Sepsis
Fuentes consultadas
Este artículo es contenido original de educación para pacientes.
- NICE—Sepsis: recognition, diagnosis and early management. NG51(2016)
- NHS—Sepsis(2023)
- WHO—Sepsis fact sheet(2020)
- SSC—Surviving Sepsis Campaign International Guidelines(2021)
Basado en guías clínicas internacionales
Resumen
La sepsis es una respuesta grave del cuerpo a una infección. Normalmente, cuando tienes una infección, tu sistema inmunitario (las defensas de tu cuerpo) trabaja para combatirla en el lugar donde se produjo. Pero en la sepsis, esa respuesta se vuelve extrema y descontrolada, afectando a todo el organismo. Esto puede dañar los propios tejidos y órganos del cuerpo, como el corazón, los pulmones, los riñones y el cerebro. La sepsis es una emergencia médica y necesita atención hospitalaria urgente.
Datos clave
- La sepsis puede desarrollarse muy rápidamente, a veces en pocas horas, por lo que reconocer sus síntomas a tiempo puede salvar vidas.
- Cualquier tipo de infección puede desencadenar una sepsis: una pulmonía, una infección de orina, una herida infectada o incluso la gripe.
- Con tratamiento médico rápido, muchas personas se recuperan de la sepsis, aunque algunas pueden necesitar tiempo para volver a sentirse bien del todo.
La sepsis es más frecuente de lo que muchas personas creen. Cada año afecta a millones de personas en todo el mundo. En España y América Latina representa una de las principales causas de ingreso en las unidades de cuidados intensivos (UCI), que son las salas del hospital donde se atiende a los pacientes más graves.
Aunque cualquier persona puede desarrollar sepsis, hay grupos que tienen un riesgo más alto: los bebés y niños pequeños, las personas mayores de 65 años, quienes tienen el sistema inmunitario debilitado (por enfermedades crónicas, tratamientos médicos u otras causas), las personas con heridas o lesiones importantes, y quienes han sido operados recientemente o tienen sondas o catéteres (tubos médicos que se insertan en el cuerpo).
Síntomas
- Si aparecen manchas o puntos de color rojo oscuro, morado o negro en la piel que no desaparecen al presionarlas: llama al servicio de emergencias de inmediato (112 en España; en América Latina consulta el número de tu país, como el 911 en México).
- Dificultad para respirar grave o sensación de que no puede respirar.
- Pérdida de conocimiento o estado de inconsciencia.
- Confusión muy intensa o incapacidad total para comunicarse.
- Piel de color azulado, grisáceo o muy pálido junto con pulso muy rápido o débil.
- En niños: convulsiones, flacidez total del cuerpo o incapacidad para mantenerse despierto.
- ⚠Fiebre alta que no cede y se acompaña de escalofríos intensos.
- ⚠Cambio de comportamiento repentino: confusión, desorientación o letargo (somnolencia extrema).
- ⚠Sospecha de infección (herida enrojecida, tos con fiebre, dolor al orinar) junto con sensación de sentirse muy mal.
- ⚠Orina muy escasa o de color oscuro durante varias horas.
Síntomas comunes
- Fiebre alta (más de 38 °C) o, al contrario, temperatura corporal muy baja (menos de 36 °C)
- Escalofríos intensos y temblores
- Latido del corazón muy rápido (sensación de que el corazón 'se dispara')
- Respiración rápida o sensación de falta de aire
- Confusión, desorientación o dificultad para pensar con claridad
- Piel pálida, manchada o de color grisáceo
- Sensación de sentirse muy mal de forma repentina, como 'el peor día de mi vida'
- Poca cantidad de orina o ausencia de orina
- Náuseas, vómitos o diarrea
- Dolor o malestar intenso y difícil de explicar
Síntomas en niños
- Manchas en la piel que no desaparecen al presionarlas con un dedo (puede ser una señal de alarma muy importante)
- Fiebre alta combinada con llanto inconsolable o, al contrario, inusual quietud y somnolencia
- Dificultad para respirar o respiración muy rápida
- Piel de color azulado alrededor de los labios o en las puntas de los dedos
- El bebé o niño no quiere comer ni beber nada
- Fontanela abultada (la zona blanda en la parte superior de la cabeza en bebés)
- Convulsiones (movimientos incontrolados del cuerpo)
Síntomas en adultos mayores
- Confusión o desorientación repentina, incluso sin fiebre
- Sensación de mareo o debilidad extrema
- Caídas inexplicables
- Piel fría, húmeda o de aspecto apagado
- Disminución importante de la orina
- En algunos casos, la temperatura puede no subir mucho aunque haya infección
Causas
Causas principales
- Infecciones bacterianas (causadas por bacterias): son la causa más frecuente. Pueden tener origen en los pulmones (pulmonía), el aparato urinario (infección de orina o riñón), el abdomen (peritonitis, que es una infección del interior del vientre) o la piel.
- Infecciones víricas (causadas por virus): como la gripe grave o el COVID-19.
- Infecciones fúngicas (causadas por hongos): más frecuentes en personas con el sistema inmunitario debilitado.
- Infecciones en heridas quirúrgicas o traumáticas.
- Infecciones asociadas a dispositivos médicos como catéteres (tubos que se insertan en venas o en la vejiga).
Factores de riesgo
- Edad: bebés menores de un año y personas mayores de 65 años tienen mayor riesgo.
- Sistema inmunitario debilitado: por enfermedades como el VIH, tratamientos como la quimioterapia, o el uso prolongado de ciertos medicamentos.
- Enfermedades crónicas: diabetes, enfermedad renal, enfermedades del pulmón o del hígado.
- Hospitalización reciente o cirugía reciente.
- Uso de catéteres o sondas médicas.
- Heridas graves, quemaduras o traumatismos.
- Embarazo o periodo reciente tras el parto.
- Desnutrición o condiciones de salud que debiliten el organismo en general.
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si tienes una infección conocida y de repente te sientes mucho peor de lo esperado.
- Si aparece confusión, desorientación o dificultad para pensar con claridad.
- Si la fiebre es muy alta y no responde a las medidas habituales.
- Si orinas muy poco o nada durante varias horas.
- Si el corazón late muy rápido o tienes dificultad para respirar.
Programe una cita de rutina si:
- Si has tenido una infección reciente y te has recuperado, pero sigues sintiéndote cansado o no del todo bien semanas después.
- Si quieres hablar con tu médico sobre cómo prevenir infecciones o sobre las vacunas recomendadas para tu situación.
Diagnóstico
Los médicos diagnostican la sepsis basándose en una combinación de síntomas, exploración física y resultados de pruebas. No existe una única prueba que por sí sola confirme la sepsis; el equipo médico evalúa toda la información disponible de forma rápida, porque el tiempo es crucial. También buscan identificar la fuente de la infección, es decir, de dónde viene el germen que la ha desencadenado.
Pruebas que se pueden realizar
- Análisis de sangre: para medir signos de infección, inflamación (que es la respuesta del cuerpo al daño) y para ver cómo están funcionando órganos como el riñón, el hígado y el corazón.
- Cultivos: se toman muestras de sangre, orina u otros fluidos del cuerpo para identificar qué tipo de germen está causando la infección.
- Pruebas de imagen: como una radiografía de tórax (pecho), una ecografía (imagen por ultrasonido) o un escáner (tomografía computarizada, que hace imágenes detalladas del interior del cuerpo) para localizar la fuente de la infección.
- Análisis de orina: para detectar infecciones en el aparato urinario.
- Medición del nivel de oxígeno en la sangre y monitorización del ritmo cardíaco y la presión arterial.
Qué esperar en su cita
Si los médicos sospechan sepsis, actuarán con mucha rapidez. Es posible que te lleven directamente a una zona de urgencias especial o a la UCI. Se te colocará una vía intravenosa (un tubo fino en una vena del brazo) para administrar líquidos y medicamentos. El equipo médico estará pendiente de tus constantes vitales (temperatura, presión arterial, oxígeno, ritmo del corazón) de forma continua. Todo puede parecer muy intenso, pero cada acción tiene un propósito: estabilizarte lo antes posible.
Tratamiento
El tratamiento de la sepsis es urgente y se realiza siempre en el hospital, habitualmente en la UCI o en una unidad de cuidados especiales. El objetivo principal es combatir la infección, apoyar al cuerpo mientras se recupera y evitar que los órganos fallen. Cuanto antes empiece el tratamiento, mejores son las posibilidades de recuperación.
Autocuidado en el hogar
- En el hospital, lo más importante es colaborar con el equipo médico y seguir sus instrucciones.
- Informar a los médicos y enfermeras de cualquier cambio en cómo te sientes: más dolor, más confusión, dificultad para respirar.
- Permitir que familiares o personas de confianza estén informados y puedan apoyarte emocionalmente.
- Después del alta hospitalaria: descansar lo que el cuerpo necesite, ya que la recuperación puede llevar semanas o meses.
- Seguir estrictamente las instrucciones de los profesionales de salud al salir del hospital, incluyendo las visitas de seguimiento.
- Informar a tu médico de cabecera de que has tenido sepsis para que pueda hacer un seguimiento adecuado de tu recuperación.
Tratamientos médicos
El tratamiento médico de la sepsis incluye varias estrategias que se ponen en marcha de forma simultánea. En primer lugar, se administran antibióticos (o antifúngicos si la infección es por hongos) directamente en la vena para combatir el germen causante, y esto se hace lo antes posible. También se administran líquidos intravenosos para mantener la presión arterial y la circulación. Si la presión arterial sigue siendo muy baja, se pueden usar medicamentos especiales para apoyar el corazón y los vasos sanguíneos. Cuando el nivel de oxígeno baja, se proporciona oxígeno suplementario, y en casos graves puede ser necesario conectar al paciente a un respirador (máquina que ayuda a respirar). Se monitoriza constantemente el funcionamiento de todos los órganos importantes y se actúa sobre cualquier problema que vaya surgiendo. En algunos casos, si hay un foco de infección que puede tratarse (como un absceso, que es una bolsa de pus), puede ser necesaria una intervención adicional.
¿Cuándo se considera la cirugía?
En algunos casos puede ser necesaria una intervención quirúrgica si la fuente de la infección es un foco que no puede tratarse solo con medicamentos. Por ejemplo, si hay un absceso (acumulación de pus) que necesita ser drenado (vaciado), tejido gravemente infectado que debe ser eliminado, o una perforación en algún órgano interno. Esta decisión siempre la toma el equipo médico evaluando cada caso de forma individual.
Vivir con esta afección
Recuperarse de la sepsis puede llevar tiempo, y eso es completamente normal. Muchas personas que han tenido sepsis experimentan lo que se llama el 'síndrome post-sepsis': una serie de síntomas que pueden persistir semanas o meses después del alta hospitalaria. Estos incluyen cansancio extremo, dificultad para concentrarse o recordar cosas (a veces llamado 'niebla mental'), dolor muscular o articular, y cambios en el estado de ánimo. No estás solo: estos efectos son reconocidos y hay apoyo disponible para ayudarte a superar esta etapa.
Consejos de estilo de vida
- Descansa tanto como tu cuerpo necesite, especialmente en las primeras semanas tras el alta.
- Retoma las actividades del día a día de forma gradual y sin forzarte.
- Acepta la ayuda de familiares y amigos para las tareas cotidianas mientras te recuperas.
- Mantén todas tus citas de seguimiento con los médicos y enfermeras.
- Evita el tabaco y el alcohol durante la recuperación, ya que dificultan la curación.
- Informa a todos tus médicos de que has pasado una sepsis, incluso en consultas futuras.
Dieta y ejercicio
Una alimentación equilibrada y nutritiva ayuda al cuerpo a recuperarse. Intenta comer alimentos variados: frutas, verduras, proteínas (carne, pescado, legumbres, huevos) y carbohidratos de calidad. Si tienes poco apetito al principio, come pequeñas cantidades con más frecuencia. Bebe suficiente agua. En cuanto al ejercicio, empieza poco a poco: dar un paseo corto puede ser un gran primer paso. A medida que te encuentres mejor, ve aumentando la actividad físicamente de forma gradual. Tu médico o un fisioterapeuta (especialista en rehabilitación física) pueden orientarte sobre el ritmo adecuado para ti.
Salud mental y bienestar emocional
Es muy frecuente que después de una sepsis aparezcan problemas emocionales y psicológicos. Ansiedad, depresión, pesadillas o recuerdos perturbadores de la experiencia (lo que se llama estrés postraumático) son más comunes de lo que mucha gente cree entre los supervivientes de sepsis. Estos sentimientos son una respuesta normal a una experiencia muy dura. Si los notas, habla con tu médico: hay ayuda disponible y no tienes que enfrentarlo solo. Si en algún momento sientes que no puedes más o tienes pensamientos de hacerte daño, busca apoyo de inmediato: llama a un familiar, a tu médico o a una línea de crisis de salud mental.
Prevención
No siempre es posible prevenir la sepsis, pero sí se puede reducir el riesgo. La clave está en prevenir las infecciones y en actuar rápido cuando aparecen. Algunas medidas concretas que ayudan: lavarse las manos con frecuencia y correctamente (con agua y jabón, durante al menos 20 segundos); cuidar bien las heridas, cortaduras o rasguños para evitar que se infecten; seguir las indicaciones del médico si tienes una infección y no abandonar el tratamiento antes de tiempo; acudir al médico si una infección empeora o no mejora como se esperaba.
Vacunas
Las vacunas son una herramienta muy importante para prevenir algunas de las infecciones que pueden desencadenar una sepsis. Habla con tu médico sobre qué vacunas son recomendables para ti según tu edad, tu estado de salud y los factores de riesgo que tengas. Mantener el calendario de vacunación al día es una de las formas más eficaces de protegerse.
Programas de detección
No existe una prueba de cribado (detección precoz) específica para la sepsis en personas sanas. Sin embargo, si tienes enfermedades crónicas o factores de riesgo elevados, tu médico puede programar controles más frecuentes para vigilar tu salud y detectar cualquier infección a tiempo.
Complicaciones
Si no se trata
- Shock séptico: cuando la presión arterial cae de forma peligrosa y los órganos no reciben suficiente sangre ni oxígeno. Es la complicación más grave de la sepsis.
- Fallo multiorgánico: cuando dos o más órganos importantes (riñones, pulmones, corazón, hígado) dejan de funcionar correctamente al mismo tiempo.
- Coagulación intravascular diseminada: un trastorno en el que la sangre forma pequeños coágulos por todo el cuerpo, lo que puede causar hemorragias (sangrados) graves al mismo tiempo.
- Daño permanente en órganos: si los órganos han estado privados de oxígeno durante mucho tiempo, puede quedar una lesión duradera.
- Amputación: en casos muy graves, cuando la falta de riego sanguíneo daña irreversiblemente manos, pies u otras extremidades.
- En los casos más graves, puede producirse la muerte si no se trata con urgencia.
Pronóstico a largo plazo
La sepsis es una enfermedad seria, pero muchas personas se recuperan y vuelven a llevar una vida plena. El pronóstico (cómo evoluciona la enfermedad) depende de muchos factores: la rapidez con que se inicia el tratamiento, la causa de la infección, la edad y el estado de salud previo de la persona. Los avances en el tratamiento hospitalario han mejorado mucho las posibilidades de supervivencia. Aunque la recuperación puede ser lenta y a veces complicada, con el apoyo médico, familiar y emocional adecuado, es posible recuperar la calidad de vida. Si tú o alguien de tu familia está atravesando esta experiencia, no estáis solos: hay profesionales y redes de apoyo listas para acompañaros.
Encontrar apoyo
Organizaciones internacionales
- Global Sepsis Alliance (Alianza Global contra la Sepsis) ↗
- Sepsis Alliance (recursos en inglés y español) ↗
- World Health Organization – Sepsis (Organización Mundial de la Salud) ↗
Organizaciones locales
- Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) ↗ · Argentina
Líneas de ayuda
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Verifica siempre la información con tu médico
Las guías de salud varían según el país y la región. La información de este artículo se basa en guías clínicas internacionales, pero puede no reflejar las guías, medicamentos o prácticas específicas de su país. Siempre discuta sus preocupaciones de salud con su médico o profesional de salud, y consulte las guías nacionales locales cuando estén disponibles.
Aviso importante Esta información es solo con fines educativos. No reemplaza el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Siempre consulte a un proveedor de atención médica calificado sobre su situación específica. Si está experimentando una emergencia médica, llame a los servicios de emergencia locales de inmediato.