Accidente cerebrovascular
Fuentes consultadas
Este artículo es contenido original de educación para pacientes.
- NICE—Stroke and transient ischaemic attack in over 16s. NG128(2022)
- NHS—Stroke(2023)
- WHO—Stroke fact sheet(2020)
- AHA—Stroke(2024)
Basado en guías clínicas internacionales
Resumen
Un derrame cerebral, también llamado ictus o accidente cerebrovascular, ocurre cuando el flujo de sangre hacia una parte del cerebro se interrumpe de repente. El cerebro necesita sangre constantemente para funcionar, porque la sangre le lleva oxígeno y nutrientes. Cuando ese flujo se corta —ya sea porque una arteria se bloquea o porque se rompe y sangra— las células del cerebro empiezan a dañarse en minutos. Por eso el derrame cerebral es una emergencia médica: cuanto antes se recibe atención, mayores son las posibilidades de recuperación.
Datos clave
- Existen dos tipos principales: el isquémico (cuando una arteria se obstruye, como un 'tapón') y el hemorrágico (cuando una arteria se rompe y hay sangrado en el cerebro).
- Existe también el 'mini-derrame' o AIT (accidente isquémico transitorio), en el que los síntomas duran muy poco tiempo pero son una señal de advertencia muy importante que no se debe ignorar.
- El tiempo es crítico: cada minuto cuenta. Un tratamiento rápido puede salvar vidas y reducir las secuelas (daños duraderos) de forma significativa.
El derrame cerebral es muy frecuente en todo el mundo y es una de las principales causas de muerte y discapacidad tanto en España como en América Latina. Se calcula que en España ocurren más de 100.000 casos nuevos cada año. A nivel global, una de cada cuatro personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida. Es una condición seria, pero con los avances médicos actuales muchas personas se recuperan y llevan una vida plena.
Aunque es más común en personas mayores de 55 años, el derrame cerebral puede afectar a personas de cualquier edad, incluidos jóvenes y, en casos más raros, niños. Los hombres tienen un riesgo algo mayor en ciertos grupos de edad, pero las mujeres también lo padecen con frecuencia, especialmente después de la menopausia. Las personas con ciertas condiciones de salud como presión arterial alta, diabetes o enfermedades del corazón tienen un riesgo mayor.
Síntomas
- LLAMA AL 112 (España) O AL NÚMERO DE EMERGENCIAS DE TU PAÍS DE INMEDIATO si notas cualquiera de los síntomas descritos. No esperes a ver si mejoran solos.
- Cara caída de un lado: pide a la persona que sonría. ¿Un lado de la boca queda hacia abajo?
- Brazo débil: pide a la persona que levante ambos brazos. ¿Uno cae hacia abajo?
- Habla difícil o incomprensible: pide a la persona que repita una frase sencilla. ¿No puede hacerlo o suena raro?
- Tiempo: si notas alguno de estos signos, llama a emergencias YA. Cada segundo importa.
- Pérdida repentina del conocimiento o convulsiones: llama a emergencias de inmediato.
- Dolor de cabeza brutalmente intenso y repentino, el más fuerte que hayas sentido.
- ⚠Si los síntomas aparecen y desaparecen en minutos u horas (posible AIT o mini-derrame), acude a urgencias ese mismo día aunque te sientas mejor. Es una señal de advertencia crítica.
- ⚠Confusión nueva y repentina en una persona mayor que dura menos de una hora pero que desapareció: acude a urgencias el mismo día.
Síntomas comunes
- Debilidad o entumecimiento repentino en un lado del cuerpo, especialmente en la cara, un brazo o una pierna.
- Dificultad repentina para hablar, entender lo que dicen otros, o encontrar las palabras correctas.
- Visión borrosa, doble o pérdida de visión en uno o ambos ojos, de forma súbita.
- Dolor de cabeza muy intenso y repentino, sin causa aparente, que algunas personas describen como 'el peor dolor de cabeza de su vida'.
- Mareo, pérdida del equilibrio o dificultad para caminar o coordinar los movimientos de forma repentina.
- Confusión o desorientación repentina, sin causa clara.
Síntomas en niños
- Debilidad o parálisis en un lado del cuerpo, apareciendo de forma súbita.
- Convulsiones (ataques) sin fiebre ni causa conocida.
- Dolor de cabeza intenso y repentino, especialmente si va acompañado de vómitos.
- Dificultad repentina para hablar o entender el lenguaje.
- Somnolencia extrema o pérdida del conocimiento.
- Visión doble o pérdida de visión repentina.
Síntomas en adultos mayores
- Confusión o desorientación repentina, que puede confundirse con demencia o simplemente con 'estar cansado'.
- Caídas súbitas sin causa aparente, por pérdida del equilibrio.
- Dificultad para tragar de repente.
- Cambios de comportamiento o de personalidad de forma abrupta.
- Pérdida del control de la vejiga o intestino de manera repentina.
- Síntomas que en personas mayores a veces no se reconocen como un ictus, por lo que es importante estar atentos.
Causas
Causas principales
- Derrame isquémico (el más común, representa cerca del 85% de los casos): ocurre cuando un coágulo de sangre o una placa de grasa (aterosclerosis) bloquea una arteria que lleva sangre al cerebro, como un tapón en una tubería.
- Derrame hemorrágico: ocurre cuando una arteria en el cerebro se rompe y la sangre se derrama en el tejido cerebral, dañándolo directamente y creando presión.
- AIT o accidente isquémico transitorio ('mini-derrame'): es como un derrame isquémico pero el bloqueo es temporal y breve. No causa daño permanente, pero es una advertencia seria de que puede ocurrir un derrame mayor.
- Embolia cerebral: un coágulo que se forma en otra parte del cuerpo (como el corazón) viaja por la sangre hasta llegar al cerebro y obstruir una arteria.
- Trombosis cerebral: un coágulo que se forma directamente en una arteria del cerebro, generalmente en una zona ya dañada por aterosclerosis (endurecimiento de las arterias).
Factores de riesgo
- Presión arterial alta (hipertensión): es el factor de riesgo más importante y modificable.
- Diabetes mellitus: el azúcar elevada en sangre daña los vasos sanguíneos con el tiempo.
- Colesterol alto y aterosclerosis (acumulación de grasa en las arterias).
- Enfermedades del corazón, especialmente la fibrilación auricular (un ritmo cardíaco irregular que favorece la formación de coágulos).
- Fumar cigarrillos o usar tabaco en cualquier forma.
- Consumo excesivo de alcohol.
- Obesidad y sedentarismo (falta de actividad física).
- Edad avanzada (el riesgo aumenta con los años, especialmente después de los 55).
- Antecedentes familiares de derrame cerebral o enfermedad cardiovascular.
- Haber tenido un AIT o un derrame cerebral previo.
- Ciertos trastornos de coagulación de la sangre.
- Estrés crónico y falta de sueño.
- Apnea del sueño (pausas en la respiración durante el sueño) no tratada.
- En mujeres: migraña con aura, uso de ciertos anticonceptivos hormonales, embarazo y período posparto (especialmente con presión alta).
Cuándo consultar a un médico
Consulte a un médico de inmediato si:
- Si tú o alguien a tu lado presenta cualquier síntoma de derrame cerebral, aunque sea leve o dure solo unos minutos, llama a emergencias de inmediato o ve a urgencias sin demora.
- Si ya tuviste un AIT (mini-derrame), consulta a tu médico o ve a urgencias ese mismo día, incluso si los síntomas desaparecieron. Necesitas evaluación urgente para prevenir un derrame mayor.
- Si tienes presión arterial muy alta y te sientes extraño, con dolor de cabeza fuerte o visión borrosa, busca atención médica urgente ese día.
Programe una cita de rutina si:
- Si tienes factores de riesgo conocidos (presión alta, diabetes, colesterol elevado, fibrilación auricular), mantén tus citas regulares con tu médico para controlarlos.
- Si tienes antecedentes familiares de ictus, coméntalo con tu médico para evaluar tu riesgo personal.
- Si notas que tus cifras de presión arterial están constantemente altas cuando te las mides en casa, agenda una consulta.
- Si estás pensando en cambiar tu estilo de vida para reducir el riesgo (dejar de fumar, mejorar la alimentación, etc.), tu médico puede orientarte.
Diagnóstico
Para diagnosticar un derrame cerebral, el médico hará primero una exploración física completa: revisará tus reflejos, fuerza muscular, habla, visión, coordinación y nivel de conciencia. También te preguntará sobre el momento exacto en que empezaron los síntomas, lo que es muy importante para decidir el tratamiento. El diagnóstico se confirma principalmente con pruebas de imagen del cerebro, que permiten ver si hay un bloqueo, un sangrado o alguna otra anomalía.
Pruebas que se pueden realizar
- Tomografía computarizada (TC o escáner) del cerebro: es generalmente la primera prueba que se hace. Permite ver rápidamente si hay sangrado en el cerebro.
- Resonancia magnética (RM) del cerebro: da imágenes más detalladas del tejido cerebral y es muy útil para detectar derrames isquémicos, especialmente en las primeras horas.
- Angiografía cerebral (por TC, RM o por catéter): permite ver el estado de las arterias del cerebro y detectar bloqueos, estrecheces o malformaciones vasculares.
- Electrocardiograma (ECG): para evaluar el ritmo del corazón y detectar, por ejemplo, fibrilación auricular.
- Análisis de sangre: para evaluar la coagulación, el nivel de azúcar, el colesterol y otros parámetros generales.
- Ecografía Doppler de las arterias del cuello (carótidas): para ver si hay estrechamiento en estas arterias que llevan sangre al cerebro.
- Ecocardiograma (ecografía del corazón): para buscar fuentes de coágulos que puedan viajar al cerebro.
Qué esperar en su cita
Si llegas a urgencias con síntomas de derrame cerebral, el equipo médico actuará muy rápido. Te llevarán a hacerte pruebas de imagen casi de inmediato, sin necesidad de esperar en fila como en una visita normal. El objetivo es confirmar el diagnóstico y comenzar el tratamiento lo antes posible. Es normal sentir miedo o confusión en ese momento; el personal sanitario estará contigo en todo momento para explicarte lo que hacen y para apoyarte.
Tratamiento
El tratamiento de un derrame cerebral depende del tipo que sea (isquémico o hemorrágico) y de cuánto tiempo ha pasado desde que comenzaron los síntomas. En el derrame isquémico, el objetivo principal es restaurar el flujo de sangre al cerebro lo antes posible. En el derrame hemorrágico, el objetivo es detener el sangrado y reducir la presión en el cerebro. Después de la fase aguda (los primeros días), comienza la etapa de rehabilitación, que es fundamental para recuperar las funciones que se hayan visto afectadas.
Autocuidado en el hogar
- Si sospechas un derrame en ti mismo o en otra persona, llama a emergencias de inmediato. No conduzcas tú mismo al hospital.
- Mientras esperas la ambulancia, mantén a la persona tranquila y recostada, preferiblemente de lado si tiene vómitos, para evitar atragantamiento.
- No le des nada de comer ni beber a la persona afectada.
- Anota la hora exacta en que comenzaron los síntomas: esta información es vital para el médico.
- Si la persona está consciente, intenta mantenerla calmada y acompañada.
- No le des medicamentos por tu cuenta, aunque sean de venta libre.
- Durante la recuperación: sigue fielmente el plan de rehabilitación que te indique tu equipo de salud.
- Toma todos los medicamentos que te recete tu médico y nunca los dejes sin consultarle primero.
- Mantén un registro de tu presión arterial si tu médico te lo recomienda.
Tratamientos médicos
En el derrame isquémico, si se llega al hospital a tiempo, los médicos pueden usar tratamientos para disolver o eliminar el coágulo que está bloqueando la arteria. Uno de estos tratamientos consiste en administrar un medicamento por vía intravenosa (en vena) que disuelve el coágulo; este solo puede usarse en una ventana de tiempo muy estrecha desde el inicio de los síntomas, por lo que la rapidez es esencial. Otro tratamiento, llamado trombectomía mecánica, consiste en introducir un pequeño dispositivo por dentro de las arterias para extraer el coágulo directamente. Tras el tratamiento inicial, se usan medicamentos para prevenir nuevos coágulos y controlar los factores de riesgo como la presión arterial o el colesterol. En el derrame hemorrágico, el tratamiento puede incluir medicamentos para controlar la presión en el cerebro, corregir problemas de coagulación y, en algunos casos, una intervención para detener el sangrado. La rehabilitación es una parte esencial del tratamiento: fisioterapia para recuperar la movilidad, logopedia (terapia del habla) para mejorar la comunicación y la deglución, y terapia ocupacional para recuperar la independencia en las actividades del día a día.
¿Cuándo se considera la cirugía?
En algunos casos de derrame hemorrágico, o cuando hay una malformación vascular (como un aneurisma, que es una dilatación anormal en una arteria del cerebro), puede ser necesaria una cirugía para detener el sangrado, drenar la sangre acumulada o tratar la malformación. También puede realizarse un procedimiento quirúrgico o mínimamente invasivo para desbloquear arterias del cuello muy estrechas que aumentan el riesgo de futuros derrames. Tu equipo médico te explicará si alguna de estas opciones es adecuada para ti.
Vivir con esta afección
Vivir después de un derrame cerebral es un camino diferente para cada persona. Algunas personas se recuperan casi por completo en semanas o meses; otras tienen secuelas (efectos duraderos) que requieren adaptaciones en la vida cotidiana. Las secuelas más frecuentes incluyen dificultades para moverse, hablar, recordar cosas o manejar las emociones. Con el tiempo, la constancia en la rehabilitación y el apoyo de familia y amigos marcan una gran diferencia. El cerebro tiene una capacidad increíble de adaptarse y compensar el daño —a esto se le llama neuroplasticidad— y muchas personas mejoran mucho más de lo que esperaban.
Consejos de estilo de vida
- Sigue el plan de rehabilitación al pie de la letra: la fisioterapia, la logopedia y la terapia ocupacional son fundamentales para recuperar funciones.
- Controla de forma regular tu presión arterial, azúcar en sangre y colesterol, siguiendo las indicaciones de tu médico.
- Deja de fumar si fumas: es uno de los cambios más importantes que puedes hacer para proteger tu cerebro y tu corazón.
- Limita el consumo de alcohol o evítalo completamente si tu médico te lo recomienda.
- Duerme bien: el descanso es clave para la recuperación del cerebro.
- Mantente activo de forma gradual y según lo que tu médico o fisioterapeuta te indique: el movimiento ayuda a la recuperación.
- Pide ayuda cuando la necesites. Aceptar apoyo no es una debilidad, es inteligencia.
- Adapta tu hogar si es necesario para prevenir caídas: barras de apoyo en el baño, suelos antideslizantes, buena iluminación.
- Conduce solo cuando tu médico te lo autorice, ya que el derrame puede afectar los reflejos y la atención.
Dieta y ejercicio
Una alimentación saludable es muy importante tanto para recuperarse como para prevenir un nuevo derrame. Se recomienda una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y pescado, y baja en sal, grasas saturadas (las de la carne roja y los embutidos, por ejemplo) y azúcares añadidos. La dieta mediterránea, tan arraigada en España y partes de América Latina, es un muy buen modelo a seguir. En cuanto al ejercicio, lo ideal es retomarlo de forma gradual y bajo supervisión de tu equipo de rehabilitación. Al principio puede ser simplemente caminar unos pocos minutos al día; poco a poco, según tu evolución, podrás ir aumentando la actividad. El objetivo no es correr una maratón, sino mantenerse activo de forma constante y adaptada a tus posibilidades.
Salud mental y bienestar emocional
Es completamente normal sentir tristeza, ansiedad, miedo, frustración o incluso ira después de un derrame cerebral. Estos sentimientos pueden surgir tanto por el impacto emocional de lo vivido como por los cambios en el cerebro causados por el derrame. La depresión después de un ictus es muy frecuente y tiene tratamiento. No tienes que enfrentarte a eso solo. Si te sientes muy triste, sin ganas de nada, irritable o ansioso de forma persistente, cuéntaselo a tu médico. También puede ser de gran ayuda hablar con un psicólogo. Si en algún momento tienes pensamientos de hacerte daño, busca ayuda de inmediato: llama a una línea de crisis o ve a urgencias. Recuerda que pedir ayuda emocional es un acto de valentía y cuidado hacia ti mismo.
Prevención
Una gran parte de los derrames cerebrales se pueden prevenir, lo cual es una noticia muy esperanzadora. Los expertos estiman que hasta el 80% de los ictus podrían evitarse con cambios en el estilo de vida y un buen control de los factores de riesgo. Las medidas más efectivas incluyen: controlar la presión arterial (es el factor número uno), no fumar, hacer ejercicio regularmente, mantener un peso saludable, controlar la diabetes y el colesterol, limitar el consumo de alcohol, y tratar enfermedades del corazón como la fibrilación auricular. Si ya has tenido un derrame o un AIT, seguir el tratamiento prescrito y los cambios de estilo de vida recomendados es fundamental para reducir el riesgo de que vuelva a ocurrir.
Programas de detección
No existe una prueba única de 'cribado' universal para el derrame cerebral en personas sin síntomas, pero hay evaluaciones muy útiles. Tu médico de cabecera puede medir regularmente tu presión arterial, analizar tu sangre para ver el colesterol y el azúcar, revisar el ritmo de tu corazón con un electrocardiograma y evaluar tu riesgo cardiovascular global. Si tienes más de 65 años o tienes factores de riesgo, se recomienda que lo hables con tu médico para establecer un plan de revisiones periódicas adaptado a ti.
Complicaciones
Si no se trata
- Daño cerebral permanente en la zona afectada por el bloqueo o el sangrado.
- Parálisis o debilidad permanente en un lado del cuerpo (hemiplegia o hemiparesia).
- Problemas del habla y del lenguaje duraderos (afasia: dificultad para hablar, leer o escribir).
- Dificultades para tragar (disfagia), lo que puede provocar neumonía por aspiración.
- Pérdida de memoria y problemas cognitivos (de pensamiento, concentración o planificación).
- Depresión y otros problemas emocionales.
- Dolor crónico en partes del cuerpo afectadas.
- Riesgo aumentado de sufrir otro derrame cerebral.
- En los casos más graves, riesgo de fallecimiento.
Pronóstico a largo plazo
El pronóstico (cómo evolucionará cada persona) varía mucho de un caso a otro y depende de factores como la gravedad del derrame, la zona del cerebro afectada y la rapidez con la que se recibió atención médica. Lo que sí sabemos es que muchas personas se recuperan de forma significativa, especialmente con una rehabilitación temprana, constante y bien planificada. El cerebro humano tiene una notable capacidad de adaptación. Hay personas que han recuperado casi todas sus funciones, y muchas otras que, aunque con algunas limitaciones, llevan vidas plenas y satisfactorias. El camino puede ser largo y a veces difícil, pero no estás solo, y con el apoyo adecuado hay razones reales para tener esperanza.
Encontrar apoyo
Organizaciones internacionales
- World Stroke Organization (Organización Mundial del Ictus) ↗
- Stroke Foundation (Fundación del Ictus - recursos internacionales en inglés y otros idiomas) ↗
- American Stroke Association (Asociación Americana del Ictus - recursos en español disponibles) ↗
Organizaciones locales
- Federación Española de Ictus (FEI) ↗ · España
- Sociedad Iberoamericana de Enfermedad Cerebrovascular (SIECV) ↗ · América Latina y España
- Sociedad Mexicana de Neurología ↗ · México
Líneas de ayuda
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Verifica siempre la información con tu médico
Las guías de salud varían según el país y la región. La información de este artículo se basa en guías clínicas internacionales, pero puede no reflejar las guías, medicamentos o prácticas específicas de su país. Siempre discuta sus preocupaciones de salud con su médico o profesional de salud, y consulte las guías nacionales locales cuando estén disponibles.
Aviso importante Esta información es solo con fines educativos. No reemplaza el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Siempre consulte a un proveedor de atención médica calificado sobre su situación específica. Si está experimentando una emergencia médica, llame a los servicios de emergencia locales de inmediato.