en tu centro de salud si en tu país o tu región hay un programa de este tipo y si cumples los criterios.
Complicaciones
Si no se trata
- Las consecuencias de no operarse dependen del problema de fondo, y por eso el equipo valora cada caso.
- Un líquido en la pleura que no se drena puede infectarse o comprimir el pulmón y causar mucha falta de aire.
- Un pulmón desinflado y no tratado puede repetirse y causar episodios graves de dificultad respiratoria.
- Un nódulo o una masa sin estudiar puede retrasar el diagnóstico de un problema serio.
- Una infección dentro del pecho sin tratar puede empeorar y afectar a todo el organismo.
Pronóstico a largo plazo
En general, la VATS es una técnica segura y bien tolerada, y la mayoría de las personas se recuperan y vuelven a su vida habitual en pocas semanas. Como en toda operación, existen riesgos, y tu equipo te los explicará con claridad antes de firmar el consentimiento. El pronóstico a largo plazo depende sobre todo del problema que se trata, no de la técnica en sí. Muchas situaciones se resuelven bien, y estar informado y seguir las indicaciones te ayuda a afrontarlo con más tranquilidad.
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Fuentes y orientación
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Última actualización: 3 de noviembre de 2026
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