Chronic Kidney Disease
Fuentes consultadas
Este artículo es contenido original de educación para pacientes.
- NICE—Chronic kidney disease: assessment and management. NG203(2023)
- NHS—Chronic kidney disease(2023)
- WHO—Kidney disease fact sheet(2022)
- KDIGO—KDIGO Clinical Practice Guideline for CKD(2024)
Basado en guías clínicas internacionales
Resumen
La enfermedad renal crónica (ERC) es una condición en la que los riñones pierden su capacidad de filtrar la sangre de forma adecuada de manera gradual y progresiva a lo largo del tiempo. Los riñones son dos órganos con forma de frijol ubicados en la espalda, justo debajo de las costillas. Su trabajo principal es limpiar la sangre, eliminar los desechos a través de la orina y mantener el equilibrio de líquidos y minerales en el cuerpo. Cuando los riñones se dañan, esos desechos se acumulan en la sangre y pueden causar una serie de problemas de salud. La palabra 'crónica' significa que este daño ocurre lentamente durante meses o años y, en la mayoría de los casos, no tiene cura completa, aunque sí se puede controlar muy bien con el tratamiento adecuado.
Datos clave
- La enfermedad renal crónica avanza en cinco etapas según qué tan bien filtran los riñones; las etapas más tempranas suelen no causar síntomas visibles.
- Muchas personas viven durante años con la ERC sin saberlo, porque los riñones pueden funcionar con una capacidad reducida antes de que aparezcan molestias.
- Con un buen control médico, cambios en el estilo de vida y seguimiento regular, es posible frenar el avance de la enfermedad y mantener una buena calidad de vida.
Sí, la enfermedad renal crónica es muy frecuente en todo el mundo. Se calcula que afecta a alrededor del 10 % de la población adulta a nivel global. En España y en América Latina, millones de personas viven con algún grado de daño renal, muchas de ellas sin haberlo detectado todavía. Es uno de los problemas de salud pública más importantes del siglo XXI.
Aunque puede afectar a cualquier persona, la ERC es más común en adultos mayores de 60 años, en personas con diabetes o presión arterial alta (hipertensión), en quienes tienen antecedentes familiares de enfermedades renales y en personas de ciertos grupos étnicos como afrodescendientes, latinoamericanos o indígenas, que tienen un riesgo algo mayor. También puede presentarse en niños, aunque es menos frecuente.
Síntomas
- Dificultad repentina para respirar o sensación de ahogo sin razón aparente — llama al número de emergencias de tu país de inmediato (112 en España, 911 en México y muchos países de América Latina).
- Dolor en el pecho intenso o presión en el pecho.
- Confusión repentina, desorientación severa o pérdida del conocimiento.
- Convulsiones (sacudidas incontrolables del cuerpo).
- Disminución drástica o cese total de la orina durante varias horas.
- Hinchazón grave y repentina en todo el cuerpo acompañada de dificultad para respirar.
- ⚠Orina con sangre visible por primera vez.
- ⚠Hinchazón nueva o que empeora de forma rápida en piernas, tobillos o cara.
- ⚠Náuseas y vómitos persistentes que impiden comer o beber.
- ⚠Presión arterial muy alta acompañada de dolor de cabeza fuerte o visión borrosa.
- ⚠Signos de infección urinaria: ardor al orinar, fiebre, escalofríos y dolor en la espalda baja.
- ⚠Cansancio extremo repentino o mucho peor que de costumbre.
Síntomas comunes
- Cansancio o fatiga inusual, sensación de agotamiento sin razón clara.
- Hinchazón (edema) en los pies, tobillos, piernas o alrededor de los ojos, causada por la acumulación de líquidos.
- Ganas de orinar con más o menos frecuencia de lo habitual, especialmente por la noche.
- Orina espumosa o con burbujas, lo que puede indicar presencia de proteínas que no deberían estar allí.
- Orina de color marrón oscuro, rojizo o con sangre visible.
- Picazón generalizada en la piel, difícil de calmar.
- Falta de apetito, náuseas o sensación de malestar estomacal.
- Dificultad para concentrarse o 'mente nublada'.
- Presión arterial alta que es difícil de controlar.
- Calambres musculares, especialmente en las piernas.
- Piel seca, pálida o de tono amarillento.
Síntomas en niños
- Crecimiento más lento de lo esperado para su edad.
- Cansancio excesivo y poca energía para jugar o hacer actividades del día a día.
- Hinchazón alrededor de los ojos, especialmente al despertar.
- Pérdida del apetito o dificultad para alimentarse bien.
- Dolores de cabeza frecuentes.
- Problemas para concentrarse en la escuela.
- Orina de color oscuro o con espuma.
- En bebés: irritabilidad, vómitos frecuentes y dificultad para ganar peso.
Síntomas en adultos mayores
- Confusión o dificultad para pensar con claridad, que a veces se confunde con otros problemas propios de la edad.
- Fatiga extrema que limita las actividades cotidianas.
- Pérdida de apetito y pérdida de peso sin causa aparente.
- Hinchazón en las piernas que puede dificultar caminar.
- Mayor sensibilidad a los medicamentos, ya que los riñones dañados no los procesan igual.
- Calambres y debilidad muscular más pronunciados.
Causas
Causas principales
- Diabetes (tanto tipo 1 como tipo 2): el nivel elevado de azúcar en sangre daña los pequeños vasos sanguíneos dentro de los riñones con el tiempo. Es la causa más frecuente de ERC en el mundo.
- Presión arterial alta (hipertensión): la sangre que fluye con demasiada fuerza puede dañar los vasos que irrigan los riñones, debilitando su capacidad de filtrado.
- Enfermedades de los glomérulos (glomerulonefritis): los glomérulos son pequeños filtros dentro del riñón; cuando se inflaman o dañan por causas autoinmunes u otras, el riñón pierde su función.
- Enfermedad renal poliquística: una condición hereditaria en la que se forman muchos quistes (bolsas llenas de líquido) dentro del riñón, comprimiéndolo y dañándolo.
- Infecciones urinarias recurrentes o crónicas que no se tratan a tiempo y afectan al tejido renal.
- Obstrucciones del tracto urinario (como cálculos renales, problemas de próstata o malformaciones) que impiden el flujo normal de orina y causan daño renal.
- Lupus u otras enfermedades autoinmunes que atacan al riñón.
- Uso prolongado o excesivo de ciertos medicamentos y analgésicos que pueden dañar el riñón con el tiempo.
- Daño renal agudo (insuficiencia renal repentina) que no se recupera por completo.
Factores de riesgo
- Tener diabetes o presión arterial alta, ya sea bien o mal controladas.
- Antecedentes familiares de enfermedad renal.
- Tener más de 60 años.
- Ser de descendencia africana, latinoamericana, indígena o del sudeste asiático.
- Haber nacido prematuro o con bajo peso, lo que puede resultar en riñones con menos unidades de filtrado.
- Obesidad o sobrepeso.
- Tabaquismo (fumar).
- Consumo elevado de alcohol.
- Haber tenido episodios de daño renal agudo en el pasado.
- Enfermedades cardiovasculares (del corazón y los vasos sanguíneos).
- Exposición frecuente a ciertos tóxicos ambientales o laborales.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si notas hinchazón nueva en piernas, pies o cara que no tenías antes.
- Si tu orina tiene un color inusual: roja, marrón oscura o muy espumosa.
- Si tienes fiebre con dolor en la espalda baja o al orinar, lo que podría indicar una infección.
- Si tu presión arterial sube de forma importante y no baja con tu tratamiento habitual.
- Si sientes mucho cansancio, náuseas o confusión mental que no mejora.
Programe una cita de rutina si:
- Si tienes diabetes o hipertensión y no te han hecho análisis de riñón en el último año.
- Si algún familiar cercano ha tenido enfermedad renal o trasplante de riñón.
- Si tienes síntomas leves que no te preocupan urgentemente pero persisten, como cansancio, picazón o cambios en la orina.
- Para una revisión de rutina si tienes más de 60 años y uno o más factores de riesgo.
- Si te diagnosticaron ERC hace tiempo y quieres revisar si necesitas ajustar tu seguimiento.
Diagnóstico
El médico diagnostica la enfermedad renal crónica combinando tu historia clínica (síntomas, enfermedades previas, medicamentos), una exploración física y análisis de laboratorio. Dado que la ERC frecuentemente no da síntomas en sus etapas iniciales, muchas veces se detecta de forma casual en análisis rutinarios. El diagnóstico se confirma cuando hay señales de daño renal durante al menos tres meses seguidos.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre para medir la creatinina: la creatinina es un desecho que los riñones sanos eliminan; si sube en sangre, indica que los riñones no filtran bien.
- Tasa de filtración glomerular estimada (TFGe): un cálculo que usa los niveles de creatinina, la edad y otros datos para estimar qué tan bien filtran los riñones. Clasifica la ERC en cinco etapas (G1 a G5).
- Análisis de orina (urianálisis): para buscar proteínas, sangre u otras sustancias que no deberían estar en la orina.
- Cociente albúmina-creatinina en orina: mide la cantidad de albúmina (una proteína) que se pierde por la orina, lo que es una señal sensible de daño renal temprano.
- Análisis de electrolitos en sangre: para revisar los niveles de potasio, sodio, bicarbonato y otros minerales que los riñones regulan.
- Hemograma completo: los riñones dañados producen menos de una hormona llamada eritropoyetina, lo que puede causar anemia (pocas células rojas en la sangre).
- Ecografía renal (ultrasonido): una imagen por sonido que permite ver el tamaño, forma y estructura de los riñones sin radiación.
- En algunos casos, una biopsia renal: se toma una pequeña muestra del tejido del riñón para examinarla al microscopio y conocer la causa exacta del daño.
Qué esperar en su cita
La primera consulta con el médico incluirá preguntas sobre tus síntomas, tu historial de salud y tus antecedentes familiares. Luego te pedirán análisis de sangre y orina. Si los resultados son anormales, puede que te deriven a un especialista en riñones llamado nefrólogo. Este especialista evaluará en qué etapa se encuentra la enfermedad y diseñará un plan de seguimiento y tratamiento personalizado. No es un proceso doloroso ni alarmante: es una serie de pasos ordenados para entender bien tu situación y actuar de la mejor forma posible.
Tratamiento
No existe una cura definitiva para la enfermedad renal crónica en la mayoría de los casos, pero sí es posible frenar su avance, controlar los síntomas y mantener una buena calidad de vida. El tratamiento se adapta a la etapa de la enfermedad y a las causas que la originaron. El objetivo principal es proteger los riñones del mayor daño posible y controlar las condiciones que contribuyen al problema, como la diabetes y la hipertensión.
Autocuidado en el hogar
- Controlar la presión arterial de acuerdo con las recomendaciones del médico, ya que mantenerla en un rango saludable es una de las formas más eficaces de proteger los riñones.
- Controlar los niveles de azúcar en sangre si tienes diabetes, siguiendo el plan de tu médico.
- Evitar los medicamentos antiinflamatorios (como los que se usan para el dolor o la fiebre) sin consultar primero al médico, ya que algunos pueden dañar los riñones.
- No automedicarse ni tomar suplementos sin consultarlo con el nefrólogo, ya que algunos pueden ser perjudiciales para los riñones.
- Dejar de fumar: el tabaco acelera el daño renal y aumenta el riesgo cardiovascular.
- Limitar el consumo de alcohol.
- Beber la cantidad de líquidos que el médico recomiende: ni demasiado ni muy poco, según tu etapa de la enfermedad.
- Acudir a todas las citas médicas y hacerse los análisis de seguimiento con regularidad.
- Conocer los valores de tu TFGe y albuminuria para entender cómo evoluciona tu enfermedad.
Tratamientos médicos
El tratamiento médico de la ERC depende de la etapa y las causas. El médico puede indicar medicamentos para controlar la presión arterial y proteger los riñones al mismo tiempo, otros para controlar el azúcar en sangre en personas con diabetes, y otros que ayudan a reducir la pérdida de proteínas por la orina. También puede ser necesario tratar la anemia (falta de glóbulos rojos), el exceso de fósforo o potasio en sangre, o la acumulación de líquidos. En etapas más avanzadas (etapa 5 o insuficiencia renal terminal), cuando los riñones ya no pueden mantener la vida, existen dos opciones principales: la diálisis y el trasplante renal. La diálisis es un procedimiento que limpia la sangre de forma artificial, ya sea a través de una máquina (hemodiálisis) o usando la cavidad abdominal (diálisis peritoneal). El trasplante renal consiste en recibir un riñón sano de un donante, ya sea vivo o fallecido. El nefrólogo explicará cuál opción es la más adecuada según la situación individual de cada paciente.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía más importante relacionada con la ERC es el trasplante renal, que se realiza cuando los riñones han perdido casi toda su función y la diálisis ya no es suficiente o el paciente es candidato adecuado. También puede ser necesaria una intervención para colocar un acceso vascular (una conexión en el brazo o el cuello) para poder hacer la hemodiálisis, o para instalar un catéter en el abdomen para la diálisis peritoneal. Tu equipo médico evaluará si alguna de estas opciones es la más adecuada para ti y te explicará el proceso con detalle.
Vivir con esta afección
Vivir con enfermedad renal crónica implica aprender a conocer tu cuerpo, adaptarte a algunos cambios en la rutina y trabajar de la mano con tu equipo de salud. Muchas personas con ERC llevan una vida plena y activa, especialmente cuando la enfermedad se detecta y se maneja a tiempo. El seguimiento regular con el nefrólogo, la dieta y los cambios en el estilo de vida se convierten en parte del día a día, igual que otras rutinas de cuidado personal. No significa que la vida tenga que detenerse, sino que requiere un poco más de atención y planificación.
Consejos de estilo de vida
- Hacer actividad física regularmente, en la medida en que el médico lo indique: caminar, nadar o hacer ejercicios suaves puede mejorar la presión arterial, el ánimo y la salud en general.
- Mantener un peso saludable para reducir la carga sobre los riñones y el corazón.
- Dejar de fumar o buscar ayuda para hacerlo: es uno de los cambios más importantes que puedes hacer.
- Reducir el consumo de alcohol.
- Dormir bien y manejar el estrés, ya que el estrés crónico puede afectar la presión arterial.
- Planificar las comidas teniendo en cuenta las recomendaciones del nutricionista o del nefrólogo.
- Informar a todos los médicos que te atiendan (dentista, ginecólogo, etc.) que tienes ERC para que adapten su tratamiento.
- Llevar un registro de tus valores de presión arterial, azúcar (si tienes diabetes) y resultados de análisis para compartirlos con tu médico.
Dieta y ejercicio
La alimentación juega un papel muy importante en el manejo de la ERC. En las etapas tempranas, los cambios pueden ser pequeños: reducir la sal para ayudar a controlar la presión arterial, limitar los alimentos muy procesados y comer de forma equilibrada. En etapas más avanzadas, es posible que el médico o nutricionista te pida limitar el consumo de potasio (presente en frutas como el plátano, el aguacate y las papas), fósforo (en productos lácteos, refrescos oscuros y nueces) y proteínas en exceso. Estas restricciones varían mucho de una persona a otra, por eso es importante recibir orientación personalizada de un nutricionista especializado en enfermedades renales. En cuanto al ejercicio, moverse regularmente es beneficioso para casi todos los pacientes con ERC: mejora el estado del corazón, ayuda a controlar la presión arterial y el azúcar, y eleva el ánimo. Consulta con tu médico qué tipo e intensidad de actividad es la más adecuada para ti.
Salud mental y bienestar emocional
Vivir con una enfermedad crónica como la ERC puede generar preocupación, tristeza, frustración o ansiedad, y eso es completamente comprensible. Adaptarse a cambios en la dieta, el ritmo de vida o a tratamientos como la diálisis puede ser emocionalmente exigente. No estás solo o sola. Si sientes que el peso emocional es demasiado, habla con tu médico: el apoyo psicológico es una parte válida e importante del tratamiento. Si en algún momento sientes que no puedes más o tienes pensamientos de hacerte daño, comunícate de inmediato con una línea de crisis o acude a urgencias. En España puedes llamar al Teléfono de la Esperanza: 717 003 717. En muchos países de América Latina existen líneas similares de apoyo emocional gratuitas.
Prevención
No siempre es posible prevenir la ERC por completo, especialmente cuando se debe a factores hereditarios o a condiciones que no se pueden controlar. Sin embargo, hay mucho que puedes hacer para reducir el riesgo o frenar su avance si ya tienes factores de riesgo. Controlar bien la diabetes y la hipertensión es la estrategia más poderosa de todas. Llevar un estilo de vida saludable —sin fumar, con actividad física regular, una dieta equilibrada y un peso saludable— también protege los riñones. Además, evitar el uso innecesario de medicamentos que pueden dañarlos y hacerse análisis de control periódicos si tienes factores de riesgo son medidas muy eficaces de prevención.
Vacunas
Las personas con enfermedad renal crónica tienen un sistema inmunológico más vulnerable y un mayor riesgo de complicaciones por ciertas infecciones. Por eso, mantener el calendario de vacunación al día es especialmente importante. Consulta con tu médico qué vacunas son recomendables en tu caso, incluyendo las de la gripe, la hepatitis B y otras según tu situación. Las vacunas disponibles y recomendadas pueden variar según el país.
Programas de detección
Si tienes diabetes, hipertensión, antecedentes familiares de enfermedad renal o más de 60 años, pregunta a tu médico si deberías hacerte análisis de función renal de forma regular, aunque no tengas síntomas. Un análisis de sangre y un análisis de orina sencillos pueden detectar la ERC en sus etapas más tempranas, cuando el tratamiento es más efectivo. La detección temprana marca una gran diferencia en el pronóstico.
Complicaciones
Si no se trata
- Anemia (falta de glóbulos rojos en la sangre), que causa cansancio extremo y palidez.
- Enfermedad ósea renal: los riñones dañados no procesan bien el calcio y el fósforo, lo que debilita los huesos y aumenta el riesgo de fracturas.
- Acumulación de líquidos en el cuerpo, que puede causar hinchazón severa y problemas respiratorios.
- Enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos: la ERC aumenta significativamente el riesgo de infarto, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular.
- Daño en los nervios (neuropatía) que puede causar hormigueo, dolor o debilidad en las extremidades.
- Problemas con el sistema nervioso, incluyendo dificultad para pensar y concentrarse.
- Mayor susceptibilidad a infecciones.
- Insuficiencia renal terminal (etapa 5): cuando los riñones pierden casi toda su función y se necesita diálisis o trasplante para sobrevivir.
- Complicaciones en el embarazo en mujeres con ERC no controlada.
Pronóstico a largo plazo
El pronóstico de la enfermedad renal crónica ha mejorado mucho en las últimas décadas gracias a mejores tratamientos, mayor conocimiento y detección más temprana. Muchas personas con ERC en etapas iniciales o intermedias viven durante décadas con buena calidad de vida si siguen su plan de tratamiento. Incluso las personas que llegan a la insuficiencia renal terminal tienen opciones reales: la diálisis permite mantener la vida y el trasplante renal ofrece la posibilidad de recuperar una función renal cercana a la normal. Lo más importante es no rendirse, mantener el seguimiento médico y recordar que no estás solo o sola en este camino. Cada pequeño paso —controlar la presión, cuidar la alimentación, dejar de fumar— suma y protege tu futuro.
Encontrar apoyo
Organizaciones internacionales
- International Society of Nephrology (ISN) — Información para pacientes ↗
- World Kidney Day — Día Mundial del Riñón ↗
- NKF (National Kidney Foundation) — Recursos en español ↗
Organizaciones locales
- Sociedad Latinoamericana de Nefrología e Hipertensión (SLANH) ↗ · América Latina
Líneas de ayuda
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Verifica siempre la información con tu médico
Las guías de salud varían según el país y la región. La información de este artículo se basa en guías clínicas internacionales, pero puede no reflejar las guías, medicamentos o prácticas específicas de su país. Siempre discuta sus preocupaciones de salud con su médico o profesional de salud, y consulte las guías nacionales locales cuando estén disponibles.
Aviso importante Esta información es solo con fines educativos. No reemplaza el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Siempre consulte a un proveedor de atención médica calificado sobre su situación específica. Si está experimentando una emergencia médica, llame a los servicios de emergencia locales de inmediato.