Asma
Fuentes consultadas
Este artículo es contenido original de educación para pacientes.
- NICE—Asthma: diagnosis, monitoring and chronic asthma management. NG80(2021)
- NHS—Asthma(2023)
- WHO—Asthma fact sheet(2023)
- GINA—Global Strategy for Asthma Management and Prevention(2024)
- CDC—Asthma(2024)
Basado en guías clínicas internacionales
Resumen
El asma es una enfermedad crónica (de larga duración) que afecta las vías respiratorias, es decir, los tubos que llevan el aire hacia y desde los pulmones. Cuando alguien tiene asma, estas vías se inflaman (se hinchan y se irritan) y se estrechan, lo que dificulta la respiración. Imagina que intentas soplar aire a través de una pajita doblada: así se siente el asma cuando se activa. Esta inflamación también hace que las vías sean muy sensibles a ciertos desencadenantes, como el polvo, el humo o el ejercicio, y puede provocar episodios de dificultad para respirar llamados 'crisis' o 'ataques de asma'.
Datos clave
- El asma es crónica, lo que significa que no desaparece, pero con un buen tratamiento y cuidado diario se puede controlar muy bien.
- Las vías respiratorias de las personas con asma son más sensibles que las de otras personas, y reaccionan de forma exagerada ante ciertos estímulos llamados desencadenantes.
- El asma no es contagiosa: no se transmite de persona a persona como un resfriado.
Sí, el asma es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en todo el mundo. Se estima que más de 300 millones de personas la tienen en el planeta. En España y América Latina, afecta a un porcentaje importante de la población, tanto niños como adultos. Es la enfermedad crónica más común en la infancia.
El asma puede aparecer a cualquier edad, aunque es más frecuente que empiece en la infancia. Afecta tanto a hombres como a mujeres, aunque en los niños es algo más habitual en los varones, mientras que en la edad adulta es más común en las mujeres. Las personas con antecedentes familiares de asma o alergias, quienes viven en zonas con alta contaminación del aire, o aquellas que trabajan expuestas a ciertos productos químicos también tienen un mayor riesgo.
Síntomas
- Dificultad grave para respirar que no mejora o empeora rápidamente.
- Los labios, las uñas o la piel alrededor de la boca se ponen de color azulado o grisáceo (esto se llama cianosis y significa que no está llegando suficiente oxígeno).
- La persona no puede hablar o habla con mucho esfuerzo debido a la falta de aire.
- Los músculos del cuello y entre las costillas se hunden visiblemente con cada respiración (signo de que está haciendo un esfuerzo enorme para respirar).
- Pérdida de consciencia o confusión mental durante una crisis de asma.
- El medicamento de alivio rápido (inhalador de rescate) no hace ningún efecto después de usarlo.
- Si estás en España, llama al 112. En América Latina, el número varía por país: 112 o 911 en México, 119 en Colombia, 107 en Argentina, 132 en Chile, entre otros. Conócelo con antelación.
- ⚠Los síntomas de asma no mejoran con el tratamiento habitual de rescate y persisten durante horas.
- ⚠Los ataques de asma se vuelven cada vez más frecuentes o intensos en poco tiempo.
- ⚠Dificultad para dormir de forma repetida debido a tos, silbidos o falta de aire.
- ⚠Síntomas que interfieren claramente con las actividades diarias normales, como trabajar, ir al colegio o hacer tareas del hogar.
Síntomas comunes
- Sensación de falta de aire o dificultad para respirar, especialmente al hacer esfuerzo.
- Silbidos o pitidos al respirar (se llaman sibilancias): un sonido agudo que se oye cuando el aire pasa por las vías estrechadas.
- Tos persistente, que puede ser peor por la noche o de madrugada.
- Sensación de presión o opresión en el pecho, como si alguien lo apretara.
- Los síntomas suelen empeorar de noche, al levantarse por la mañana, con el frío, el ejercicio o al estar cerca de desencadenantes.
Síntomas en niños
- Tos frecuente, sobre todo cuando juegan, ríen, lloran o duermen.
- Silbidos o pitidos al respirar, audibles incluso sin acercar el oído al pecho.
- Respiración rápida o con esfuerzo visible, como si les costara mucho.
- Cansancio inusual o menor energía para jugar que otros niños de su edad.
- En bebés y niños pequeños, puede ser difícil distinguir el asma de otras infecciones respiratorias; es importante acudir al pediatra para una evaluación correcta.
Síntomas en adultos mayores
- Los síntomas pueden confundirse fácilmente con otras enfermedades del corazón o pulmones propias de la edad, como la insuficiencia cardíaca o el enfisema.
- La tos crónica puede ser el único síntoma visible, sin que aparezcan silbidos evidentes.
- La fatiga (cansancio) al hacer pequeños esfuerzos, como subir escaleras o caminar, puede ser más pronunciada.
- Puede que los síntomas sean menos perceptibles porque la persona ha reducido su actividad física para evitarlos sin darse cuenta.
Causas
Causas principales
- Inflamación crónica de las vías respiratorias: el sistema inmunitario (las defensas del cuerpo) reacciona de manera exagerada ante ciertos estímulos, haciendo que las vías se inflamen y se hinchen.
- Hiperreactividad bronquial: las vías respiratorias son anormalmente sensibles y se contraen (se estrechan) con facilidad ante estímulos que a otras personas no les afectan.
- Factores genéticos: el asma tiende a aparecer en familias, lo que sugiere que existe una predisposición hereditaria, aunque no siempre es obligatorio tener un familiar con asma para desarrollarla.
- Exposición a alérgenos (sustancias que provocan alergia) en personas sensibles: como los ácaros del polvo (microscópicos bichitos que viven en colchones y alfombras), el pelo de animales, el moho o el polen.
Factores de riesgo
- Tener familiares directos (padres o hermanos) con asma o alergias.
- Haber tenido eccema (alergia en la piel) o rinitis alérgica (alergia nasal, el conocido 'catarro alérgico') en la infancia o en la actualidad.
- Exposición prolongada al humo del tabaco, especialmente durante el embarazo o la infancia.
- Vivir o trabajar en lugares con alta contaminación del aire, como zonas industriales o ciudades con mucho tráfico.
- Haber tenido infecciones respiratorias graves durante la infancia.
- Exposición frecuente a productos químicos en el trabajo, como pinturas, barnices, harina o metales (esto se llama asma ocupacional).
- Obesidad o sobrepeso, ya que puede agravar la inflamación general del cuerpo.
- Estrés intenso o emociones fuertes, que pueden desencadenar o empeorar los síntomas.
- Cambios de temperatura, el aire frío o el ejercicio físico intenso en algunas personas.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si tienes una crisis de asma que no mejora con tu medicación habitual.
- Si los síntomas empeoran progresivamente en horas o días.
- Si notas que necesitas usar el inhalador de rescate con mucha más frecuencia de lo habitual.
- Si tienes fiebre alta junto con dificultad para respirar, ya que podría indicar una infección que complica el asma.
- Si un niño tiene dificultad para respirar, hablar o comer por la falta de aire.
Programe una cita de rutina si:
- Si tienes tos frecuente, silbidos al respirar u opresión en el pecho sin haberte diagnosticado antes, aunque los síntomas sean leves.
- Si ya tienes asma pero sientes que tu control no es bueno y los síntomas aparecen más de dos veces por semana.
- Si el asma te está impidiendo dormir bien más de dos noches por mes.
- Si quieres revisar tu plan de tratamiento o tienes dudas sobre cómo usar correctamente el inhalador.
- Si estás embarazada y tienes asma, es importante hacer un seguimiento más cercano con tu médico.
Diagnóstico
El diagnóstico del asma lo realiza un médico, generalmente un médico de familia, un internista o un neumólogo (especialista en pulmones). Se basa en una combinación de preguntas sobre tus síntomas, tu historial médico y familiar, y algunas pruebas sencillas de la función pulmonar. No existe una única prueba que confirme el asma por sí sola; el médico necesita analizar el conjunto de toda la información.
Pruebas que se pueden realizar
- Espirometría: es la prueba principal. Consiste en soplar con fuerza en un tubo conectado a un aparato que mide cuánto aire entras y exhalas y con qué velocidad. Es indolora y dura pocos minutos. Ayuda a detectar si hay estrechez en las vías respiratorias.
- Prueba broncodilatadora: se realiza después de la espirometría. Se administra un medicamento que dilata (abre) las vías respiratorias y se repite la prueba. Si los valores mejoran significativamente, apoya el diagnóstico de asma.
- Prueba de provocación bronquial: en algunos casos, se expone a la persona a una sustancia que puede provocar una leve contracción de las vías para evaluar su sensibilidad. Siempre se hace bajo supervisión médica.
- Pulsioximetría: una pequeña pinza en el dedo que mide el nivel de oxígeno en la sangre de forma inmediata y sin dolor.
- Pruebas de alergia: como análisis de sangre o pruebas en la piel para identificar si hay alérgenos (como el polen o los ácaros) que desencadenan los síntomas.
- Radiografía de tórax: no diagnostica el asma directamente, pero puede ayudar a descartar otras causas de los síntomas respiratorios.
Qué esperar en su cita
La primera visita para evaluar el asma suele ser tranquila y sin procedimientos dolorosos. El médico te hará muchas preguntas: cuándo y dónde aparecen los síntomas, si hay antecedentes de alergias en la familia, qué cosas los empeoran o los mejoran. Las pruebas de función pulmonar, como la espirometría, son sencillas y solo requieren tu cooperación para soplar con fuerza. En algunos casos, el diagnóstico requiere más de una visita o pruebas adicionales para confirmar o descartar otras enfermedades. Lo importante es que vayas con calma: el objetivo es entender bien tu situación para ayudarte.
Tratamiento
El asma no tiene cura definitiva, pero con el tratamiento adecuado se puede controlar de manera excelente. El objetivo del tratamiento es que puedas llevar una vida normal: dormir bien, hacer ejercicio, trabajar y disfrutar de tus actividades sin que el asma te lo impida. El tratamiento se adapta a cada persona según la gravedad de sus síntomas y sus necesidades.
Autocuidado en el hogar
- Aprende a identificar y evitar tus desencadenantes personales (lo que activa tu asma), como el polvo, el humo, ciertos animales o el aire frío.
- Usa correctamente el inhalador: la técnica importa muchísimo. Pide a tu médico o enfermera que te enseñen y practiquen contigo hasta que lo domines.
- Sigue tu plan de acción para el asma: muchos médicos elaboran un plan personalizado que te indica qué hacer según cómo te encuentres cada día.
- Monitoriza tus síntomas: llevar un pequeño diario de cuándo aparecen, qué los provocó y cómo respondieron al tratamiento ayuda mucho al médico.
- No fumes ni permitas que fumen cerca de ti: el tabaco es uno de los peores enemigos del asma.
- Mantén tu hogar lo más libre posible de alérgenos: airea con frecuencia, lava la ropa de cama a alta temperatura, evita alfombras gruesas y peluches en el dormitorio si eres sensible al polvo.
- Acude a todas tus revisiones médicas aunque te encuentres bien: el asma puede empeorar sin dar señales de aviso evidentes.
Tratamientos médicos
El tratamiento médico del asma se divide principalmente en dos tipos de enfoques, que el médico combinará según tu caso. Por un lado están los tratamientos de control o mantenimiento, que se usan de forma regular (generalmente a diario) para reducir la inflamación de las vías respiratorias y evitar que los síntomas aparezcan. Por otro lado están los tratamientos de alivio rápido o rescate, que se usan cuando ya ha comenzado una crisis para abrir las vías respiratorias de forma rápida y aliviar los síntomas en minutos. En casos de asma más grave o difícil de controlar, existen tratamientos adicionales que el especialista puede valorar, incluyendo opciones más avanzadas. La inmunoterapia (un tratamiento que modifica la respuesta del sistema inmunitario a los alérgenos) puede ser útil en personas cuyo asma está relacionada con alergias concretas. Siempre es el médico quien decide qué es más adecuado para ti.
¿Cuándo se considera la cirugía?
El asma no se trata con cirugía en la gran mayoría de los casos. Existe un procedimiento especializado llamado termoplastia bronquial, que se realiza a través de broncoscopia (una cámara que entra por la boca hasta los bronquios) y que puede considerarse en casos muy seleccionados de asma grave que no responde a otros tratamientos. Es una opción poco frecuente que solo se realiza en centros especializados y después de evaluar cuidadosamente cada caso.
Vivir con esta afección
Vivir con asma no significa tener que renunciar a las cosas que te gustan. Con un buen control del asma, la mayoría de las personas llevan una vida completamente normal. La clave está en conocer bien tu enfermedad, seguir el tratamiento indicado, aprender a reconocer las señales tempranas de una crisis y actuar a tiempo. Muchos deportistas de élite, artistas y personas activas en todos los ámbitos tienen asma y lo manejan con éxito.
Consejos de estilo de vida
- Evita el humo del tabaco en todos los entornos, tanto el humo directo como el de segunda mano.
- Si tienes mascotas y eres sensible a ellas, habla con tu médico sobre cómo reducir la exposición al pelo y la caspa del animal.
- Mantén la humedad del hogar entre el 40 y el 50%: demasiada humedad favorece el moho y los ácaros; demasiado seca puede irritar las vías.
- En días de alta contaminación o alto nivel de polen, reduce el tiempo al aire libre y sigue las recomendaciones de tu médico.
- En el trabajo, si estás expuesto a sustancias que empeoran tus síntomas, infórmalo al médico y a tu empresa para buscar soluciones.
- Aprende técnicas de respiración y relajación: pueden ayudarte a manejar mejor los episodios leves y reducir el estrés que puede empeorar el asma.
Dieta y ejercicio
No existe una dieta específica para el asma, pero una alimentación variada, rica en frutas, verduras, pescado y con poca comida procesada puede ayudar a reducir la inflamación general del cuerpo. Algunas personas son sensibles a ciertos conservantes o aditivos alimentarios (como los sulfitos, que están en algunos vinos, embutidos o alimentos enlatados), por lo que es bueno identificar si algún alimento empeora tus síntomas y comentarlo con tu médico. En cuanto al ejercicio, la actividad física regular es muy beneficiosa para el asma y se recomienda activamente. Sí es cierto que el ejercicio puede desencadenar síntomas en algunas personas (esto se llama asma de esfuerzo), pero con el tratamiento adecuado y calentando bien antes de empezar, la mayoría puede hacer deporte sin problemas. Consulta a tu médico cuál es la mejor manera de hacerlo en tu caso.
Salud mental y bienestar emocional
Vivir con una enfermedad crónica como el asma puede afectar el bienestar emocional. Es normal sentir ansiedad (nerviosismo y miedo) o frustración, especialmente cuando los síntomas interfieren con los planes o cuando se atraviesa una crisis. El miedo a tener una crisis en público también puede hacer que algunas personas eviten actividades que disfrutaban. Si sientes que el asma te provoca tristeza persistente, ansiedad intensa o está afectando tu calidad de vida emocional, es importante que lo comentes con tu médico. El apoyo psicológico puede ser una herramienta muy valiosa. Recuerda: pedir ayuda por cómo te sientes emocionalmente es igual de importante que cuidar tus pulmones. Si en algún momento sientes que la situación te supera emocionalmente, no dudes en buscar apoyo de un profesional de salud mental.
Prevención
No siempre es posible prevenir el asma por completo, especialmente cuando existe una predisposición genética. Sin embargo, sí hay medidas que pueden reducir el riesgo de desarrollarla o de que los síntomas sean más graves. En bebés y niños pequeños, la lactancia materna durante los primeros meses de vida parece tener un efecto protector. Evitar la exposición al humo del tabaco desde el embarazo y durante la infancia es una de las medidas más importantes. En adultos, minimizar la exposición a contaminantes del aire, sustancias químicas en el trabajo y alérgenos conocidos puede ayudar a retrasar o reducir la aparición de síntomas. Si ya tienes asma, la prevención se centra en evitar las crisis: seguir el tratamiento de mantenimiento, conocer y evitar los desencadenantes, y tener siempre a mano el inhalador de rescate.
Vacunas
Las personas con asma tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones cuando se enferman de gripe (influenza) o de ciertas infecciones respiratorias. Por eso, la vacunación es especialmente importante en este grupo. Consulta con tu médico qué vacunas son recomendables para ti, incluyendo la vacuna anual de la gripe y otras que puedan ser relevantes según tu edad y situación de salud. La vacunación no trata el asma, pero protege contra enfermedades que pueden provocar crisis graves.
Programas de detección
No existe un programa de cribado (detección sistemática en personas sin síntomas) para el asma como los que hay para ciertos tipos de cáncer. Sin embargo, si tienes factores de riesgo o síntomas que sugieren asma, es recomendable consultar con un médico para realizar las pruebas oportunas. Un diagnóstico temprano permite empezar el tratamiento antes y evitar que la enfermedad progrese o afecte la calidad de vida.
Complicaciones
Si no se trata
- Crisis asmáticas graves que pueden requerir hospitalización e incluso poner en riesgo la vida si no se tratan a tiempo.
- Deterioro progresivo de la función pulmonar (los pulmones van perdiendo capacidad con el tiempo) si la inflamación no se controla.
- Limitación importante de las actividades diarias: trabajo, deporte, vida social.
- Alteraciones del sueño crónicas que afectan el rendimiento, el estado de ánimo y la salud general.
- Mayor riesgo de infecciones respiratorias frecuentes y más graves.
- En niños, el asma mal controlada puede afectar el desarrollo pulmonar y el rendimiento escolar.
- Efectos en el bienestar emocional: ansiedad y depresión son más frecuentes en personas cuyo asma no está bien controlada.
Pronóstico a largo plazo
El pronóstico del asma es en general muy bueno cuando se diagnostica a tiempo y se sigue un tratamiento adecuado. La gran mayoría de las personas con asma llevan vidas plenas, activas y satisfactorias. En muchos niños, los síntomas mejoran considerablemente o incluso desaparecen al llegar a la edad adulta, aunque pueden reaparecer más adelante. Con los avances en el tratamiento de los últimos años, incluso el asma grave tiene más opciones de control que nunca. Lo más importante es no resignarse a convivir con síntomas no controlados: siempre hay algo que se puede hacer para mejorar. Tu equipo de salud es tu mejor aliado en este camino.
Encontrar apoyo
Organizaciones internacionales
- Global Initiative for Asthma (GINA) — Iniciativa Global para el Asma ↗
- Organización Mundial de la Salud (OMS) — Información sobre asma ↗
- European Lung Foundation — Fundación Europea del Pulmón ↗
Organizaciones locales
- Asociación Española de Pacientes con Asma (ASMAMADRID) ↗ · España (Madrid)
- ALAT — Asociación Latinoamericana de Tórax ↗ · América Latina
Líneas de ayuda
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Verifica siempre la información con tu médico
Las guías de salud varían según el país y la región. La información de este artículo se basa en guías clínicas internacionales, pero puede no reflejar las guías, medicamentos o prácticas específicas de su país. Siempre discuta sus preocupaciones de salud con su médico o profesional de salud, y consulte las guías nacionales locales cuando estén disponibles.
Aviso importante Esta información es solo con fines educativos. No reemplaza el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Siempre consulte a un proveedor de atención médica calificado sobre su situación específica. Si está experimentando una emergencia médica, llame a los servicios de emergencia locales de inmediato.