Inhibidores de la angiogénesis: qué son y cómo ayudan
Resumen
Los inhibidores de la angiogénesis son un grupo de medicamentos que se usan sobre todo para tratar algunos tipos de cáncer. Para crecer, un tumor necesita sangre, y la consigue creando vasos sanguíneos nuevos. A ese proceso de formar vasos nuevos se le llama angiogénesis (angiogénesis significa, en palabras simples, el nacimiento de vasos sanguíneos). Estos medicamentos bloquean las señales que el tumor usa para pedir esos vasos nuevos. Sin ese suministro de sangre, el tumor recibe menos oxígeno y nutrientes y puede crecer más despacio o reducirse. También se usan en algunas enfermedades de la vista en las que crecen vasos sanguíneos anómalos en el ojo. No son lo mismo que la quimioterapia clásica: pertenecen a un grupo llamado terapias dirigidas, porque actúan sobre un mecanismo concreto de las células en lugar de atacar a todas las células que se dividen rápido.
Datos clave
- No son un tratamiento único: se usan en varios tipos de cáncer y también en algunas enfermedades oculares.
- Pueden administrarse en pastillas o por vía intravenosa (a través de una vena), según el caso.
- Casi siempre se combinan con otros tratamientos y requieren controles periódicos de la presión arterial y de análisis de sangre y orina.
Sí, son tratamientos bastante habituales en oncología en la actualidad. Se han estudiado y se usan en muchos tipos de cáncer, y también forman parte del tratamiento de algunas enfermedades de la retina. Que sean frecuentes no significa que sean adecuados para todas las personas: la decisión depende del tipo de enfermedad, de su extensión y del estado general de salud.
Principalmente a personas adultas con ciertos tipos de cáncer, como tumores de riñón, hígado, tiroides, pulmón, colon o algunos tumores neuroendocrinos (tumores que nacen en células que producen hormonas), entre otros. También se usan en algunos tumores infantiles concretos y en personas con enfermedades de la vista que provocan crecimiento anómalo de vasos en el ojo. La edad, el embarazo o la lactancia y otras enfermedades pueden influir en si este tratamiento es una buena opción.
Síntomas
- Dolor en el pecho, presión en el pecho o dolor que baja al brazo, la mandíbula o la espalda.
- Dificultad para respirar o falta de aire de aparición repentina.
- Debilidad o entumecimiento repentino en la cara, un brazo o una pierna; dificultad para hablar o ver; boca desviada. Puede ser un ictus (accidente cerebrovascular).
- Dolor de cabeza muy intenso y repentino, con confusión, visión doble o convulsiones.
- Pérdida repentina de la visión en un ojo.
- Sangrado abundante que no se detiene con presión, vómito con sangre o heces negras como el carbón.
- Dolor abdominal muy fuerte y repentino, con el vientre duro (puede indicar una perforación intestinal).
- Desmayo o pérdida de conocimiento.
- ⚠Presión arterial muy alta en la medición en casa, o dolor de cabeza fuerte con mareo asociado.
- ⚠Fiebre alta o escalofríos.
- ⚠Diarrea o vómitos que impiden beber o mantener líquidos; signos de deshidratación como boca muy seca u orina muy oscura y escasa.
- ⚠Hinchazón repentina de las piernas, los tobillos o la cara.
- ⚠Cualquier corte o herida que no cicatriza, se enrojece o supura.
- ⚠Más facilidad de lo normal para los hematomas (morados) o sangrados pequeños repetidos.
- ⚠Cambios en la cantidad de orina o en su color.
- ⚠Visión borrosa nueva o dolor en un ojo.
Síntomas comunes
- Cansancio o sensación de falta de energía, más de lo habitual.
- Presión arterial más alta de lo normal (hipertensión).
- Cambios en la piel: sequedad, enrojecimiento, descamación o ampollas en manos y pies.
- Diarrea o molestias en el estómago.
- Poco apetito y, a veces, cambios en el sabor de los alimentos.
- Llagas o molestias en la boca.
- Sangrados pequeños por la nariz o encías que sangran con facilidad.
- Voz ronca o sensación de garganta irritada.
- Proteínas en la orina, que se detecta en un análisis (la persona no suele notarlo).
- Dolor de cabeza o mareos leves.
Síntomas en niños
- Cansancio mayor de lo esperado para su edad o menos ganas de jugar.
- Alteraciones del crecimiento o del peso, que el equipo médico vigila con controles.
- Presión arterial elevada, por lo que se mide en cada visita.
- Irritabilidad o cambios de carácter.
- Mayor facilidad para las infecciones o para el sangrado.
- Molestias en la boca o menos ganas de comer.
Síntomas en adultos mayores
- Más cansancio y más riesgo de deshidratación si hay diarrea o vómitos.
- Subidas de la presión arterial más marcadas, sobre todo si ya había hipertensión.
- Más probabilidad de interactuar con otros medicamentos que ya se toman (para el corazón, la diabetes o la tensión).
- Mayor riesgo de sangrados si se toman anticoagulantes o antiagregantes.
- Heridas o cortes que tardan más en cicatrizar.
- Confusión o desorientación si hay deshidratación o fiebre.
Causas
Causas principales
- No son una enfermedad, sino un tratamiento. Se indican cuando la enfermedad que se quiere tratar depende de la formación de vasos sanguíneos nuevos para crecer o mantenerse.
- En oncología, algunos tumores producen en exceso una proteína que estimula la creación de vasos (el factor de crecimiento del endotelio vascular). Estos medicamentos bloquean esa señal.
- En algunas enfermedades de la vista, el ojo fabrica vasos nuevos anómalos que dañan la retina y hacen perder visión; estos fármacos ayudan a frenarlos.
- También pueden usarse para reducir el riego sanguíneo de un tumor antes de una cirugía, según el caso.
Factores de riesgo
- Tener la presión arterial alta antes de empezar el tratamiento.
- Tener problemas de corazón, riñón o hígado.
- Estar tomando anticoagulantes (medicamentos que afinan la sangre) o antiagregantes.
- Haber tenido una cirugía reciente o tener una herida que aún no ha cerrado.
- Tener antecedentes de sangrados digestivos, úlceras o problemas de coagulación.
- Embarazo o lactancia: se debe consultar siempre antes de iniciar el tratamiento.
- Tomar muchos otros medicamentos, porque puede haber interacciones.
- Edad avanzada con varias enfermedades crónicas, lo que pide controles más frecuentes.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si la presión arterial en casa es mucho más alta de lo habitual o viene con dolor de cabeza fuerte.
- Si aparece dolor abdominal intenso, vómitos persistentes o no puedes beber líquidos.
- Si notas sangrados nuevos o más abundantes de lo normal (nariz, encías, heces, orina).
- Si tienes fiebre o escalofríos.
- Si una herida no cierra o se ve infectada.
- Si tienes visión borrosa nueva, dolor en un ojo o pérdida de visión.
- Si aparecen hinchazón en piernas, cara o falta de aire al hacer esfuerzos pequeños.
Programe una cita de rutina si:
- Antes de empezar el tratamiento, para revisar la presión arterial, análisis de sangre y orina y una valoración general.
- En cada visita de control, para revisar la tensión, el peso y los análisis.
- Si tienes efectos secundarios que molestan pero no son graves, para ajustar medidas de apoyo.
- Si vas a someterte a una cirugía, una extracción dental o un tratamiento dental, avisa a tu equipo médico antes.
- Si quieres planificar un embarazo o estás embarazada o en lactancia.
- Si empiezas a tomar cualquier otro medicamento, incluso de venta libre o plantas medicinales.
Diagnóstico
Aquí no se trata de diagnosticar una enfermedad, sino de valorar si este tratamiento es una buena opción para ti y de vigilarte mientras lo recibes. El equipo médico revisa el tipo y la extensión de la enfermedad (por ejemplo, con pruebas de imagen y análisis del tejido tumoral), tu estado general y tus otras enfermedades. Antes de empezar suele medirse la presión arterial, hacerse análisis de sangre y de orina, y a veces una prueba del corazón. Después, el seguimiento consiste en repetir controles con regularidad para ver cómo responde la enfermedad y para detectar pronto los efectos secundarios.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre, que incluye recuento de células, función del hígado y del riñón y a veces estudios de coagulación.
- Análisis de orina para buscar proteínas, que pueden indicar cómo está funcionando el riñón.
- Medición de la presión arterial, en la consulta y a veces en casa con un aparato propio.
- Pruebas de imagen (ecografía, tomografía, resonancia) para ver el tamaño y la evolución de la enfermedad.
- Electrocardiograma u otra prueba del corazón si hay antecedentes cardíacos.
- Biopsia previa del tejido (tomar una pequeña muestra) para confirmar el tipo de tumor, cuando es necesario.
- Revisión de los otros medicamentos que tomas, para evitar interacciones.
Qué esperar en su cita
Las primeras semanas suelen incluir más visitas y análisis, porque es cuando se aprende cómo responde tu cuerpo. Muchas veces se empieza con una dosis que se ajusta según la tolerancia, y el equipo te explicará qué síntomas anotar y cuándo llamar. Es útil llevar una libreta o una nota en el móvil con la presión arterial, los síntomas y las preguntas que te surjan, porque así las consultas son más provechosas. Si algo no queda claro, pide que te lo expliquen otra vez: es parte de tu derecho a entender tu tratamiento.
Tratamiento
Los inhibidores de la angiogénesis se administran de dos formas principales: en pastillas (que se toman en casa siguiendo un calendario) o por vía intravenosa (a través de una vena, en el hospital o centro de día). Según el caso, forman parte de un plan que puede incluir otros tratamientos. El objetivo puede ser frenar el crecimiento de la enfermedad, reducir su tamaño, aliviar síntomas o prevenir complicaciones. Tan importante como el medicamento es el manejo de los efectos secundarios: controlar la presión arterial, cuidar la piel y la boca, tratar la diarrea y vigilar los análisis.
Autocuidado en el hogar
- Mide tu presión arterial en casa si el equipo te lo pide, y anota los valores con la fecha y la hora.
- Bebe suficiente líquido a lo largo del día, sobre todo si tienes diarrea o calor; pregunta cuánto es adecuado en tu caso.
- Cuida la piel: usa crema hidratante sin perfume, evita el agua muy caliente y protégete del sol con ropa y protector solar.
- Para las manos y los pies, usa calzado cómodo y holgado, y evita caminar descalzo o con mucho calor.
- Cuida la boca: cepíllate con cepillo suave, enjuágate con agua con sal o bicarbonato si te lo recomiendan, y evita el tabaco y el alcohol.
- Lávate las manos con frecuencia y evita el contacto cercano con personas con infecciones respiratorias.
- Avisa siempre antes de una extracción dental, una cirugía o una inyección, porque puede haber riesgo de sangrado o de mala cicatrización.
- No tomes suplementos, plantas medicinales ni medicamentos de venta libre sin consultar primero con tu equipo o tu farmacéutico.
- Anota los síntomas nuevos y llévalos a la consulta, aunque parezcan pequeños.
Tratamientos médicos
Estos medicamentos actúan bloqueando las señales que estimulan la formación de vasos sanguíneos nuevos. Se pueden usar solos o combinados con otros tratamientos, como cirugía, radioterapia, inmunoterapia u otras terapias dirigidas, según el tipo de enfermedad y el plan de cada persona. El equipo ajusta la pauta, decide si se toma de forma continua o con descansos, y modifica el tratamiento si aparecen efectos secundarios. Además, es habitual necesitar medidas de apoyo: control de la presión arterial, tratamiento de la diarrea, cuidado de la piel y de la boca, análisis periódicos y, a veces, ajustes en la alimentación. Todo esto lo decide y lo supervisa tu equipo médico; no cambies nada por tu cuenta ni compartas tus medicamentos con otras personas.
¿Cuándo se considera la cirugía?
Las cirugías y los procedimientos dentales requieren planificación cuando se toma este tipo de tratamiento. Estos medicamentos pueden afectar la cicatrización de las heridas y aumentar el riesgo de sangrado, por lo que el equipo suele indicar pausas antes y después de una operación o de una extracción dental. Nunca suspendas ni reinicies el tratamiento por tu cuenta: será tu equipo médico quien te diga cuándo parar y cuándo retomar, y por cuánto tiempo.
Vivir con esta afección
La vida diaria con este tratamiento suele requerir algunos ajustes de rutina: tomarte la tensión, revisar la piel y la boca, anotar cómo te encuentras y planificar las visitas. Muchas personas siguen trabajando o haciendo sus actividades habituales, aunque a veces con un ritmo más tranquilo. Ayuda organizar los días de más energía para las tareas importantes y dejar los días flojos para descansar sin culpa. Si la medicación es en pastillas, resultan útiles un pastillero y una alarma en el móvil; si es intravenosa, llevar un calendario con las citas y quién te acompaña.
Consejos de estilo de vida
- Descansa lo suficiente y permite que otros te ayuden en las tareas pesadas.
- Muévete cada día dentro de lo que puedas: caminar suave, estiramientos o actividades que disfrutes.
- Evita el alcohol y el tabaco, que empeoran el cansancio y la cicatrización.
- Protege la piel del sol y revisa manos, pies y boca una vez al día.
- Mantén las revisiones y los análisis aunque te encuentres bien.
- Habla con tu equipo antes de viajar, especialmente si el tratamiento es intravenoso.
- Pide a tu farmacéutico que revise si hay interacciones con lo que ya tomas.
Dieta y ejercicio
No hay una dieta única para todas las personas que reciben este tratamiento, pero en general conviene comer de forma variada y suficiente, con frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y proteínas, y beber líquidos a lo largo del día. Si tienes diarrea, poco apetito o llagas en la boca, tu equipo puede orientarte sobre texturas y alimentos más fáciles de tolerar. Sobre el ejercicio, el movimiento suave y regular suele ayudar con el cansancio y el ánimo; empieza poco a poco y pregunta qué es seguro en tu caso, sobre todo si tienes la tensión alta o problemas de corazón. Evita dietas muy restrictivas o productos "milagro" que prometen curar: pueden interferir con el tratamiento.
Salud mental y bienestar emocional
Recibir un tratamiento oncológico o para una enfermedad crónica de la vista puede producir miedo, tristeza, irritabilidad o sensación de pérdida de control, y eso es comprensible. También es frecuente la ansiedad antes de cada revisión. Hablar de lo que sientes con alguien de confianza ayuda, y pedir apoyo psicológico no es un signo de debilidad, sino una herramienta más de cuidado. Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño o de que la vida no vale la pena, pide ayuda de inmediato: en España puedes llamar al 112 y, en otros países, al número de emergencias local o a la línea de apoyo emocional de tu zona. No tienes que pasar por esto en soledad.
Prevención
Este tema no trata de prevenir una enfermedad, sino de un tratamiento. Lo que sí se puede prevenir o reducir son sus complicaciones: controlar la presión arterial desde el principio, vigilar los análisis, cuidar la piel y la boca, tratar pronto la diarrea y avisar de cualquier sangrado o herida que no cicatriza. Cumplir las citas de control y no automedicarse son las mejores formas de que el tratamiento sea más seguro y mejor tolerado.
Vacunas
Antes de empezar y durante el tratamiento, conviene revisar el calendario de vacunas con tu equipo médico. Algunas vacunas vivas no se recomiendan en personas con ciertos tratamientos o con las defensas bajas, y otras sí son útiles. No te vacunes por tu cuenta ni en una farmacia sin consultar antes: pregunta a tu equipo qué vacunas necesitas y en qué momento es seguro ponértelas.
Programas de detección
No existe una prueba de cribado para este tema, porque no es una enfermedad. Lo que sí existe es el seguimiento: revisiones periódicas de la presión arterial, análisis de sangre y orina y pruebas de imagen según el caso. Ese seguimiento es, en la práctica, la forma de detectar pronto cualquier problema y de ajustar el tratamiento.
Complicaciones
Si no se trata
- Si no se controla, la presión arterial alta puede causar dolor de cabeza, mareos y, a largo plazo, daño en el corazón, el riñón o los vasos sanguíneos.
- Pueden aparecer problemas de cicatrización de heridas y un mayor riesgo de sangrado.
- En algunos casos puede afectar al riñón, algo que se detecta con el análisis de orina y de sangre.
- Puede haber problemas digestivos, como diarrea intensa o, de forma poco frecuente, una perforación intestinal.
- Existen complicaciones poco frecuentes pero graves, como problemas cardíacos, coágulos o alteraciones del sistema nervioso, que el equipo vigila con los controles.
- Si la enfermedad de base no se trata, puede seguir creciendo y causar más síntomas.
Pronóstico a largo plazo
Para muchas personas, estos medicamentos forman parte de un plan que ayuda a frenar la enfermedad, aliviar síntomas y mejorar la calidad de vida. La respuesta varía mucho de una persona a otra, y por eso el equipo ajusta el tratamiento según cómo respondes y cómo lo toleras. Hoy se sabe mucho más que antes sobre cómo manejar los efectos secundarios, y la mayoría se pueden prevenir o controlar. Vive el día a día con la información que tengas, pregunta todo lo que necesites y apóyate en tu equipo y en tus seres queridos: no estás solo en este proceso.
Encontrar apoyo
Los enlaces externos abren sitios web de terceros. Ruqelo no se hace responsable del contenido externo. Incluir una organización no implica respaldo.
Verifica siempre la información con tu médico
Las recomendaciones de salud difieren según el país y la región. Esta página es educación general y puede no coincidir con las guías, los medicamentos o la práctica del lugar donde vive. Comente sus dudas con su médico o profesional de salud y siga las recomendaciones locales cuando existan.
Aviso importante Esta información es solo con fines educativos. No reemplaza el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Siempre consulte a un proveedor de atención médica calificado sobre su situación específica. Si está experimentando una emergencia médica, llame a los servicios de emergencia locales de inmediato.
Condiciones relacionadas
Fuentes y orientación
Ninguna guía nombra este tema
Aquí no se cita ninguna guía de salud ni capítulo clínico que nombre exactamente este tema. Esta página es solo para educación e información general. No es un diagnóstico, un plan de tratamiento ni un consejo médico personal. Consulte a su médico y siga su consejo. Si los síntomas son graves, repentinos o preocupantes, busque atención médica pronto y, en una emergencia, llame al número local de emergencias. Ruqelo LLC no es responsable de las consecuencias médicas o legales de las decisiones basadas en esta información.
Última actualización: 3 de noviembre de 2026
Nota educativa: Esta información es solo para educación y no es un diagnóstico.
Úsela para apoyar, no reemplazar, el consejo de un profesional de salud con licencia.
Si los síntomas son graves, empeoran o son urgentes, llame al número de emergencias local o busque atención de urgencia.
Guidance may differ by country or region. Confirm local recommendations with a qualified healthcare provider.